sábado, 15 de octubre de 2011

Taller del wongnasterio

TALLERES DEL WONGNASTERIO

Es mortal mofarse de un poeta,
amar a un poeta,
ser un poeta.Tríada irlandesa del siglo XIII

Coordinador: Óscar Wong

http://poesiadewong.blogspot.com

 
   
TALLER PERMANENTE DE CREACIÓN LITERARIA 
 
*Cuento, reseña bibliográfica, poesía
*Teoría y práctica fundamentales
*En dos horarios
 
Un método infalible para adentrarse a la poesía, al cuento, al ensayo y a la reseña bibliográfica es el Taller Permanente de Creación Literaria, que imparte el poeta sinomexicano Óscar Wong. Teoría y práctica confluyen de manera sencilla y adecuada en cada sesión. La dinámica utilizada repercutirá en la creación de obras particulares. Historia y discurso, metáfora y descripción dinámica, así como otros recursos estilísticos se abordarán en cada sesión. Todos los miércoles de 11 a 13 Hrs.. o bien  de 7 a 9 de la noche. Y sábados de 4 a 6 de la tarde.  Inscripciones al teléfono 55-59-62-03 o se puede escribir a: oscarin48@hotmail.com El trabajo directo con los textos presentados por los participantes permitirá avanzar en el desarrollo futuro de los asistentes. Diversas lecturas de autores en lengua española darán la pauta para conocer más de cerca los diversos recursos estilísticos (El costo del trimestre, 12 sesiones: $3,000.00)
 

Óscar Wong (agosto 26 de 1948) es poeta, narrador y ensayista. Becario del INBA-FONAPAS en crítica literaria (1978-1979) y del Centro Mexicano de Escritores en ensayo (1985-1986).Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 1988 con el libro Enardecida luz (UNAM, Colec. El Ala del Tigre, Méx., 1992) y el Certamen Literario Rosario Castellanos en Cuento 1989 con el volumen La edad de las mariposas (Talleres Gráficos de la Nación, Méx., 1990). Premio de Poesía de Ciudad del Carmen, Campeche, en el 2000, con el volumen Razones de la voz (CNCA, Colec. Práctica Mortal, Méx., 2004) y Premio Nacional de Ensayo Magdalena Mondragón 2006, en Torreón, Coah. Es autor de Hacia lo eterno mínimo. Otra lectura de 'Muerte sin fin' (Sría. de Cultura de Puebla, 1995), A pesar de los escombros (FNCA/Nautilium, Méx., 1995), Espejo a la deriva (Edit. Praxis, Méx., 1996), La pugna sagrada. Comunicación y poesía (Edic. Coyoacán, Méx., 1997, 1ª. reimp., 2004), Chiapas. Nueva fiesta de pájaros (Edit. Praxis, Méx., 1998), Cantares del Escriba (Cuadernos de Malinalco, Toluca, Edoméx., 1999), Chiapas. Dimensión social de la narrativa (Edaméx., Méx., 1999), Espuma negra (poemas, UAEM/Edit. La Tinta de Alcatraz, Toluca, Edoméx., 2000), Piedra que germina (Instituto Sonorense de Cultura, Hermosillo, Son., 2001) y El secreto del verso (Linajes Edit., Edoméx., 2001). Recientemente publicó el poemario Rubor de la ceniza (Edit. Praxis, Colec. Dánae, Méx., 2002), Fulgor de la desdicha (Instituto Mexiquense de Cultura, Toluca, Edoméx., 2002), Poética de lo sagrado. El lenguaje de Adán (Edic. Coyoacán, Méx., 2006) y  Jaime Sabines. Entre lo tierno y lo trágico (Edit. Praxis, Méx., 2007). Ha colaborado en diversos medios de comunicación social. Pertenece al PEN Club-México. Radica en la capital mexicana desde hace muchos años.
 

 
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ESPUMA MELANCÓLICA

 
La mujer que espera bajo la lluvia,
la que siembra
pensamientos en la hoguera,
gime, se estremece.
Sus pechos, violentas rosas, braman.
Sus muslos se abren
con denso escalofrío.
Su voz, espuma melancólica,
entrega vaticinios
como una Luna Nueva que galopa.
La noche, complacida,
la corteja.
En la fronda los pájaros maduran.
 

Óscar Wong

 
(Del libro Razones de la voz, CNCA, Colec. Práctica Mortal, Méx., 2002, 73 pp.)
   
CANTIGA PARA LA HERMANA ESTHER
 
¿Qué de vos y de mí, señora,
qué de vos y de mí dirán?
 
De vos dirán, mi señora,
la merced que me hacéis,
y que cosa justa es
querer a quien os adora;
y que siempre como agora
muy fuerte y firme os verán.
¿Qué de vos y de mí, señora,
qué de vos y de mí dirán?
 
