sábado, 14 de mayo de 2011

Isla Negra 7/283


Isla  Negra 7/283
Casa de poesía y literaturas
2004 - mayo - 2011
suscripción gratuita. Lanusei,Italia. Dirección: Gabriel Impaglione.
Publicación inscripta en el Directorio Mundial de Revistas Literarias UNESCO
revistaislanegra@yahoo.es  -           Especial Roque Dalton          - http://revistaislanegra.blogspot.es
"Aquel populista
era un hombre bueno,
hecho de pedasitos
de hombres muy malos...
Martín Micharvegas - Del libro inédito "Parajodidísimas" ( Bs.As. - Madrid // 2006- 2010 ), escrito en fonética rioplatense

Roque Dalton
El Salvador – 1935 - 1975
Por qué escribimos

Uno hace versos y ama
la extraña risa de los niños,
el subsuelo del hombre
que en las ciudades ácidas disfraza su leyenda,
la instauración de la alegría
que profetiza el humo de las fábricas.

Uno tiene en las manos un pequeño país,
horribles fechas,
muertos como cuchillos exigentes,
obispos venenosos,
inmensos jóvenes de pie
sin más edad que la esperanza,
rebeldes panaderas con más poder que un lirio,
sastres como la vida,
páginas, novias,
esporádico pan , hijos enfermos,
abogados traidores
nietos de la sentencia y lo que fueron,
bodas desperdiciadas de impotente varón,
madre, pupilas, puentes,
rotas fotografías y programas.
Uno se va a morir,
mañana,
un año,
un mes sin pétalos dormidos;
disperso va a quedar bajo la tierra
y vendrán nuevos hombres
pidiendo panoramas.
Preguntarán qué fuimos,
quienes con llamas puras les antecedieron,
a quienes maldecir con el recuerdo.
Bien.
Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.
                                                                                                     en La Ventana en el Rostro.


Sobre nuestra moral poética
" No confundir, somos poetas que escribimos desde la clandestinidad en que vivimos. No somos, pues, cómodos e impunes anonimistas: de cara estamos contra el enemigo y cabalgamos muy cerca de él, en la misma pista. Y al sistema y a los hombres que atacamos desde nuestra poesía con nuestras vidas les damos la oportunidad de que se cobren, día tras día ".
(Dalton, Poemas Clandestinos)
Mensaje de la familia Dalton
San Salvador, 2 de mayo de 2011.

Amigo y hermano Gabriel Impaglione:

Quería, en nombre de mi familia, saludar muy cálidamente a todos los escritores, intelectuales, artistas y organizadores del V Festival Internacional de Poesía, Palabra en el Mundo.

Se que este esfuerzo es una red internacional con una muy buena comunicación, vida, cultura y esperanza en un mundo mejor y justo.

Esa comunicación nos permitió organizar y rendir un homenaje a nuestro poeta Roque Dalton, de El Salvador y del mundo entero, de la Poesía que está unida por “la sangre unánime de los que luchan por la vida” (estas son dos frases poéticas de Roque Dalton y de Otto René Castillo, hermanos en la lucha y en la poesía).

Queremos agradecer enormemente este inmenso acompañamiento que los poetas nos están brindando en el reclamo de justicia que hemos hecho al Estado Salvadoreño por el asesinato de Roque Dalton hace 36 años, el 10 de mayo de 1975. Confirmamos una convicción que siempre hemos tenido: Nunca hemos estado solos en el reclamo de justicia y en el cese de la impunidad en el caso Dalton.

El asesinato de Roque Dalton enlutó a la humanidad, pero la impunidad que se mantiene aún en su caso, es una verdadera vergüenza sin razón, después que en El Salvador se ha abierto un proceso de democracia y de intentos más firmes de reconciliación.

Como familia seguiremos esperanzados en que la justicia tendrá que llegar; vamos a conocer la verdad y reivindicaremos la obra y la vida de Roque Dalton como debe ser y como se merece.

Sólo así estaremos seguros que nunca más en El Salvador un poeta será asesinado. ¡Nunca más!

