lunes, 8 de agosto de 2016

Entrevista al escritor argentino Ricardo Costa, por Rolando Revagliatti

Ricardo Costa: sus respuestas y poemas
Entrevista realizada por Rolando Revagliatti
Ricardo Costa nació el 2 de diciembre de 1958 en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina, y reside en la ciudad de Neuquén, capital de la provincia homónima. Cursó la carrera de Letras en la Universidad Nacional del Comahue. Fue Director del Instituto de Formación Docente Nº 9, “Paulo Freire”, de la ciudad de Centenario, Neuquén, en el lapso 2001-2013. Entre otros reconocimientos, obtuvo el Primer Premio Fondo Nacional de las Artes 1998, el Primer Premio II Concurso Nacional de Poesía “Javier Adúriz” 2012, el Premio Internacional de Poesía “Macedonio Palomino” para obra publicada por su “Mundo crudo: Patagonia satori”, en México, 2008. Fue incluido, por ejemplo, en las antologías “Poesía neuquina de los 90” (1996), “Poetas 2” (1999),“Abrazo austral. Poesía del sur de Argentina y Chile” (2000), “InSURgentes” (2005), “Poesía en tierra”(2005), “Antología de poesía de la Patagonia” (Málaga, España, 2006), “Poesía de pensamiento”(Madrid, España, 2015). En 2007 editó el ensayo “Un referente fundacional” , y en 2011 la novela“Fauna terca”, ambos libros a través del sello El Suri Porfiado. Publicó los poemarios “Casa mordaza” (1990), “Homo dixit” (1993), “Teatro teorema” (1996), “Danza curva” (1999), “Veda negra”(2001; Tercer Premio Concurso Iberoamericano de Poesía Neruda, en Temuco, Chile, 2000), “Mundo crudo: Patagonia satori” (2005) y “Fenómeno natural” (2012). Por último, y con prólogo de Sergio De Matteo, aparece “Crónica menor (antología mezquina)” en 2015.
          1 — Te propongo algunos trazos de tu “fundación” en Buenos Aires.
          RC — De ascendencia italiana (calabresa y genovesa), nací en el límite entre los sureños barrios de Pompeya y Boedo, a ocho cuadras del histórico y ya desaparecido estadio de fútbol San Lorenzo de Almagro. Pero a los catorce años conocí el que más tarde sería mi lugar en el mundo: Neuquén. Por lo tanto, soy porteño de nacimiento y patagónico por adopción. A comienzos de los ’70, un amigo-hermano de mi viejo emigró hacia aquellas latitudes, empujado más por una opción de vida que por las posibilidades laborales que ofrecía aquella provincia. Desde entonces, los viajes a la Patagonia se hicieron frecuentes. Como consecuencia de ello, mi adolescencia fue felizmente invadida por el pulso utópico que generaba esa geografía y, desde luego, por el placer que provocaba el hecho de descubrir un mundo, otro, a través de la literatura. Vale decir que el universo que giraba en mi imaginario estaba signado por el paisaje patagónico y por los destellos de una poética reveladora.
          De todos modos, lo que decodificó en palabra escrita el lenguaje contenido en ese universo fue la experiencia amorosa. Cartas de amor y poemas rimados (cursis, muy cursis) fueron sucediéndose unos a otros; lo que motivó la búsqueda frenética de nuevos autores y de lecturas que fueran cómplices de lo que procuraba alcanzar. Luego, el golpe militar de 1976, más la traumática experiencia de padecer el servicio militar durante los años 1977 y 1978, fue lo que me decidió a dejar Buenos Aires y radicarme en la Patagonia. Tenía que huir —y debía hacerlo— del acechante terror que imperaba a manos de la junta militar. De todos modos, no pude hasta 1982, luego de la guerra de Malvinas.
          2 — Y ahora, entonces, unos trazos de ese después.
          RC — En aquellos años de reconstrucción identitaria, fundamentalmente durante la primavera democrática de los ’80, la movida cultural que fue dándose en Neuquén —mediante la conformación de grupos artísticos— ayudó a enriquecer la propia experiencia poética y a socializar lo que la palabra iba gestando en cada uno de nosotros. Hablo del grupo “Poesía en Trámite”; colectivo conformado por poetas provenientes de diversas provincias y de inmigrantes de países limítrofes, que, además de realizar recitales abiertos, funcionaba como una suerte de grupo de autoaprendizaje, debate y actualización poética. De manera que, y estimulado por un vivificante reverdecer expresivo, quise ir más allá de las posibilidades materiales que limitaba el contexto. Así, en agosto de 1988, tuve la fortuna de conocer a esa maravilla de persona que fue José Luis Mangieri, editor del legendario sello La Rosa Blindada y del también pujante Libros de Tierra Firme; ser excepcional que supo darme el estímulo final para que me consagrara al fervor por la escritura. Sucedió en el marco de un encuentro nacional que tenía por objeto celebrar la vuelta de Juan Gelman —por sólo unos días— a la Argentina. Además, el acontecimiento en cuestión permitió entablar contacto con grupos y poetas de todo el país. De allí en adelante, la comunicación con estos nuevos compañeros de ruta, los viajes y las primeras publicaciones en revistas de la época, bosquejaron los bordes de un horizonte de vida que fue afianzándose día a día. En 1990, y gracias a un premio regional, publiqué“Casa mordaza” (Libros de Tierra Firme). A éste le siguieron, en la misma editorial, “Homo dixit” y“Teatro teorema” (Premio Fundación Antorchas). Pero es con “Danza curva” que fundo los primeros registros de una voz poética propia. Como resultado de este reconocimiento, cumplo el sueño de viajar a Italia y conocer Giffone (pueblo natal de mi abuelo) y Polistena, ciudad calabresa donde en la actualidad residen tíos, primos y sobrinos. Es decir que el oculto misterio de la poesía desencadenó aquel “mito del eterno retorno”; el que, en este caso, completó a través de mi persona esa vuelta que quedó trunca en los deseos de mi abuelo.
          No obstante la ruta poética que va trazando el compromiso literario, también voy abocándome con especial atención a la formación de lectores y a la difusión del lenguaje poético en el aula. Por lo tanto, la enseñanza, la capacitación docente y el rigor de la escritura van conviviendo en una creciente labor por llevar la creación literaria a todos los ámbitos posibles. Claro que la pasión por la escritura domina las riendas de la voluntad. De hecho, lo producido va tomando identidad a través nuevas obras.
          Digo que vivo “entre la enseñanza y el aprendizaje” porque es esta fórmula la que permite embriagarme en la luz poética que ofrece el mundo. Tomarla es poder ver el comienzo de un camino que conduce al horizonte anhelado. Por ello, desde hace diez años coordino y llevo adelante el proyecto “Formar Escritores para Formar Lectores” (Taller marginal de creación literaria para docentes); placer y pasión por la enseñanza que no pierde ni un gramo de entrega motivacional, respecto de mi compromiso con la palabra. Desconozco qué nuevos desvíos o contratiempos depararán ambos horizontes, pero se trata de un camino al fin, y eso es lo que importa por el momento: intuir la primera línea de un poema para desear el resto.