(Del Cancionero general, Amberes, 1557)
 
 
Esta es la frontera de la luz,
estas mis manos que germinan.
Este es el grito que centellea
como luciérnaga en el fondo del deseo.
 
He aquí el cansancio,
el ronco viento en la garganta del mundo,
la atadura del cielo,
la terca pesadumbre.
 
Aquí se pervierte la ternura.
 
  
DEL MÁS ARTERO de mis actos,
de mi más profundo vuelco,
de las calles y el verano mordido por la prisa,
de esta espera
/entera,
intento salpicar las muertes de la ira.
 
Hoy no te invoco, hermana,
para consagrar la Luz que germina en tus pupilas,
hoy no te digo el aire,
ni el pueblo que transpira en la memoria,
hoy no te hurto el suspiro ni el pañuelo.
 
Hoy me partiste el alba,
le diste un puñetazo a los espejos.
 
Hermana.
Amada.
Mi Señora.
Espía de Dios.
Qué sencillo es sermonear: la vida es un transcurso,
una enseñanza.
El dolor
-insiste-
es señal de alegría, porque después es un recuerdo,
un pequeño grano de sal en la memoria.
 
Qué sencillo es habitar el día
oloroso a patio de convento,
qué fácil es reflexionar
cuando no golpea el mundo.
 
 
A ver, Amada,
la que Dios fizo delicada.
Te reto a que deambules por el desastre diario,
a que entregues tus carnes a la ira,
al bocado que duele cuando no se tiene.
 
A ver, hermana,
pecadora que hueles a salmos y aleluyas.
A ver.
 
¿Soy tu burla, tu espejo, tu cilicio?
Soy tu hombre, tu espera, tu berrinche.
Por eso ven al sol, al viento,
a lo mejor del tumbo,
a la vieja, terca, ansiosa contradicción
del hombre enamorado.
 
Bendiga Dios tus ojos, tu vista, tus pupilas.
Mendigo yo tus muslos, tu vientre, tus pezones.
Bendiga el Señor tu mente, tu camino.
Te pida yo el dolor la boca, los rubores,
tus rizos, tu sangre, tu maraña.
 
Porque hoy perdí mi vieja
capacidad de amar, de darme al mundo
sereno, solidario.
Perdí mi voz, mis verdes ramas
y no tengo la brisa, mariposas, ni montañas.
Ni siquiera ese color de mar que me embelesa.
 
Yermo de ti,
a punto de la queja y la agonía,
la noche incendia el horizonte.
 
TODAVÍA RECUERDO: luego de los besos,
noticias del pueblo y otros dimes
te quejabas, mentirosa, de la fiebre.
Hablaste de una Revelación, del Niño
buscando tu consuelo.
Y preparaste el cebo, abonaste el terreno
para que mi corazón, idiota, se tragara los anzuelos:
 
"te vuelvo a repetir:
yo te amo,
aun habiendo jurado no querer a ninguna otra persona
más que a mi Cristo Jesús,
pues nadie más que Él sabe que te adoro
y a pesar de eso
yo renuncié a tu amor para seguirlo
y demostrarle que lo amo también".
 
Me conmueve tu verbo.
Me rasga el corazón, me precipita.
Cómo luchar ahora,
cómo enfrentar tus genes, tu memoria,
cómo volcar el Símbolo, su rastro, sus alcances.
 
¿Te acuerdas de la iglesia
que persiste en nuestro pueblo?
La aborrezco, me emperro: la destruyo,
porque todo lo que huela a rezos, a ceras y conventos
me llega, me llaga, me punza, me encabrita.
 
Ahora soy un brujo, un huracán, un ocelote.
Un nahual convertido en este monte,
en caimán, en puma, en bruma.
 
Soy la garra que gruñe en esta selva,
soy un tapir husmeando entre los mangles.
 
Soy un mono,
tarántula, serpiente,
alcaraván picoteando los oídos.
 
Te reto a que me sigas,
me trepo en tu recuerdo.
Husmeo tus plantas, tus piernas, tu cadera.
Muerdo tu vientre, lamo tus pezones.
Me vengo como una larga daga.
 
Soy la araña columpiándose en la pared de tu retiro,
soy el viento que apaga veladoras,
soy el gallo que quiebra tus salmos y oraciones,
soy el ansia dormida
/eterno quiste que sangra en tu regazo.
 
Te reto a que respires la violencia de mi cuerpo
y reposes, jadeante, entre mis piernas.
Te invoco a que zozobres
y que tu vulva se estremezca complacida.
 
Escápate, retoza, vuelve pronto.
 
Rompo la espuma.
Escupo.
 
Que doblen las campanas.
 
 
 México, D. F., abril 1º. de 1981.
 