Un abrazo fraterno a todos,
  
Aída Cañas Vda de Dalton, Juan José Dalton Cañas, Jorge Dalton Cañas




Carta de Hernán Loyola


Tuve el privilegio de conocer personalmente a Roque Dalton en Praga y en La Habana, de disfrutar su amistad y la infinita gracia de sus conversaciones y de sus versos, así como de admirar su sinceridad y coraje revolucionarios. Por lo cual me sumo con decisión a los esfuerzos para esclarecer el asesinato de Roque y castigar a sus asesinos.

Hernán Loyola, chileno de origen, italiano de adopción (vive en Sassari desde hace más de 30 años), catedrático de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Chile, Santiago, hasta septiembre de 1973, y en la Universidad de Sassari 1974-2002; estudioso de Neruda, editor de sus Obras Completas (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 1999-2002) y de la reciente Antología General (RAE-Academias-Alfaguara, 2010), y autor de Neruda / La biografía literaria, tomo I (1904-1932), Santiago, Seix Barral, 2006 (en preparación el tomo II).


Palabras de Víctor Casaus

"Respecto a Roque, se trata de recordar la dimensión de su figura y su obra, y de estar con su familia, con sus hijos a la hora de buscar la verdad en cuanto a su destino final. Creo que estos temas de la memoria son muy importantes para el desarrollo de la vida, de la sociedad, de los pueblos, de la gente.”

Poeta cubano, Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de la Habana, director del Centro Cultural Pablo de Torriente


Mensaje de Galel Cárdenas

Me adhiero a esta demanda de justicia, el asesinato de Roque Dalton es un hecho sin precedentes sobre un poeta latinoamericano revolucionario sin par y ejemplo de las generaciones venideras. Su asesinato no es justificable en un proceso revolucionario armado. Deben castigarse a los culpables. Justicia que llega tarde no es justicia, pero, es consuelo para los deudos. Justicia hoy, mañana y siempre es una ley revolucionaria.

Poeta Hondureño, Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Honduras
Roque Dalton
Hora de la ceniza

Finaliza Septiembre. Es hora de decirte
lo díficil que ha sido no morir.
Por ejemplo, esta tarde
tengo en las manos grises
libros hermosos que no entiendo
no podría cantar aunque ha cesado ya la lluvia
y me cae sin motivo el recuerdo
del primer perro a quien amé cuando niño.
Desde ayer que te fuiste
hay humedad y frío hasta en la música.
Cuando yo muera
sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable,
mi bandera sin derecho a cansarse,
la concreta verdad que repartí desde el fuego,
el puño que hice unánime
con el clamor de piedra que exigió la esperanza.
Hace frío sin ti. Cuando yo muera
dirán con buenas intenciones
que no supe llorar.
Ahora llueve de nuevo.
Nunca ha sido tan tarde a las seis menos cuarto
como hoy.
Siento deseos de reír
o de matarme.


Roque Dalton
País mío no existes

sólo eres una mala silueta mía
una palabra que le creí al enemigo

Antes creía que solamente eras muy chico
que no alcanzabas a tener de una vez
Norte y Sur
pero ahora sé que no existes
y que además parece que nadie te necesita
no se oye hablar a ninguna madre de ti

Ello me alegra
porque prueba que me inventé un país
aunque me deba entonces a los manicomios

Soy pues un diosecillo a tu costa

(Quiero decir: por expatriado yo
tú eres ex — patria)



Roque Dalton
El vanidoso

Yo sería un gran muerto.

Mis vicios entonces lucirían como joyas antiguas
con esos deliciosos colores del veneno.
Habría flores de todos los aromas en mi tumba
e imitarían los adolescentes mis gestos de júbilo,
mis ocultas palabras de congoja.