          3 — El prologuista de tu antología personal destaca tu preferencia de utilizar dos palabras en los títulos de tus libros (y los títulos de los poemas que has incluido allí de tus dos últimos poemarios, también constan de dos palabras).
          RC — Sucede que siento la conjunción sustantivo-adjetivo como la fórmula ideal para interpretar una síntesis poética. Tal vez el hecho de articular dos elementos tan significativos como los elegidos, y no más de dos, sea suficiente para prestarle armonía al título de un libro. Recuerdo el impacto que me provocó “Tabla rasa”, una de las obras más bellas que creó ese exquisito poeta que fue Jorge García Sabal. Desde el título hasta cada uno de sus poemas, aquel libro gozaba de contundencia, de perfecto equilibrio. Hago mención de ello porque es la primera imagen que me viene a la mente. Pero, resumiendo, me hallo gratamente tentado a sostener ese equilibrio. Es más, acabo de terminar un nuevo poemario que lleva por título “Golpe manco”.
          4 — ¿De qué trata “Un referente fundacional”? ¿Hay algún otro libro de ensayo que preveas publicar?
          RC — “Un referente…” surge como resultado de un trabajo de investigación. En él recojo lo acontecido con las Letras neuquinas entre 1981 y 2005, debido a que, hasta ese entonces, esos veinticinco años representaban el período más fértil y productivo de la literatura local. Allí se da una transformación socio-cultural impresionante, la que devino como efecto del detonante demográfico de principios de los ‘80 y de la traumática degradación social que provocó la crisis del nuevo siglo (en particular, la tristemente recordada de 2001-2002). Durante esa etapa se manifestó, no sólo en Neuquén, sino en todas las provincias patagónicas, un vertiginoso desarrollo del capital literario, abonado en sus comienzos por un imaginario colectivo de marcada orientación utópica y fundacional, pero esencialmente motivado por un espíritu “cimarrón”; término acuñado por el poeta y periodista Gerardo Burton. Lamentablemente, ese dinámico capital literario: grupos auto gestionados, recitales abiertos, difusión radial, narradores, dramaturgos, poetas, publicaciones, nuevos sellos editoriales, espacios académicos dedicados a la producción literaria regional, gestión de encuentros y festivales, etc., no se ha transferido al campo educativo. Es decir que el eje planteado por este ensayo focaliza no sólo el despegue y crecimiento del capital literario, sino que apunta al déficit que existe en el espacio áulico, respecto de la obra producida por escritores locales.
          En cuanto a la segunda parte de tu pregunta, la respuesta es afirmativa, ya que finalicé un nuevo trabajo de investigación, el cual responde a la temática que vengo desarrollando en el plano de capacitación docente. Doy por hecho que el título es más que elocuente: “Formar escritores para formar lectores. El lenguaje poético en el aula”.
          5 — ¿Y “Fauna terca”? ¿Cómo está estructurada? ¿Hay alguna otra novela que preveas publicar? ¿Escribiste, escribís cuentos y relatos?
          RC — Si tuviese que elegir uno de los momentos más tortuosos y terribles de mi vida, a excepción de aquellos que tienen que ver con pérdidas de seres queridos, sin duda pongo de relieve el servicio militar. Padecí ese infierno entre los años 1977 y 1978. Los peores del régimen dictatorial. Una experiencia traumática, denigrante y de violencia macabra. Siempre supe que algún día escribiría sobre ello. Pero sólo pude hacerlo treinta años después; una vez que elaboré los duelos debidos y edifiqué  defensas suficientes como para poder volcar en palabras lo vivido. “Fauna terca”ofrece una mirada cruda sobre la dictadura, pero enfocada desde el interior profundo de la Patagonia. La trama concatena cincuenta años (1958-2008) de historia argentina, relatada mediante la polifonía de personajes que habitan San Agustín, el pueblo precordillerano donde transcurre la novela. Si bien no es un testimonio biográfico, sí carga con un potencial ficcional que se atiene a hechos literales de aquellos años de plomo. Una experiencia ardua, para nada libre y epifánica como podría ser la creación de un poema. Pero, con todo, la narrativa cuenta con otros tiempos y otras estrategias que también maravillan al momento de componer mundos posibles.
          Siguiendo con tu pregunta, sí, terminé la saga de esta novela, la cual lleva por título “Todos tus huesos apuntan al cielo”. Una forma de dar protagonismo a personajes secundarios de “Fauna terca”, que cargan con un potencial de vida que no podía dejar de lado y que articulan pasado y presente a través de una mirada alternativa, a la distancia de lo sucedido en los ‘70.
          Respecto de la cuentística y el relato, no, no he experimentado esos géneros. Pero no descarto nada. Habrá que ver qué cartas juega el destino. O, simplemente, la necesidad de poetizar el mundo mediante otras formas.
          6 — Hace unos diez años, en una estancia —“Los Talas”— de la provincia de Buenos Aires, establecida en 1824, en cuya biblioteca se conservan, por ejemplo, códices medievales del siglo XIII, participaste con otros poetas de un encuentro informal de lecturas.
          RC — Es así. Compartimos juntos aquella jornada, Eugenio Mandrini, Leonardo Gherner, Horacio Marino, Laura Yasán, Samuel Bossini, Jorge Boccanera, Pablo Anadón, Alejandro Archain, Emilce Strucchi, Carlos Juárez Aldazábal, Carlos Surghi, el ya fallecido poeta y periodista Roberto Díaz… Fue una experiencia riquísima, la cual espero poder repetir en un nuevo espacio rural. La complicidad que otorgan las voces, la naturaleza, la historia, las joyas bibliográficas y la sana complicidad entre poetas logra un clima y una atmósfera de comunión incomparable. Me gusta pensar que es allí donde se revela el verdadero espíritu poético. No tanto en la palabra impresa o en la lectura misma, sino en esa constelación de energía que se entrecruza entre los elementos convocados y que, al final del día, nos devuelve más luminosos, un poco más sabios y en armonía con nosotros mismos.
          7 — A la hora de escribir, ¿de qué proclividad o tendencia te cuidás mas?
          RC — Si tu pregunta refiere a la rigurosidad con que encaro la escritura, obviamente, trato de no repetirme, de no contaminarme con cadencias o giros falsos, de no caer en lugares comunes, de no adjetivar por demás y, sobre todo, de no hacerlo al margen de la sensibilidad.
          8 — ¿Coincidís con Nicanor Parra cuando afirma que Rubén Darío “fue un poeta alienado dentro de una sociedad alienada. Darío ofrecía un estupefaciente al lector. El antipoeta le arroja un balde de agua fría.”?
          RC — ¿Qué difícil es batirse con un antipoeta, no? Como tal, existe sólo uno y no hay forma de discutir principios si no es con sus mismas armas. Pero como don Nicanor es un ejemplar único, magnífico e inimitable, sería una falta de respeto arrogarse semejante atrevimiento. Perderíamos la batalla sin atenuantes. Pero claro que sí, que un oportuno baldazo de agua fría no le viene mal a ningún lector. Hasta me atrevería a decir que es una estrategia pedagógica recomendada, en ese caso, claro. Ahora, Darío también fue único y revolucionó el lenguaje poético desde un lugar del mundo impensado para la época. Dentro del contexto alienado que alude Parra, la poesía darianafue esencial para que, luego, las vanguardias latinoamericanas rompieran con ese encorsetado romántico y abonaran un terreno que logró maravillas para la literatura hispanoamericana. Desde Vallejo hasta Oliverio Girondo, pasando por el “negro” Celedonio Flores o el mismo Vicente Huidobro, necesitaron que dicho precedente hiciera lo suyo para que los sucesores alcanzaran la altura que hoy bien se merecen. Vale la pena capitalizar lo saludable que se registra entre el estupefaciente y el baldazo de agua fría. Y digo que vale porque todo suma al final del viaje.