ÓSCAR WONG


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30 AÑOS DE NOMBRAR AL MUNDO
 
Por Óscar Wong
 
“El poeta es un solitario inadaptado, lobo hambriento que odia al rebaño, y si hace estragos en el redil no es por hambre, sino porque el lobo ama la libertad, y la soledad le pesa como castigo. Entonces aúlla, espanta y extiende el terror para recordarle al rebaño que existe, que la tierra gira y la vida pasa, que es peligroso dormir sin soñar, y que ahí está él como un centinela de la noche para desatar el terror y limpiar los pecados del mundo con la sangre del Cordero”.
 
Las palabras de Gonzalo Arango aún resuenan en mi conciencia como una turbulencia reveladora, acosándome, revitalizándome, incitándome desde que decidí adentrarme en este denso territorio de palabras, trazando signos, descifrándolos, nombrando una y otra vez al mundo. De cuando en cuando abandono el Wongnasterio para hostigar al rebaño timorato, para recordarle que “las máscaras podridas/ que dividen al hombre de los hombres,/ al hombre de sí mismo” son ficticias, pero que ellos las construyen para llenar el vacío que los acoge, que los sobrecoge, aunque esa sea su naturaleza.
 
En verdad que me siento agradecido con la vida por mi linaje, por mis orígenes dinásticos, sobre todo porque tuve un padre que veía al mundo no con la óptica burda y hasta grosera del occidental, sino con la milenaria sabiduría de los ancestros chinos, con la constancia y disciplina que forjan universos y descubren la infinita multiplicidad de las diez mil cosas que integran al Cosmos:
 
Mi padre fue un incrédulo rey mago que llegó a nuestro sur siguiendo la otra cara de su estrella.
Vino de mar en mar,
desde una isla donde se entrecruzan terremotos, dinastías y vientos,
y fundó unas colonias de secretas nostalgias y traicionera sal
que absorbieron un día y otro día las ávidas arenas.
 
Los versos de la argentina Olga Orozco son exactos para cantar esta insólita raigambre de la que provengo y que desde luego ha marcado mi expresión lírica. Pero también debo decir que tengo una madre chiapaneca quien a pesar de su estatura material, y más ahora disminuidas por la fragilidad de la vejez, supo enseñarme a visualizar que lo más diminuto e imperceptible contiene más relevancia que la ordinaria desmesura. Después supe que esa sensible visión maternal era la misma que está presente en Whitman cuando canta el misterio de la existencia que persiste en una hoja de hierba. O en Sabines, cuando invoca al Amor como el silencio más fino. Comprendí que los poetas descubren la fugaz permanencia de lo eterno, la profundidad fugitiva de lo sacro, los múltiples aspectos de la kratofanía. La piedra sagrada está ahí, develándonos el Nombre, su Nombre:
 
Aun la palabra roca no viene de las rocas.
La palabra es más densa que la roca,
resquebraja la roca,
es el cardillo armado, que sabe de su imagen,
el agua enternecida con lo que refleja.
 
Eduardo Lizalde lo ha dicho muy bien y por eso lo cito. En estos 30 años he sabido y a veces he padecido a la perfección de los accidentes de la substancia aristotélica, aunque el infaltable Quevedo lo exterioriza de manera más convincente: No sentí resbalar, mudos, los años. Treinta años adentrándome en el laberinto existencial, reencontrándome a veces con mis inicios, entrelazándome a punto de la asfixia. Del oroburus al caduceo he descubierto que la Poesía es terriblemente celosa, melosa: amarga como la miel del libro que degustó Juan de Pathmos a instancias del Ángel. Y esta Revelación me perturba, me empequeñece, me hace enmudecer. El Vibrante Haz Luminoso que desciende durante la Eucaristía me obliga a arrodillarme. Y me sé un simple ser humano atento a la resonancia del Cosmos, tratando de balbucear algunas palabras. Estas palabras.
El lenguaje prosaico -lo sabemos- con toda su carga lógica, conceptual, se opone al lenguaje poético, que se devela por el ritmo, las imágenes y la multiplicidad de significados simultáneos. Pero también es primordial su dimensión mágica, mítica, sagrada. Robert Graves me susurra la famosa tríada irlandesa del siglo XIII:
 
Es mortal mofarse de un poeta,
amar a un poeta,
ser un poeta.
 
(Palabras de Óscar Wong expresadas durante el evento conmemorativo de sus 30 años como poeta, realizado en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes el miércoles 10 de noviembre de 2004 en la Ciudad de México, D. F.)

   
 Todas las cosas arden si te miro.
Todas las piedras germinan si te amo.
Óscar Wong

http://poesiadewong.blogspot.com


 

 
Te reto a que respires la violencia de mi cuerpo
y reposes, jadeante, entre mis piernas.
Óscar Wong
http://poesiadewong.blogspot.com

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