Tal vez alguien diría que fui leal y fui bueno.
Pero solamente tú recordarías
mi manera de mirar a los ojos.
Roque Dalton
Solidaridad

En el pasillo el anciano se prepara para la pelea
teme particularmente los jabs al hígado
y no va dar razón a la colmena ávida

Es un hombre completamente de este siglo
al albañil algebraico aguardentoso
acostumbrado a saltar con ayuda del báculo
por sobre las parejas que hacen como pichones caídos
el amor

El pasillo le queda un tanto corto
porque al fin y al cabo el campeón es el campeón
pero no todos pueden tocar el arcoiris

La peor es la colmena que ahora mismo en las calles
recoge como colillas de cigarro el rencor

Es lo más que se me ocurre decir al respecto




Roque Dalton
La violencia aquí
A José David Escobar Galindo,
* «Perra de Hielo».
En El Salvador la violencia no será tan sólo
la partera de la Historia.

Será también la mamá del niño-pueblo,
para decirlo con una figura
apartada por completo de todo paternalismo.

Y como hay que ver la casa pobre
la clase de barrio marginal
donde ha nacido y vive el niño-pueblo
esta activa mamá deberá ser también
la lavandera de la Historia
la aplanchadora de la Historia
la que busca el pan nuestro de cada día
de la Historia
la fiera que defiende el nido de sus cachorros
y no sólo la barrendera de la Historia
sino también el Tren de Aseo de la Historia
y el chofer de bulldozer de la Historia.

Porque si no
el niño-pueblo seguirá chulón
apuñaleado por los ladrones más condecorados
ahogado por tanta basura y tanta mierda
en esta patria totalmente a orillas del Acelhuate
sin poder echar abajo el gran barrio fuerteza cuzcatleco
sin poder aplanarle de una vez las cuestas y los baches
y dejar listo el espacio
para que vengan los albañiles y los carpinteros
a parar las nuevas casas.




Roque Dalton
Después de la bomba atómica

Polvo serán, mas, polvo enamorado?
Roque Dalton
50 Aniversario

Un hombre sale al patio trasero de su casa
(ahí no llega nunca el duro viento del otoño)

tiene en sus manos una pequeña copa de aguardiente
y se mesa con cariño el cabello

aquí las canas del hambre
aquí las de aquel día en que fue héroe
entre miles de héroes
aquí las huellas del asco
las señales de quien tocó con dedos jóvenes la grandeza
las del temor
la de la inmensa alegría
las del todopoderoso conocimiento

En el fondo del cielo luce una estrella
que él llama esperanza

el hombre alza su copa
y bebe



Roque Dalton
Desnuda

Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros
como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.
Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como un niño perdido
que en ti dejara quietas su edad y sus preguntas.
Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que me nutre,
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a las sombras los deseos me ladran.
Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.





Roque Dalton
El obispo

Los hombres en este país son como sus madrugadas:
mueren siempre demasiado jóvenes
y son propicios para la idolatría.

Raza dañada.
La estación de las lluvias es el único consuelo.


Roberto Fernández Retamar
Con Roque siempre
                                    A  Aída

Antes que a Roque, conocí, sin saber que era de él, su poesía. He escrito a propósito de esto en otras ocasiones, por lo que no pretendo ser aquí  original. A lo largo de los más de cincuenta años de vida de la Casa de las Américas, solo en dos ocasiones he integrado el jurado de su premio anual de poesía, y en ambas, obras de Roque fueron distinguidas. Una, fue en enero de 1962, cuando los libros se presentaban con seudónimos, de modo que al encontrarme, deslumbrado, con los versos de El turno del ofendido, ignoraba quién sería su autor. Tal libro, a petición mía, obtuvo mención en el concurso, y la Casa lo publicó en bella edición... Siete años más tarde, en 1969, volví a formar parte del jurado, y en esa oportunidad el premio fue para el libro de Roque Taberna y otros lugares, un título imprescindible en la poesía del siglo XX.