          9 — ¿Cuáles advertís que han sido los poetas clásicos y modernos que te marcaron?
          RC — Sin duda ni temor a equivocarme, César Vallejo es el primero y con letras doradas que me marcó a fuego. Junto con él, y sin compartir el género, acompañan Juan Rulfo y Dostoievsky. Y pegadito a éstos, enormes poetas como Quevedo, Rimbaud, Raúl González Tuñón, Gelman, Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño, Gonzalo Rojas, Juan Carlos Bustriazo Ortíz, muchos, muchísimos de los que ya no están físicamente y siguen vivos en relecturas. Respecto de los contemporáneos/as y compañeros/as de ruta, me excuso de mencionarlos porque, seguramente, me olvidaría de alguno/a, y ello no sería justo. Sin embargo, quiero nombrar a dos que valoro sobremanera. Uno es el italiano Valerio Magrelli, y el otro, el ecuatoriano Edwin Madrid, a quienes leo con profundo placer y no dejan de embellecer su obra cada vez que abro sus libros.
          10 — ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?
          RC — De maravillas con todos los fenómenos climáticos. Más aún cuando acontecen sin previo aviso. Como el hecho de despertarse y advertir que el cielo estrellado de la noche anterior es, al día siguiente, un paisaje que se cubre bajo una nevada mágica. El espasmódico centelleo de una tormenta eléctrica de verano. La plenitud del mediodía estival sobre un lago. Un lenguaje que revela el humor del mundo. La excepción la marcaría el viento. No hay cómo combatirlo. Afecta el ánimo. Apaga las voces. No me gusta. Es un castigador que raspa la alegría.
          La sangre, metaforizada en un verso, ofrece visiones sorprendentes en el imaginario. En los hechos traumáticos de la vida, la soporto, supero su impertinencia. Pero me remite de inmediato a los años de la dictadura. No logro evitar esa asociación.
          La velocidad, como un excelente contendiente de la desidia y de la indiferencia. Me sumo a ella.
          Las contrariedades… Bueno, es una constante que obliga a no dar nada por seguro hasta que sucede.
          11 — ¿Cómo ha sido el proceso de escritura del texto que da título al libro “Fenómeno natural”?
          RC — Tengo la sensación de que siempre estoy escribiendo el mismo libro y un único poema; pausado por los años y por el trastocamiento de valores y afectos. Ahora, lo particular de cada uno es que, generalmente, uno de los poemas es el que dispara el título del libro. En el caso de“Fenómeno natural”, el texto surge de una experiencia…
climática, vamos a decir. Una tarde de octubre, mes por demás ventoso en la Patagonia, tuve que dictar un taller en una escuela primaria, ubicada en un barrio marginal de la ciudad de Neuquén. Típico vecindario con calles de tierra, descampados, y recostado contra la barda (suerte de meseta árida). Ese día preferí tomar un camino alternativo, casi una huella que bordea por lo alto. Y en un punto del camino, hacia abajo, en un cañadón desértico, observé una casita construida por maderas y chapas, aguantando el ventarrón de frío y tierra que se abatía contra las cuatro paredes. Casi que se me antojaba pronosticar que tal chaperío, pronto, sería descuartizado por una ráfaga. De pronto, la puerta se abre y una nenita sale al temporal, apenas para rescatar a un pollito y guarecerse con él por detrás de la casa, debajo del piletón de lavar. Imagen por demás suficiente para que el poema tome forma por sí solo y procure, a pesar de la violencia del mal tiempo, componer una experiencia amorosa.
          12 — Releo las palabras que acompañan la dedicatoria de “Veda negra” y me conmuevo. Los destinatarios son Paula, Sabina, Lucio y Alejo.
          RC — Se trata de mis hijos. A ellos va dedicado ese libroCuando escribí “Veda negra”atravesaba un momento de mucha confusión; afectiva, profesional y existencial. Estaba realmente triste y frustrado en muchos aspectos. De manera que lo que volqué en cada página llevaba parte de mi encarnadura, de las lágrimas, temores, angustias, y también fuertes pasiones que me sacudían mal. Por entonces, mis chicos eran pequeños. Pero sabía que el paso del tiempo se encargaría de brindarles la luz necesaria para que, llegado el momento, esa voz fuera suya y pudieran escuchar las palabras de ese padre que se parapetaba tras el poeta. Un libro escrito para el futuro. Un mensaje de vida en clave de poesía. Veremos si estoy en pie para cuando llegue el momento.
          13 — ¿Acordarías con el poeta Juano Villafañe en que “Todas las vanguardias del siglo XX han sido determinantes en la transformación poética por diversos motivos” y que“Quizás el surrealismo sea el movimiento que más ha impactado en la historia de la poesía”?
          RC — Acuerdo con ambas posturas, desde luego. El hecho de asumir una actitud vanguardista significa avanzar por sobre toda convención prescriptiva y, fundamentalmente, experimentar a partir de lo que va descomponiendo ese mismo movimiento. Pero no sólo la ruptura es lo que prevalece, sino que, valiéndose de esa desfragmentación, la idea es re-construir y re-configurar la realidad a través de nuevos lenguajes. Ahora bien, ¿cabría discutir el concepto estético en este caso, o sólo el atrevimiento de irrumpir lo estructurado para lograr una forma nueva es la esencia de la vanguardia? Basta poner de relieve lo que significó el surrealismo (como merecido cachetazo cultural a la postguerra), para dar a luz una mirada revolucionaria, en favor del lenguaje poético.
          14 — Un sueño cumplido: viajaste a Italia. ¿Y otros a cumplir…?
          RC — Respecto de lo que rumorea la pasión por la palabra escrita, me gustaría alcanzar las orillas del próximo libro y que, como hasta el momento, sea la piedra de toque que me permita seguir viajando. No solo fronteras afuera. Todo viaje es bienvenido y aleccionador por sobre cualquier otra enseñanza. Los libros, además del capital cultural que ellos mismos representan, me han servido como excusa para recorrer una buena distancia geográfica. Pero los sueños más anhelados van más allá de mí. Se despegan y abrazan  los deseos que impulso en favor de quienes amo. Mis hijos y mis hijas, por sobre todas las cosas. Parece una frase hecha o impostada si digo que los siento como una proyección de éste mortal que encarno. Pero es así con todo el peso que ello significa. Los siento como una proyección mía; deseando que superen todo “lo poco de lo mucho” que desee para este que soy.
          15 — ¿Tortuga gigante, oruga, anguila eléctrica, rinoceronte o tigre de Bengala blanco?...
          RC — EL imaginario bengalí me puede por sobre las otras opciones. Un tigre, desde luego.
