domingo, 1 de abril de 2012

Revista Morvoz No. 118, año II

Revista Morvoz No. 118, año II (30-3-12)


En tanto el país se desmorona en falsos oropeles, en campañas políticas, en visitas de estado, en morales estúpidas y con la ciudad abierta desde sus cimientos, todos los compañeros que nos vamos dedicando a la difusión de la imagen y la palabra, nos revolvemos con cierta furia entre tanta burla. Raro es que en el medio que nos toco deambular sigan habiendo divisiones y malos argumentos. Por fortuna no es fácil rendirnos, ni por los foros vacíos, ni por la censura y ni por los tontísimos intentos de debate generados por interpretaciones fatuas.
Procuré ignorar cada una de estas situaciones, pero me es imposible, sobre todo en el sentido de que no soy quien se rumora. Así que jamás intentaré “lucrar” con el nombre de una editorial tan mercenaria como la de los Versos de quien me deslindo con mucha dignidad, ni con las escasas ediciones que vamos teniendo; prueba de ello es que no buscamos la limosna del estado con sus feriecitas del libro. Sí, el sexo vende, pero en este caso específico no vengo por dinero. Hemos regalado libros a destajo por doquier, en que los autores y la editorial no tenemos pretensiones de riqueza y sí de difusión. Ojalá podamos hacer un pequeño eco dentro de las mentalidades en que un cuerpo desnudo les significa pecado o depravación. Caray.
 
El caso más reciente de buena vibra es el del reseñador Carlos Santibañez (del cual no sé mucho es la verdad), quien por una frase escrita por mí en el prólogo al libro C desnuda la piel de Claudia Contreras, quien nos dice (léase con voz de profeta, no importa que sea falso):
 
Revelarlo, demostrarle quién es, de modo que al atenderle, no únicamente se produce lo que dice Éric Marváz en el prólogo a la primera edición de C desnuda la piel, que “en la alcoba los amantes la van a leer mientras se tocan”, lo cual se me hace incompleto, hasta de mal gusto, como que la pone a nivel de un complemento del Viagra, o de instructivo para alcanzar una buena erección. Y no, la obra no es esto. Y esto, aunque pudiera animar a comprarla, no es cierto. Ni siquiera es cierto que sea una poeta únicamente erótica. Es posible admitir que sea esencialmente erótica. Lo que no se vale es olvidar, a guisa de ceder a la exigencia cada vez más aplastante de una visión comercial generalizada en el mundo, y que el México obediente asume con singular alegría, que el erotismo es, y ha sido siempre, cultura.
Podríamos entonces pensar que “alcoba” es una habitación que se renta por trescientos cincuenta pesos las cuatro horas joven, que “amantes” es el dúo formado por el dueño de la empresa engañando a su esposa con la empleada de más bajo nivel, que “leer” se refiere a los subtítulos de una película porno con actrices operadas, eyaculaciones de medio litro y malísimo argumento, y que ”tocan” es sinónimo de coger. Qué cosas, cuánto se puede pensar acerca de unas palabras extraídas de entre decenas de líneas. Al reseñista le jaló los ojos esa frase, esperemos que alguna vez lea el prólogo completo y nos haga otra reseña a lo que yo escriba, cuya especialidad, se ve, la tiene “entendida”. Por supuesto, ante tal sagacidad mental y creación de historias perversas, la editorial se pone a sus órdenes, ¿sabe señor Carlos? , nuestras páginas están diseñadas para potenciales como el suyo, no nos desperdicie: suéltese.
Por último le dejo una tarea a ver cómo le va a sus castos ojos. Medite profunda y lentamente, quizá con furia y rapidez pero no con menos profundidad, las siguientes palabras: envergadura, largo, ancho, amor, sexo, abertura, currículo, albergar, someter, dócil, rajada, asentaderas y ego. Suerte con su ejercicio.
Como diría el pacrecito Fray Tormentoso: Sigan mamando… pero protéjanse.


Besos y abrazos a todos y todas.

Éric Marváz

Dita R

Si usted le da click aquí: http://www.morvozmodelos.blogspot.mx/2012/03/dita-r.html, escuchará un texto maravilloso en una voz arrulladora, gracias a los buenos oficios de quien acertadamente dirige este sito: Pilar Rodríguez, sí, ella misma.
Rehago los acantilados que te resbalé, el eterno resplandor de tu labia lúbrica, de la seda lustrosa y sudorosa arqueándose bajo mi cuerpo embravecido.

¿Tú, a veces, empotras mi espanto en ti?