Para entonces, a diferencia de la vez anterior, yo ya sabía bien quién era Roque, y me unía a él una amistad fraternal. Poco después de leer El turno del ofendido, me fue dable encontrarme con su autor, quien había viajado de México a Cuba para participar en una reunión política.. Nos conocimos en una librería habanera, y nos hicimos desde el primer momento viejos amigos. Sobre él escribí y publiqué en la revista  Casa  el poema «Carta a Roque Dalton». En mi cuarto de trabajo tengo una foto suya que me dio con esta dedicatoria: «Para mi querido hermano Roberto Fernández Retamar, esta foto en pose de abnegación. Roque. 1963». Nos unían ideales literarios, personales, políticos (muy fuertes en él), si cabe hacer estos distingos. En 1962, a sus veintisiete años, ya Roque era uno de los poetas más destacados de aquel tiempo americano. Y vista su tarea en conjunto, creo poder decir que es el poeta más representativo de nuestra generación, a la cual José Emilio Pacheco sugirió que se la llamara «del 59» por razones obvias, y que cuenta con grandes voces y grandes muertos. Mario Benedetti, a propósito de estos últimos, compiló la antología Poesía trunca, editada por la Casa de las Américas, donde Roque ocupa lugar primordial. En 1963, en una intervención en la Biblioteca Nacional de Cuba, anuncié que no estaba lejano el día en que se diría «Dalton» como entonces, en 1963, se decía «Vallejo» o «Neruda». Hace tiempo que ese día llegó, y jóvenes de muchas partes lo proclaman. Me enorgullece que así sea, y me congratula, por ejemplo, que atendiendo la solicitud que le hice para una entrega de la revista Casa dedicada al centenario de Lenin, Roque me diera unos poemas que crecerían hasta ser Un libro rojo para Lenin. Por otra parte, como se sabe de sobra, su extraordinaria faena en verso es solo una parte de su extraordinaria faena literaria. Pero en estas líneas no pretendo hacer un balance de su obra ni de su excepcional vida, sino evocar su presencia entre nosotros.

Esa presencia llegó a ser familiar. Recuerdo, por ejemplo, la noche en que Roque llegó a casa con Aída y sus tres hijos para la cena de Navidad. O cuando Roque nos visitaba con flores porque estaba enamorando a mi hija más pequeña, entonces de dos años, quien tiempo después me dijo que ella había creído de veras que Roque era su novio. Adelaida conserva un libro de Roque dedicado «A mi suegra». Algunos años más tardes, uno de los hijos de Roque tuvo pretensiones acaso menos candorosas a propósito de una de mis hijas.

Mis relaciones intelectuales con Roque se hicieron más fuertes cuando lo invité a formar parte del comité de colaboración de la revista Casa de las Américas. Evoco ahora en particular una noche de enero de 1967 en que los miembros de dicho comité tuvimos una cena con Fidel que se prolongó hasta el amanecer, ocasión en que Fidel y  Roque se enzarzaron en observaciones sobre el uso de cierta arma. Sin duda la Casa fue la institución cubana a la cual Roque estuvo más vinculado. Además de los ya nombrados, la Casa publicó varios de sus libros. Pero Roque desbordó la Casa. Ejerció influencia en varios de  los jóvenes poetas nucleados en torno al primer Caimán Barbudo; publicó en las revistas Unión, Pensamiento Crítico y Tricontinental; y, desde luego, se entrenó en Cuba para las tareas revolucionarias que se propuso. Su identificación con nuestro país fue tal, que en una glosa relampagueante de un verso de Martí pudo escribir: «Dos patrias tengo yo: Cuba y la mía».

Como corresponde a las verdaderas grandes amistades, la nuestra sobrevivió a las discusiones. Tuvimos una en 1970, y al día siguiente, 20 de julio, Roque me hizo llegar la siguiente carta: «Estimado Roberto:// Por este medio te reitero mi decisión en el sentido de renunciar a mi calidad de miembro del Consejo de Colaboración de la revista Casa.// Quiero que sepas mi agradecimiento por haberme permitido colaborar en la labor que ha hecho de nuestra Revista una de las más importantes de América Latina y de la Revolución Latinoamericana.// Quiero asimismo insistir en mi fraternidad para ti, nunca desmentida, y en el deseo de que ambos, desde el nivel de nuestras particulares posibilidades, sigamos trabajando en la vida de la Revolución, inclusive uno en nombre del otro.// Con el mismo abrazo:// Roque».