          16 — ¿Los recuerdos de la infancia son engañosos? ¿Los tuyos lo son?
          RC — Para nada. Bueno, no en mi caso. Guardo recuerdos infantiles que gozan de envidiable salud. Poseo memoria fotográfica y diacrónica. Por sobre todas las cosas, plenas de felicidad. Hasta los doce años viví en una antigua casa de Almagro. De esas con zaguán, puerta cancel, pasillo con piezas que daban al patio y macetones con malvones. Música de tango —siempre— y tranvía pasando por la calle Medrano. Mis viejos, abuelos y tíos, ya que todos compartíamos la misma vivienda, la peleaban día a día para traer un mango a la casa. No nos sobraba nada. Pero tampoco nos faltaba nada. El tinenti, el fútbol callejero, las comilonas de los domingos, todo el folklore barrial era una fiesta. Bello y fiestero pasado que destaco como una fortaleza que aún empuja para no dejar de mirar al frente.
          17 — En lo que concierne a la crítica literaria, ¿cuáles —y no apunto solamente a los actuales— son aquellos ensayistas que más valorás?
          RC — Si comienzo por Aristóteles y su “Poética”, y continúo hasta el presente, la nómina sería demasiado extensa. Pero si me permitís tomar como punto de partida el siglo pasado, los latinoamericanos coparían la parada. Así, “sobre el pucho”, pienso en Jorge Luis Borges, en Américo Ferrari, en Juan José Saer, en Noe Jitrik, en José María Arguedas, en Hugo Verani, en Ángel Rama, en Octavio Paz, en Josefina Ludmer, en Alicia Genovese, en mi maestra: Irma Cuña, y muchos más. Variopinta la selección, ¿no? Pero también quiero poner énfasis en algunos congeneracionales que bien merecen ser sumados a la partida. Jorge Boccanera, por ejemplo: grandísimo poeta, al que destaco como prolífico ensayista. Ser humano que admiro por sobre el artista. Principalmente por el vasto y meticuloso conocimiento que tiene del universo poético latinoamericano. Al margen del notable trabajo que ha llevado a cabo con la obra de Juan Gelman, sus publicaciones nos permiten conocer autores que, tal vez, en los escritos de otros estudiosos no los hallaríamos.
          A la par de Boccanera, otro de mis predilectos es Sergio De Matteo: escritor e intelectual brillante. Uno de los ensayistas y conocedores del panorama poético argentino más apasionados que conozco. Talentoso y perseverante en la materia. Jugado y quirúrgico a la hora de aplicar una mirada crítica (¡ojo!, digo crítica, no criticona), cuando de análisis literario se trata. Disfruto mucho al leerlo porque además de contagiar entusiasmo aporta esa cuota de conocimiento que ayuda a ver más allá de lo que el discurso trama. Y como para triangular el conjunto, no quiero olvidarme de Osvaldo Picardo. Fino, finísimo estudioso del tema. Un esmerado especialista que aporta, en cada una de sus intervenciones, un caudal teórico de alta factura. Chapeau a todos ellos.
          18 — A la luz de tu experiencia como lector y como narrador: ¿de qué características o ingredientes o circunstancias no debe carecer una novela? ¿Hay novelas (¿cuáles?) que valores aunque te hayan dejado indiferente?
          RC — Lo que pasa es que cuando leo no puedo sustraerme al potencial poético que promete el libro que tengo entre manos. Parto de ese principio para ponerme en situación. Pero en el caso de la narrativa, tomo muy en cuenta la alteración sintáctica que plantea la trama; el juego cómplice que invita al lector a formar parte de ese complot. Como también lo que no se “dice” literalmente en la historia. Me gusta la sutileza, lo que se sugiere entre líneas pero no se muestra en el discurso. Y al mismo tiempo, la espontaneidad de lo mínimo e indispensable, de lo frontal, pero sin toques retóricos recargados. Cité con anterioridad a Juan Rulfo, un ENORME poeta de la novelística latinoamericana. Pero también Antonio Di Benedetto, Juan Carlos Onetti, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. Las grandes plumas de la Patria Grande abonan esa manera de volver maravilloso lo que disimula la cotidianeidad. Y ahí está la poética del asunto. No descubro nada con lo que digo, pero me gusta detenerme en estos aspectos cuando pienso en los “ingredientes” que no deben faltar en una novela.
          ¿Libros que valoro aunque me hayan dejado indiferente?... Sí, “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust, es uno de ellos. Una obra mo-nu-men-tal pero que no llegó a conmoverme. Algo parecido me pasó con André Gide. Reitero y tomo lo que formulás en tu pregunta: son obras de alta factura pero que, en mi caso, no generaron impacto emocional.
          19 — “Es muy probable que los premios literarios hayan sido creados por algún demiurgo sarcástico para subrayar la carcajada con que el tiempo se venga de las certidumbres. En todo caso, los premios sirven para otear desde ellos el panorama, y, avergonzado, uno se pregunta cómo es posible que, lo que hoy parece tan evidente, ayer pudo parecer siquiera dudoso.” Así comienza el prólogo que el chileno José Donoso concibiera para la novela “El astillero” del uruguayo Juan Carlos Onetti. ¿Qué te generan esas líneas introductorias?...
          RC — Los intríngulis y suspicacias que arremeten desde las sombras de los premios literarios existieron, existen y existirán siempre. Pero como bien traés a colación a través de las palabras de Donoso, el tiempo —ese inefable juez todopoderoso— es quien determina a la larga qué obra trasciende por su legítimo valor literario y no por un circunstancial acuerdo de jurados. Tomemos en cuenta que los libros más reconocidos de la literatura universal trascendieron más allá de los premios. Por ejemplo el “Martín Fierro”, sin ir más lejos. O “Don Quijote de la Mancha”. O la poesía barroca de Luis de Góngora, revalorizada trecientos años después gracias a la generación del ‘27. Los premios, cuando son lanzados con el afán de descubrir valores y promover obras dignas de difusión, son saludables y bienvenidos. De hecho, cientos, miles de escritores y escritoras han alcanzado sus primeras ediciones gracias a esta posibilidad; más aún en nuestro país, donde una publicación de corto tiraje y diseño austero cuesta una fortuna. No cabe duda que los concursos literarios son un estímulo para quien lo logra. Pero creo que la respuesta final va implícita en tu pregunta y en la cita de Donoso: algunos premios podrán disimular la carcajada de algún demiurgo sarcástico, pero, en definitiva, el que  manda es el Tiempo.
*
Ricardo Costa selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:
Mundo terrible la geometría.
Todo lo que resta es un círculo,
una línea volviendo a su origen,
una figura creada para sabernos
sobre un espacio seguro.
Todos contemplamos la redondez
de esa línea, pero festejamos el vacío,
no la línea.
Así nosotros: un punto sobre otro.
Imprudente ciencia, dicen, y alguien
olvida la luz; ama la sombra que borra.
Entonces la geometría estalla.
                           (de “Teatro teorema”)
*
FÍSICA BÁSICA
El lanzamiento de una piedra
acaba con la vida de una distancia
determinada.
Un poema cumple con el mismo objetivo:
acabar con la vida de un tiempo
determinado.