"Agosto", por Marváz




Bien sé cómo es ella, secreta y perversa
como un ángel del bosque, se hunde
en mi sangre, canta en la noche
como un río que corre debajo de las piedras.
Pero lo que invoca, lo que rescata,
está más allá de la piedad de sus besos,
vasto como el sueño, tormentoso
como su cuerpo lascivo.
Lo que se alcanza de sus confesiones
desnuda los deseos, súplicas, un vuelo
hacia cuerpos solares en un cielo mortal.
El viento es tibio en sus cabellos,
en su garganta herida. Todo en ella
es insomne como su latido desdeñoso,
consagrado a las grandes singladuras de Ahab.
Nunca llegará donde la esperas, en una quemadura,
en un altar demente de memorias perdidas
o aves migratorias. Nunca llegará.
Cuando trae la bebida de los náufragos.
Se escurre
entre los grandes secretos de su sueño.

Enrique Molina (Argentina)


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Ivonne Ramírez R- Proserpina
http://flavors.me/Proserpina

Clichés necesarios

Ahí se han internado, no en estas noches sino en otras cuando aún no eran lunas de octubre; en la profundidad oculta cama adentro, se sumergían en sus cuerpos con las mejillas apenas ruborizadas, sin más cobertor que sus sutiles vellosidades. Como en oleajes, se mecían armoniosamente para adaptarse en lo lúbrico, para percibirse en esencias… hasta que venían las palabras burdas rozando al oído, la agitación acrecentada y urgidos gimoteos. La tempestad se volcaba en la colcha, y ella se abandonaba de sí y se exiliaba en sus brazos. Entre el crepúsculo y la habitación, el bullicio urbano y la oscuridad que debía ser más larga.

¨Nunca volverá a ser lo de antes¨ susurró él como descubriendo el devenir, mientras ella incrédula le negaba y le abrazaba por la espalda para cerrar los ojos amándole.

Alguien contó que la recuerda sollozando, el recuerdo la astillaba hondo en el suspiro. De esa última vez a entonces, se escribieron; él acertó en llamarle. Hay quienes intuyen que otras muchas noches serán suyas y se enmañarán de piernas bajo las cobijas. Nunca sabrán cuánta verdad se atina con los años, desvelada bajo el caprichoso manto de los besos.


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Fotografías de Irving Niño
de la serie "Mi caudillo", 2010




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Poemas de Juan Beat


"Esperar. ¡Ah! ¿no son la alegría, la furia, y la tristeza sentimientos que ocupan tan sólo una insignificante fracción de nuestra vida, y vivimos todo el enorme resto esperando? Espero con desesperante ansiedad el ruido de la felicidad que llega caminando por el pasillo, pero sólo tengo el vacío. Ah, la vida es demasiado miserable. Esta realidad que a todos hace pensar ¡cuánto mejor no haber nacido! Todos pasan el día esperando inútilmente algo. Es demasiado miserable. Desearía sentir la alegría de la vida, del hombre de este mundo, creyendo que fue bueno haber nacido."

(El Sol Poniente, Osamu Dazai)


COLTRANE PLAYING TRISTESSA

Nunca parecía furioso,
no se encorvaba tanto,
ni movía mucho su pie,
su serenidad salía por el sax tenor
y se convertía en tristessa;
John Coltrane tocaba con el hígado infectado,
con heroína y litros de alcohol,
toda su sangre se esfumó un 17 de julio;
y se olvidó de los años perdidos con morfina,
de sus constantes dolores de muela,
de las bandas de donde lo "corrieron";
cerraba los ojos
y gesto tras gesto se convertía en tristessa;
su hard bop enloquecía a todos,
los entristecía
y les transmitía su "fe",
nunca la perdió,
como tampoco su soul.

RED HAIR
Para Arlette

Ella tenía el cabello rojo,
y la mirada como una hoja de afeitar,
indiferente,
bebiendo y bailando enloquecidamente,
siempre radiante
con su “red hair” color tinto.
Creí que la quería,
nunca lo supe;
me escondí tras una pose insignificante,
bebiendo y acuchillándome.
Sólo de lejos “la esperaba”,
la imaginaba a mi lado ,
con su cabello rojo tapando mi rostro;
creí que la quería,
llegué a necesitar encontrarla,
pero nunca pude con su mirada.
Ya no lleva el cabello rojo,
su mirada ya no corta,
su ausencia desespera,
su andar junto a mí
me hace olvidar el Támesis,
olvidar Pigalle,
olvidar los pubs que cuidaban mi soledad.
Ya no tiene su “cabello tinto”,
pero quiero beberla
como a un rioja español;
ya no tiene su red hair,
creo que la quiero,
y debo descubrirlo,
aunque el rojo
salpique dentro de mi acuchillado
“heart-disk”.

Del poemario Tristessa, que próximamente será publicado por Editorial Morvoz


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