domingo, 6 de enero de 2013

Una lágrima, por ERA

Una lágrima
Por ERA

Una tarde cualquiera de mi vida, después de terminar con la faena de comer con mi familia y hasta de dormir la siesta reparadora de la común desmañanada que la atención a mi chinampa me obligaba, me decidí a comenzar la fiesta, que eventualmente con mis amigos de cantina, en el dominó y los tragos como apuesta, se había convertido en una singular rutina.
Caminando por la empolvada calle, pasé por un costado de la iglesia  de Xaltocan no sé porque  cambié el rumbo y de penitencia me introduje al templo, de pasadita una oración y persignada, aunque no sea domingo siempre será bueno.
Me quedé sentado un momento sobre la fría y enorme banca realizando un inútil intento por recordar una oración que mi madre de niño me enseñara.
De pronto descubrí al píe de la escalinata, sentada frente a la imagen peregrina de la virgen de los Dolores, una figura de mujer pálida y  bastante delgada con dos pequeños que dormitaban, sobre su amoroso regazo.
Entre sollozos la escuché que musitaba:
Le pido por favor que me haga caso,ya no puedo más, esto que me pasa es insoportable; mi hijos se mueren, sus míseras ropas no tapan su frío,el hambre marchita sus cuerpecitos.
Después que mi viejo se fue de la casa, disque de brasero a traer la plata, y con los años no regresara, yo por mi parte le di duro a la lavada ajena, pero mis manos se hirieron y se me infectaron y al verlas tan feas no me dan trabajo y los de mi familia me dieron la espalda, me echaron fuera de mi  humilde casa disque tienen miedo de contaminarse, pero si lo hicieron, fue para quedarse con esa casita, que me dejó mi tata, y como no tengo quien me defienda y quien me ayude vine a buscarle, porque sé que como madre en suplicio me entiende y a lo mejor y me concedes milagro para mi causa.
Reflexionando le habló: ¡Pero cómo me atrevo a ser de veras tan ingrata¡ cuando tienes tanto que atender, cuántos de tus hijos sufren peores hambres que lo míos, cuántos están muriendo de frío y sed, pero debes comprender, aunque estés muy ocupada, que es tanto mí padecer y que para mí no hay jornada  más que para limosnear un mendrugo o un poco de agua y al ver sufrir a mis hijos humildemente he venido a molestarle a su casa.
La mujer se puso en pie, de pronto, vi como en lo alto, una luz blanca y hermosa Iluminó el rostro inmaculado de la virgen dolorosa, una lágrima sagrada de sus ojos fue surgiendo, ante mi incrédula mirada.
La mujer sonrío, ella tenía las lágrimas de la virgen en su cara, y agradecida le dijo: !Gracias virgencita¡ !mil gracias por escucharme¡
sé que de hoy en adelante ya nos cambiará la suerte, vamos hijos denle las gracias a la virgencita.
Ellos no comprendían a su madre pero yo si le entendí.
Ahora vive en mi casa, sus hijos son los hermanos de mis hijos, sus manos han sanado, ella ayuda en los quehaceres a mi esposa y tienen un rincón para vivir, quien iba a imaginar tal cosa,  que esa tarde que falté a mi rutina, a mis amigos, a los tragos de cantina presenciaría de la imagen un milagro que de profunda  alegría me ha llenado, y a veces pienso… a cuántos podríamos dar y no les damos.

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