La piedra, una vez detenida, ignora
el significado de la distancia.
Una vez en vuelo, el poema es una curva
que se cierra sobre sí misma.
                                       
                                             (de “Danza curva”)
*
PUNTOS DE VISTA
La forma más sencilla de celebrar una fundación
es marcar un punto junto al vacío.
Un punto es una partícula del todo imponiéndose
sobre la nada.
Un punto establece el origen de todas las formas
que caben en el universo, y el universo se mueve
sobre una sucesión de puntos encadenados
en el espacio.
Sobre uno de estos puntos estamos nosotros,
abrazándonos y girando en un vacío que nos mantiene
flotando sobre un silencio absoluto.
Pero lo mejor de esto no es el silencio ni lo absoluto.
Lo mejor de esto es que nadie sabe que flotamos
porque obedecemos una ley fundamental.
Creo que ese es el punto: flotar abrazados a la idea de la nada
mientras los cuerpos se mueven y la fundación se convierte
en un  acto de amor junto al vacío.
                                 
                               (de “Veda negra”)
*
UNA NARANJA
El cuchillo recorta circularmente la naranja
bajo su cáscara.
Hace correr el jugo entre el filo y la pulpa,
marcando el cauce de un camino líquido
que rodea a la fruta para venirse a tu mano.
Viéndote ejecutar esa maniobra, pienso que
algo terrible ocurriría con mi corazón
si tu apetito cayera en desgracia.
Ese movimiento giratorio, ese descascarar
en crudo para llegar al brillo de la pulpa,
daría con la parte más débil de un hombre
y la desnudez de su sangre brotaría hasta
manchar sus ojos de la manera más vergonzosa.
La diferencia la marcaría el ángel que mueve
tus manos.
Porque la fruta gira entre tus dedos para que
su carne se abra por entero a la luz.
En cambio, un corazón se pudre si no se lo corta
en el momento preciso.
Queda dudando lejos, cavado en una ruina oscura,
a treinta y cinco centímetros por debajo
de la boca.
                                    (de “Mundo crudo”)
*
BUENA SALUD
Mi abuelo decía que cuando fuera grande, lo que dejara en el plato
se me volvería flacura en los huesos.
Ahora tengo hambre y hace cuatro días que no me afeito,
seis que no paso por la panadería y diez que he dejado de correr
el colectivo para llegar a tiempo a tu casa.
Cuando me quedaba con el abuelo siempre descartaba el puré,
la acelga y el zapallo hervido.
Porquerías que a los chicos nos amargaban la vida.
Claro que se extraña la dura mirada del abuelo. Y también la tuya,
la que no pedía que me alimentara, sino que comprendiera
que el deseo perfecto es aquel que nos mantiene pendientes
del apetito del otro.
Junto al teléfono quedó una galletita magra y medio vaso de yogur.
Vale decir que no hay motivo para el sacrificio, ya que nadie fallece
por arrepentimiento tardío.
No conozco un solo caso de muerte por desobediencia al abuelo.
Pero me preocupa lo que podría destruir el dolor cuando ya
no queden fuerzas para llevarse nada a la boca.
Parece que sí, que la tristeza es un hueso que nunca se dejará comer,
que siempre estará allí, en un plato con restos del almuerzo
y a la espera de tu llamado.
                            (de “Fenómeno natural”)
*
FENÓMENO NATURAL
En esta parte del mundo el viento entristece la luz.
Cada vez que sopla contra la casa, nada parece merecer
la más mínima contemplación.
Yo pensaba que una familia entera estaría abrazándose
ahora mismo bajo las cobijas, rogando por la clavadura
de las chapas contra el techo.
Ruedan botellas entre los yuyos y se desgaja la ropa colgada.
Un  pollo escapa y resiste bajo el piletón de lavar.
Todo el aliento muerto de la miseria se ahoga contra esas
cuatro paredes.
Sin embargo, en apoyo oblicuo contra el viento,
la hija sale de la casa, se acurruca junto al pollo
y comienza a cantarle suave.
A pesar del temporal, ella cree que el amor es un fenómeno natural
que habita en lo más pequeño de la estepa.
Por eso abraza al animal y se convence de que la brutalidad del aire
es un mundo vacío que va muriéndose de a poco.
                                          (de “Fenómeno natural”)
*
Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Neuquén y Buenos Aires, distantes entre sí unos 1.100 kilómetros, Ricardo Costa y Rolando Revagliatti, 2016.

sábado, 6 de agosto de 2016

Entrevista a la escritora argentina Susana Macció, por Rolando Revagliatti

Susana Macció: sus respuestas y poemas
Entrevista realizada por Rolando Revagliatti
Susana Macció nació el 26 de agosto de 1959 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, y reside en la ciudad de Don Torcuato, provincia de Buenos Aires.
Egresó en 1981 de la carrera de Diseño Gráfico y Publicidad en la Escuela Panamericana de Arte. Ha sido difundida en revistas soporte papel y en medios digitales. Participó en el volumen colectivo“Travesía”, Ediciones Topatumba, 1997. Es a través de Alloni / Proa Editores que se publica en 2009 su poemario “Bajo la intemperie del sol”.
          1 — Sos torcuatense por adopción.
          SM — Tenía seis años cuando nos mudamos a esta localidad que nunca abandonaré. La que fue declarada ciudad cuando yo tendría quince; y, a pesar de eso, continúa conservando la idiosincrasia de un pueblo. Las construcciones no pueden superar los tres pisos; la mayoría son casas con frondosos parques. Eso permite un cielo abierto dónde las veredas tienen una parte de césped y muchos árboles y nos ofrece un paisaje acogedor cuyo atardecer —hendido de pronto en un abrupto silencio— desciende lento y sumiso. Desde hace veintinueve años me desempeño como preceptora en el colegio al que asistí durante la primaria. Tarea apasionante en el acompañamiento y formación de los adolescentes.
            
          2 — ¿Cuándo comenzaste a interesarte por la poesía?
         SM — A los trece años mi padre me dio a conocer a Gabriel García Márquez regalándome“Cien años de soledad”. Él y mi madre, si bien no habían logrado cursar estudios secundarios, se venían ocupando desde siempre en proporcionarme lo necesario para satisfacer mi predisposición a la lectura. Querían, seguramente, que yo llegara “lo más allá” posible. Y fui accediendo, incontenible, a esas pócimas mágicas que se beben ignorando las profundas consecuencias de su narcosis. Por caminos inciertos, siempre en otro lado —otras perspectivas—, nutriéndome con autores como Johannes Hessen y su “Teoría del conocimiento”, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Pablo Neruda, Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio Porchia, Alfonsina Storni, Almafuerte: cuanto pasara por mis manos y mis ojos. Leía y escribía trastabillando con las palabras hasta que logré hacer foco, por vez primera, cuando me incorporé al taller literario del poeta Gianni Siccardi, ineludible puerto desde el que parto y al que regreso, zigzagueante. Sigo trastabillando pero ahora con otra conciencia.