Meses después se disolvió el mentado comité (que Roque llamó consejo) de colaboración, y  Roque volvió a publicar en la revista Casa. Pero quiero llamar especialmente la atención sobre su  «deseo de que ambos, desde el nivel de nuestras particulares posibilidades, sigamos trabajando en la vida de la Revolución, inclusive uno en nombre del otro». Porque la realidad iba a darme una terrible ocasión de verificar esas palabras, de hablar a nombre de él... Hace ahora treinta y cinco años, comenzó a circular, en forma vaga, la noticia de su muerte. Fui corriendo a la imprenta y escribí, al final de la entrega 91 de la revista, con el título «Compañero Roque Dalton», estas líneas: «Al comenzar a imprimirse este número de Casa de las Américas, distintas agencias de prensa están trasmitiendo la noticia de la muerte en su patria, en condiciones todavía no aclaradas, de nuestro querido compañero Roque Dalton. Confiamos en que esta noticia sea falsa, y nos sea dable seguir contando por mucho tiempo con su magnífica presencia creadora. Pero si fuera cierta, el haber conocido íntimamente y durante largos años a Roque Dalton, autor de una obra brillante, combativa y hermosa, nos permite asegurar que hasta el final tiene que haber sido fiel a su vida: una vida al servicio de la Revolución, al servicio de los pueblos de nuestra América, que él defendió y expresó sin cansancio.»  Por desgracia, la espantosa noticia resultó cierta, y en el número 92 de la revista Casa, con fecha de agosto de aquel año y la firma de la institución, escribí  «Sobre nuestro compañero Roque Dalton» estas palabras: «Cuando hace algunos meses comenzó a circular la especie de la muerte de nuestro querido compañero y amigo Roque Dalton, nos negábamos a dar crédito a una noticia que tenía todas las trazas de las groseras calumnias que el enemigo no se cansa ni se cansará de urdir […] Confiábamos que Roque estaba vivo, y desmentiría de un momento a otro esa falsa noticia. Desgraciadamente, a estas alturas no nos es dable ya mantener esa esperanza, y estamos en la obligación de hablar por él, y rechazar en todos sus puntos, con la autoridad que nos da el haberlo conocido íntimamente durante los muchos años que estuviera vinculado a nuestra institución, las infames acusaciones que sus asesinos le lanzaran.// Según lo que sabemos, el 10 de mayo último Roque Dalton fue cobardemente ultimado por una minúscula fracción de la organización revolucionaria salvadoreña en que militaba, Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP): fracción que previamente había sido acusada por la dirección del movimiento de desviación militarista y de extremismo pequeñoburgués. El asesinato de Roque Dalton y de otro compañero ratifica dramáticamente lo correcto de ese planteo.// Roque Dalton ha muerto como vivió, fiel a su patria, a la Revolución latinoamericana, al marxismo-leninismo. Precisamente esta fidelidad es lo que no pudieron perdonarle quienes, inficionados con los gravísimos errores de un seudoizquierdismo antisoviético, anticubano, antirrevolucionario, han prestado al enemigo un servicio impagable. La historia los considerará como simples criminales que pretendieron aniquilar, en la persona de un luchador incansable, una limpia y abnegada postura; y conservará el nombre de nuestro querido compañero Roque Dalton, revolucionario consecuente, intelectual brillante y combativo, hombre generoso y cordial, amigo inolvidable, entre los nombres de los héroes, mártires y creadores de nuestra América.»

El asesinato de Roque y la monstruosa acusación que sus asesinos le hicieran provocaron honda conmoción. En el número 94 de la revista Casa le dedicamos un homenaje con el título «Para Roque: el turno del ofendido». En su introducción, se leía de él que «fue –y seguirá siendo– nuestro amigo, nuestro compañero, nuestro hermano. En la Casa de las Américas trabajó, publicó, discutió, enriqueció. Compartimos con él buena parte de su vida, la vida de un revolucionario infatigable, un intelectual creador, un hombre útil que provocaba cariño, admiración y alegría. […] Un grupo de amigos, compañeros y admiradores le dedican hoy aquí estas palabras. Muchas más le dedicaremos. Pero sobre todo estamos seguros de que su pueblo esgrimirá su nombre como bandera de combate, y hará que su utilidad, como corresponde a todo revolucionario verdadero, llegue más allá de su muerte. Descansarás en la lucha, hermano Roque. Estarás presente, con una sonrisa, en la victoria.» El homenaje incluyó textos, entre otros, de Julio Cortázar, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Régis Debray, Manuel Galich, Carlos María Gutiérrez, Efraín  Huerta, Margaret Randall, René Depestre y yo.