          Esto que te cuento me conduce a evocar lo que escribió Victor Hugo: “Todo hombre es libre de ir o no ir a ese terrible promontorio del pensamiento desde el cual se divisan las tinieblas. Si no va, se queda en la vida ordinaria, en la conciencia ordinaria, en la virtud ordinaria; y está bien. Para el reposo interior, es evidentemente lo mejor. Si va a esa cima queda apresado. Las profundas olas del prodigio se le han mostrado. Nadie va impunemente a ese océano. Desde ese momento será el pensador dilatado, agrandado pero flotante; es decir, el soñador. Un extremo de su espíritu lindará con el poeta y el otro con el profeta. Cierta cantidad de él pertenece ahora a las sombras. Lo ilimitado entra en su vida, en su conciencia. Se convierte en un ser extraordinario para los otros hombres, pues tiene una medida distinta que la de ellos. Tiene deberes que ellos no conocen.”
          3 — ¿Y cómo has lidiado con el trastabillar?
          SM — Mis expectativas de vida fueron tener una familia y ser escritora. En 1982 me casé y, de ese matrimonio, nacieron mis tres hijos —un varón y dos mujeres. Esa relación duró diecinueve años; a partir de entonces tuve que ponerme al frente del hogar. Alternar la vida interior (inundada de palabras y búsquedas) con el mundo y los avatares del trabajo y la maternidad, es como tener dos vidas; traicionar a las dos y no lograr satisfacer ninguna. Pero estaban allí, ambas, invocadas vehementemente, y sí, había que lidiar con ellas. No fue nada fácil.
          4 — ¿Y el diseño gráfico?
          SM — Me desempeñé en la profesión muy poco tiempo. Me faltó temple para moverme dentro de un medio tan fluctuante y competitivo. En cierto momento intenté incursionar nuevamente, pero no estaba preparada para la tecnología. Tuve que elegir entre actualizarme o darle rienda suelta a la escritura. Me anoté en la Universidad de Buenos Aires en la carrera de Letras. Si bien considero que todo conocimiento es bienvenido, la universidad no me enseñaba a escribir, por lo tanto, abandoné.  Actualmente diagramo una revista de distribución zonal que no deja de ser una experiencia provechosa.
          Preferí transitar los primeros avistamientos de la poesía: exquisitas jornadas de descubrimientos y encuentros con la sustancia poética. El taller de Gianni estaba en otra dimensión. No se trataba de acariciar los egos ni de frotar la lámpara para que saltara el genio. Era una fuente de la que brotaban Edgar Bayley, Robert Desnos, Raúl Gustavo Aguirre, Paul Eluard, Murilo Mendes, Li Po, Olga Orozco, Salvatore Quasimodo, Blaise Cendrars, Enrique Molina, Guillaume Apollinaire… Organizaba olimpíadas en las que la palabra era la antorcha que saltaba de mano en mano, cargada de fuego y alegría. Improvisábamos textos con vocablos disparadores, cadáveres exquisitos, jugábamos reemplazando sustantivos, adjetivos, verbos. Y recibíamos invitados: Francisco Madariaga, María Meleck Vivanco, Mario Trejo, Dolores Etchecopar…
          5 — Ese poeta de tus primeros avistamientos tenía una imprenta.
          SM — La tuvo —Talleres Gráficos Zeta— cuando varios de los integrantes del taller participamos del armado —impresión, corte y doblado— de “Travesía”, el volumen que presentamos en 1997 en el marco del Primer Congreso Internacional de Poetas y Escritores que se realizó en San Marcos Sierra y Cruz del Eje, provincia de Córdoba, organizado por Andrés Utello. La selección estuvo a cargo de Gianni y el prólogo fue redactado por los autores (César Balaguer, Roberto Broullon, Danielle Camus, Elena Garritani, Cristian Perenyi, Mercedes Nuñez, Eugenio Siccardi, Susana Rossi y yo): “Tratábamos de escribir poesía y no estábamos conformes con los resultados. Cada uno se preguntaba si en el lenguaje de la poesía existirían —como en la música o en la pintura— elementos que pudieran hacerse conscientes. (…)”
          Aquel encuentro fue muy cálido, los cordobeses nos recibieron con afecto y fervor. Nos alojaron en sus casas. La concurrencia fue numerosa. Durante tres días hubo ponencias, debates, lecturas… El intenso calor no logró amedrentarnos. Entre muchos escritores, varios de San Marcos Sierra y otras localidades cordobesas y de otras provincias, recuerdo a Ricardo Rubio, Alberto Luis Ponzo, el paraguayo Elvio Romero, el chileno Gonzalo Rojas.
          6 — Cinco años después falleció Siccardi.
          SM — Y fue para nosotros un golpe certero al corazón. Nos empezamos a reunir, leer, recordar. Como si nos incitara al encuentro. De esas tímidas reuniones derivaron otras: a partir de la amistad con Ofelia Funes —discípula y última pareja de Gianni— y la poeta Celia Fischer, logramos ahondar, un poco más, en el rigor poético. Máximo Simpson nos aportaba toda su experiencia. Denominábamos “Tertulias” a los encuentros a los que concurrieron como invitados, por ejemplo, Graciela Maturo, Julio Salgado, Michou Pourtalé, Héctor Miguel Ángeli, Irene Zaba, Jorge Ariel Madrazo, quien falleciera este año.
          Hoy, zigzagueante, como aquella vez cuando me preguntó: “¿Cómo vas con la poesía?”, le volvería a responder al maestro: “Yo la he dejado un poco; pero ella, nunca me abandona.” Para iluminar la travesía a la casa del ser; donde las muecas y las máscaras de lo banal no penetran nunca. Despojado de todo lo insustancial queda su íntima esencia, lo inherente al ser en su máxima expresión… o mínima, no sé.
          7 — ¿Cómo es, cómo ha sido la vida cultural en Don Torcuato?
          SM — Hace unos cuantos años hubo ciclos organizados por la municipalidad, en los que he participado, que tuvieron buena aceptación. Eran tres eventos anuales que se realizaban en la Sociedad de Fomento, donde no estaban ausentes diversos talleres y artistas. Entre los años 1996 y 2008, el periodista torcuatense Walter Martín encabezó una interesante movida cultural. La Sociedad Mutualista y de Fomento prestaba las instalaciones, participaban creadores de todas las disciplinas: una vez por mes durante dos años; luego, con diferente frecuencia. Siempre hubo y hay más expectativas que lo que se puede concretar. El 19 de setiembre de 1992, en la residencia de Natalio Botana (fundador del diario “Crítica”) se efectuó un evento multitudinario, con, por ejemplo, concursos de poesía y de manchas, denominado “Encuentro en las ruinas”. Culminó con un fogón y guitarreada hasta altas horas de la madrugada. En la actualidad, hay un centro cultural que funciona en la delegación. Algunos cantantes, como Rubén Vivas y Raúl Leonardo, hacen shows, y hay grupos de escritoras que se reúnen por su cuenta. La Biblioteca Mariano Moreno organiza cuatro o cinco eventos por año: cine debate, charlas, etc. Sé que hay localidades donde prepondera una dinámica más apasionada. Me agradaría que eso sucediera también aquí. La ciudad de Tigre organiza, entre otras, la muestra “Vecinos”, que da la posibilidad a ciudadanos de Don Torcuato, General Pacheco, Benavídez, Ricardo Rojas, El Talar y Tigre de exponer colectiva e individualmente.