En este mayo de 2010 Roque hubiera cumplido setenta y cinco años. Para conmemorarlo, publicaremos el volumen Materiales de/sobre Roque Dalton en la  revista «Casa de las Américas», con prólogo de  Aurelio Alonso, quien también fue su amigo y compañero. Y, sobre todo, tenemos y tendremos siempre presente a Roque.
 
La Habana, 4 de mayo de 2010
Roberto Fernández Retamar es poeta, ensayista y director de Casa de las Américas



Roque Dalton
Cartita

Queridos filósofos,
queridos sociólogos progresistas,
queridos sicólogos sociales:
no jodan tanto con la enajenación
aquí donde lo más jodido
es la nación ajena.




Mensaje de Alfonso Veliz Tobar

Me adhiero también en nombre de la cultura y la justicia humana a que se condene tan impune crimen y error de parte de sus hechores en el crimen de nuestro querido poeta Roque Dalton, que si estuviera vivo, me imagino como estuviera dando sus vitales aportes a los momentos políticos y cuanto no dejamos de percibir de su pensamiento teórico y de su genial imaginación poética, el asesinato de Roque Dalton debe enjuiciar a los hechores y ponerlos ante la historia del mundo.

Alfonso Velis Tobar,  escritor y poeta salvadoreño, coordinador del Taller Literario Alfonso Hernándes
Roque Dalton
Todos

Todos nacimos medio muertos en 1932
sobrevivimos pero medio vivos
cada uno con una cuenta de treinta mil muertos enteros
que se puso a engordar sus intereses
sus réditos
y que hoy alcanza para untar de muerte a los que siguen naciendo
medio muertos
medio vivos.

Todos nacimos medio muertos en 1932.

Ser salvadoreño es ser medio muerto
eso que se mueve
es la mitad de la vida que nos dejaron.

Y como todos somos medio muertos
los asesinos presumen no solamente de estar totalmente vivos
sino también de ser inmortales.

Pero ellos también están medio muertos
y sólo vivos a medias.

Unámonos medio muertos que somos la patria
para hijos suyos podernos llamar
en nombre de los asesinados
unámonos contra los asesinos de todos
contra los asesinos de los muertos y los mediomuertos.

Todos juntos
tenemos más muerte que ellos
pero todos juntos
tenemos más vida que ellos.

La todopoderosa unión de nuestras medias vidas
de las medias vidas de todos los que nacimos medio muertos
en 1932.





Roque Dalton

Como declaración de principios


Sea cual sea su calidad, su nivel, su finura, su capacidad creadora, su éxito, el poeta para la burguesía sólo puede ser:

Payaso
Sirviente
Enemigo

El payaso es un sirviente independiente, que nada maneja mejor que los límites de su propia libertad y que un día llegará a demostrarle al pueblo el argumento de que la burguesía "sí tiene sensibilidad". El sirviente propiamente dicho puede tener librea de lacayo o de ministro o de representante cultural en el extranjero, o inclusive pijama de seda para entrar en la cama de la distinguidísima señora. El poeta enemigo es ante todo el poeta enemigo. El que reclama su pago, no en halagos ni en dólares, sino en persecuciones, cárceles, balazos. Y no sólo va a carecer de librea de frac y de trajes de noche, sino que se va a ir quedando cada día con menos cosas, hasta tener tan sólo un par de camisas remendadas pero limpias como la única poesía...

El poeta enemigo no puede ni pensar en realizar su tarea, de naturaleza tan compleja y requerida de tanto rigor, sin una confianza invencible y lúcida en la clase obrera y sin una participación directa en el combate.