          8 — ¿Has incursionado en narrativa? Tendrás poemarios inéditos.
          SM — Si, varios intentos. En 2011 me anoté en tres talleres en el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas: Introducción a la narrativa e Introducción a la literatura de Borges, dictados por Daniel O. Molina; y Taller de cuento, por Pablo Pérez. Fueron incursiones reveladoras en lo que respecta al abordaje de los textos como lectora. Y me clarificaron: mi veta es la poética.
           En cuanto a poemarios inéditos, tengo listos “Ojos desnudos”“Mitologías blancas” y“Captura”. Este último lo publicaré en el curso del año, posiblemente ilustrado por mí. Consta de tres partes bien diferenciadas. “Captura” es el título que alcanza a las tres: apresar lo inapresable. La segunda parte se llama “Cofre familiar” y la tercera, “El acto de escribir”.
          9 — ¿Integrás algún grupo literario? ¿Te estás formando en algún otro quehacer artístico?
          SM — Momentáneamente no. Las “Tertulias” entraron en receso. Respecto de algún otro quehacer artístico, en efecto: desde hace unos años me estoy formando en Artes Plásticas. Tomé algunas clases con el pintor Roberto Broullon, hasta que falleció. Fue un hombre con un conocimiento profundo de su arte y un enorme sentido del humor. En la actualidad prosigo con Haydeé Mustillo, con quien di los primeros pasos, y Danielle Camus, que es una acuarelista extraordinaria. Soy una exploradora que procura extraer lo mejor de cada una de las vertientes. El artista debe ser “integral”. Conocer todas las artes y dominar todas las técnicas que pueda. En algún momento tomé, también, clases de actuación. Mi próximo desafío es el canto. La pintura me produce muchísimo placer; es algo que me debía. He formado parte de muestras colectivas con el taller de Haydeé, organizadas por la Municipalidad de Don Torcuato y de la ciudad de Tigre. Este año fui convocada  a la muestra “Vecinos” para exponer en el Consejo Deliberante de Tigre.
          10 — ¿Cómo es un día común en tu cotidianeidad? ¿Y un fin de semana no estándar?
          SM — Trabajo, disfruto de mis compañeros, de mis alumnos y de mi  familia, me divierto con mis amigos y con mi nieto cuando me visita, miro películas —ya que el cine es otra de mis pasiones—, leo, escribo y pinto.
           Un fin de semana no estándar es compartir el almuerzo y el resto del día pintando y dibujando con mi amiga Danielle Camus.
          11 — ¿Un apunte sobre tu ligazón con la escritura…?
          SM — A veces, se me torna imposible pasar en limpio y descartar. Siempre me parece que lo podría “decir mejor”. Eso me lleva a épocas de desconexión con la escritura, lo que me provoca desazón. Pero bueno…, en algún momento me repongo.
          12 — ¿Cómo te llevás con los objetos, con las máquinas, con la tecnología, con los animales, con la gente, con las aglomeraciones?
          SM — Con las máquinas y la tecnología, muy bien. Soy consciente de que hay que “aggiornarse” para estar actualizados y aprovechar el caudal inagotable de posibilidades que proporcionan. Lo que me inquieta es la celeridad con que casi todo caduca: los softwares, por ejemplo. Y hay que volver a empezar o acceder a medios más modernos y, por ende, más costosos. 
          En cuanto a los animales, la gente y los objetos, son materia para la “creación”. Todo irradia vida y sustancia propicia para el poema o el cuadro. Volvamos a Charles Baudelaire en su “Correspondencias”: La Naturaleza es un templo donde vivos pilares/ dejan surgir, a veces, confusas palabras”. Todo llega a mí, con su abundante entropía, como imantado por la avidez de la captura. Por eso digo en un poema: “Cierro los ojos/ para que se anime y salte/ para que caiga sobre mí/ como un cuchillo/ una espada/ una colmena/ un relámpago/ una brisa/ como un tigre/ cayendo/ sobre su presa.”
            Y como hiciste referencia a los animales, el poema que sigue está dedicado a mi gato siamés.
                                           
Faraón
                                                               “Tú reinaste en Bubastis
                                                                       con los pies en la tierra,
                                                                       como el Nilo”
                                                                                        Olga Orozco
En mi nombre
se imprime
el peso de la estirpe.
Adorador del sol
soy vena y arteria
del enigma.
Reencarnado felino
poseo el halo de la fascinación
y el destello de lo sagrado.
Sé descifrar los signos
de la cercanía
y acudo instintivo
al silbido de las lágrimas.
Sometido al sueño
de la esfinge
contemplo hipnótico
el traslado del tiempo
como un buda.
Salmodia del requerimiento.
Vigilia tenaz.
Abrevadero
de todas las caricias.
Ungido deidad
yace pirámide
sobre la mesa.
          De lo único que huyo es de las aglomeraciones; soy algo ermitaña. En esta etapa de mi vida he comprendido que hay que alejarse de las personas nocivas, negativas y desesperanzadoras… sin dejar de quererlas. Soy sencilla, necesito cada vez menos cosas y persigo la armonía en todas sus facetas. Los animales me conmueven por su simpleza: no se ofenden ni se resienten, son incondicionales y siempre están dispuestos a proporcionarnos su adorable compañía.   
          13 — Transcribo un breve párrafo de la novela “Una cierta justicia” de P. D. James: “—Esto es lo que más echaré de menos —declaró—; las luces de las farolas, aunque ahora que son automáticas ya no es lo mismo. Me gustaba esperar la llegada del farolero. Cuando desaparecieron, tuve la impresión de que había acabado una era.” ¿Qué echás de menos?...
          SM — Echo de menos aquel maestro que era casi una figura paterna. Que se lo respetaba y se lo admiraba. Yo, que trabajo en docencia hace casi tres décadas, he visto cómo se ha ido desdibujando el rol del docente en general, e inevitablemente, deteriorarse todo el sistema educativo.
          14 — ¿Has rayado, dejado marcas en las paredes en tu infancia, acaso de manera instintiva? ¿Hay instalado algún corazoncito en tu adolescencia? ¿Y el arte urbano, los nuevos tatuajes en la piel urbana?
          SM — En mi infancia teníamos prohibido escribir las paredes, ni se nos ocurría, al menos a mí; pero, en la adolescencia, lo que pude hacer fue pegar cartelitos, fotos, frases en mi habitación. Estaba atestada de cosas y el corazoncito quedó allí, en aquellas paredes…o, quizás, en las no escritas.
           El arte urbano me parece un modo de expresión de la época; no hay nada más categórico que eso. Me gustan las paredes de la ciudad pintadas (no todas, por supuesto): son como aullidos.
          15 — Referentes. Los tuyos. No sólo literarios: musicales, pictóricos, teatrales, cinematográficos…
          SM — Son muchos, intentaré sintetizar; porque me siento afortunada…, no sé cómo es…: ¿la gente viene a uno? o ¿uno va hacia la gente? Me he cruzado con personas extraordinarias: Gianni Siccardi que abrió las puertas y me lanzó al vacío… del que ya no dejaré de caer. Me vienen a la memoria aquellos versos del franco alemán Yvan Goll [1891-1950] que dicen “ la puerta que conduce lejos de ti/ nadie la empuja nunca”. Máximo Simpson con su exquisito humor y su meticulosidad para desentrañar el verso. El Teuco Castilla y el desparpajo con que interpela todo lo que pulula a su alrededor. Enrique Molina, el rey de la imagen. El norteamericano e. e. cummings; los franceses Paul Eluard, Robert Desnos, Jacques Prevert; los chinos Po Chu i,  Li Po, etc.
          Referentes musicales: Johann Pachelbel, Pyotr Tchaikovsky, Max Bruch, Queen, Freddie Mercury, The Beatles, Enya, Mercedes Sosa, Vox Dei, Ennio Morricone, Philip Glass, etc.
          Pictóricos: Vito Campanella, Fortunato Lacámera, Francisco de Goya, Michelangelo Merisi da Caravaggio, Claude Monet, Vasili Kandinsky, Hieronymus Bosch, etc.
          Teatrales: Michael Frayn (“Copenhague”), William Shakespeare, Tracy Letts (“Agosto (Condadode Osage)”).
          Cinematográficos: Actrices: Meryl Streep, Kate Blanchet, Judi Dench, Helen Mirren, Mercedes Morán, Julieta Díaz, Leticia Brédice, etc. Actores: Jack Nicholson, Robert De Niro, Dustin Hoffman, Diego Peretti, Enrique Pinti, Alfredo Casero, etc. Directores: el maravilloso Leonardo Favio, Carlos Reygadas, Arturo Ripstein, Wim Wenders, Clint Eastwood.
          16 — ¿Hacia dónde te agradaría impulsar tu escritura en procura de renovarla y desplegarla?
          SM — Fantaseo con encontrar otra forma de lenguaje. (Oliverio Girondo en “La masmédula” lo hizo: considero que se vuelve un callejón sin salida, se agota.) Intento  —parafraseando a mi maestro— “decir las cosas más profundas con las palabras más sencillas”. Carlos Patiño [1934-2013] lo expresa en su poema “Para ganar el pan”: el poeta es/ como un viejo minero solitario y muy terco/ que arrastrando su mula/ penetra cada día al socavón pico pala esperanza/ golpe a golpe a la piedra tras la eterna quimera/ e igual que los mineros/ son muy pocos los que dan con la dorada veta”.
         17 — ¿Hay alguna teoría del cuento que te interese? ¿Te complace más leer cuentos o novelas?
          SM — “Morfología del cuento” de Vladímir Propp, en su momento me subyugó. Lo leí en el único año en que cursé la Facultad. Cuando hice el taller con Pablo Pérez me resultó muy interesante la “Teoría del cuento” de Edgar Allan Poe. Es un conocimiento muy acotado el mío. Me ubico como lectora. Me complacen ambas alternativas. Actualmente leo cuentos: Guy de Maupassant me parece de una exquisitez encantadora, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Clarice Lispector, Ángeles Mastretta, “Las mil y una noches”. En cuanto a novelas prefiero las de García Márquez, Milan Kundera y José Saramago, entre otros.
          18 — ¿Qué sucesos te enojan, te irritan? ¿Cuáles te despiertan algún grado de ira? ¿Qué situaciones te aburren, te empalagan, te saturan?
          SM — La impunidad y la mentira me enfurecen. Pero ¿cómo combatirlas? Me irrita la falta de responsabilidad y de consideración hacia los demás. La cultura instalada de zafar de todo y tomarse las cosas a la ligera.
          Me aburre y me satura la información que circula, generalmente, alrededor de un mismo episodio durante días y días, dejando de lado los muchos acontecimientos importantes. No puedo evitar que venga a mi memoria el cuento “Algo muy grave va a suceder en este pueblo” de García Márquez: una mujer, durante el desayuno, formula el comentario enunciado en el título a modo de presentimiento, y culmina cuando todos los habitantes del lugar, presos del terror que fue infundado y trasmitido desde la primera hora, incendian el pueblo y huyen despavoridos.
          ¿Qué me empalaga?: la mala poesía.
          
         19 — ¿Con qué poetas te identificás? ¿Hay poetas de otras zonas lingüísticas que te motiven?
          SM — No me siento particularmente identificada con ninguno. Creo que he tomado algo de algunos de los que te he nombrado como referentes. Los admiro pero intento lograr eso tan extraordinario y placentero que es que alguien lea unos versos y pueda reconocerlos como míos. Ni hablar si, además, los recuerda.
          Me motivan los poetas franceses, desde los simbolistas y Apollinaire en adelante, porque deshicieron los límites y rompieron los moldes.
         20 — “Te apunto” con una pregunta que Santiago Espel se formula a sí mismo en su libro “Notas sobre poesía”: ¿En qué medida los poemas que escribís te permiten dialogar con tu época, y ser un exponente de ella?
          SM — El poema es un diálogo con uno mismo —escribo para conocerme—; eleva al poeta de sus circunstancias inmediatas: “es el pensador dilatado, agrandado pero flotante; es decir, el soñador”. Ése es uno de sus deberes. Por eso, opino, que todavía leemos a Catulo —un latino del año 50 AC— o a los poetas chinos de la dinastía Tang, y los comprendemos como si fueran contemporáneos. De todos modos, la impronta de la época está en uno y no se puede eludir. Se traduce en algunos modismos o expresiones. No lo sé con certeza.
*
Susana Macció selecciona poemas de su “Captura” para acompañar esta entrevista:
GRIETA
Se cuartea
la pared
del olvido.
De su grieta
inocente
brotan vivas
las edades.
Clarividente
imperfección.
*
ÉXTASIS
En la trama del aire
olores sonidos sabores
enlazados
en la cabellera del río.
El éxtasis
se mantiene
inmóvil.
Blancas mariposas
me rodean.
*
PROCESIÓN
Callejón del paraíso.
El trote de las horas
cruza
por el filo de los ojos.

Incesante procesión.
*
SEDA
Arropada
en el regazo
del ayer.
Crisálida remota.
Seda tenaz
en la yema
de los dedos.
*
COFRE FAMILIAR
Pequeños remotos
desperdigados gestos
arropados y guardados
con la misma tibia pausa
conque la abuela
guardaba sus manteles.
*
VISITA
En el plano cerrado
de la oscuridad
mi abuelo se presenta.
Tenebrosa orbe
formas que el miedo plasma
en la virginidad del sueño.
Mi abuelo me cobija
de los terrores
de la niñez.
*
TÍA CARMEN
Esa mujer breve
con el llanto cansado
hundido en la entrañas
esmirriada y alegre
ligera como una nube
enajenó al tiempo
que no la encuentra
para golpearla.
Esa mujer
de risa inalcanzable
manos leves
ojos desimantados
suele sentarse
en su silla inmemorial.
La insolencia de la vida la acompaña.
*
SILLA
Mi abuelo la encontró
en la ilación de la madera.
Le esculpió un corazón
de pura madre.
Un cálido regazo
de mujer
de utensilio asestado
en el pulmón de la casa.
En tardes
de apacible contemplación
la silla narra
la historia familiar.
*
Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Don Torcuato y Buenos Aires, distantes entre sí unos 30 kilómetros, Susana Macció y Rolando Revagliatti, 2016.

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