Roque Dalton
Poema de amor

Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como "silver roll" y no como "gold roll"),
los que repararon la flota del Pacífico
en las bases de California,
los que se pudrieron en la cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua,
por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,
por hambrientos,
los siempre sospechosos de todo
("me permito remitirle al interfecto
por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser salvadoreño"),
las que llenaron los bares y los burdeles
de todos los puertos y las capitales de la zona
("La gruta azul", "El Calzoncito", "Happyland"),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo
o de las picadas del escorpión o de la barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraron borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.



Comunicado de la familia Dalton

POSICION DE LA FAMILIA DALTON ANTE LA PERMANENCIA EN EL ACTUAL GOBIERNO SALVADOREÑO, DE JORGE MELENDEZ, UNO DE LOS INVOLUCRADOS DIRECTOS EN EL ASESINATO DEL POETA ROQUE DALTON GARCIA

A María García Medrano (Abuela) y Roquito (hijo) in memoriam


Aída Cañas, viuda de Roque Dalton y sus hijos Juan José y Jorge Dalton, sobrevivientes al conflicto armado, han decidido comunicar a los amigos, familiares, admiradores de la obra de Roque, al pueblo y la sociedad salvadoreña en su conjunto, los gobiernos democráticos, así como al resto de intelectuales de América Latina y la comunidad internacional,  nuestra  posición respecto a la actual situación de injusticia perpetrada por el actual Gobierno de El Salvador.

Roque Dalton García fue un intelectual revolucionario íntegro, que desde muy joven se convirtió en líder estudiantil y en un luchador social de genuino arraigo popular. Por su lucha, al igual que muchos compatriotas, sufrió privaciones, persecuciones, cárceles, torturas, amenazas, sentencias de muerte y exilios por parte de las dictaduras militares que oprimieron a El Salvador. Dalton supo, quizás como ningún otro intelectual salvadoreño, combinar obra, vida, aspiraciones y luchas de los más desamparados. Fue un poeta genuino, consecuente y entregado, pese a cualquier costo de la lucha anti dictatorial y dejó claro su vehemente deseo de un verdadero cambio de justicia y derechos para los salvadoreños.

Su quehacer en el mundo de las letras le permitió heredar al pueblo salvadoreño una obra literaria y política que hoy constituye un pilar fundamental de la cultura y la historia nacional y lo ha llevado a ostentar el título de Poeta Meritísimo, reconocimiento póstumo otorgado al poeta por la Asamblea Legislativa  gracias al decreto 186, fechado el 11 de diciembre de 1997 en San Salvador.

La trascendencia de su obra sobrepasa las fronteras de El Salvador y la propia Centroamérica para convertirse en uno de los intelectuales de la región cuya obra ha sido de las más traducidas y motivo de estudios en no pocos centros académicos de gran prestigio a escala mundial como Duke University, Princeton University, Universidad de Nuevo México; en la región se destacan  Universidad José Simeón Cañas, la Casa de Las Américas de La Habana, Cuba, por citar algunas. Dalton formó parte de ese intenso y renovado quehacer literario que fue conocido como el boom de escritores e intelectuales de la década de los sesenta junto a Julio Cortázar, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Juan Gelman, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Heberto Padilla, Efraín Huerta y Thiago de Mello, entre otros. Y es sin duda, una de las voces más influyentes de la Generación Comprometida en El Salvador, que con su accionar  y su obra diera vida a la frase del escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias: “El poeta es una conducta moral”.

Con la  responsabilidad que hemos salvaguardado la obra de nuestro padre y la modestia que nos asiste en este compromiso no podemos dejar de reconocer que la pasión por su patria y el indiscutible talento literario nos ha permitido contar hoy en día con un imperecedero legado cultural del cual hoy gozamos no sólo nosotros como hijos legítimos y orgullosos, sino también  todos y cada uno de los salvadoreños que con ese auténtico sentido de pueblo describiera en ese ya segundo himno de nación nombrado Poema de amor .

Hace 35 años, siendo aún adolescentes, perdimos a Roque, nuestro padre, sin intuir que El Salvador perdía también a uno de sus más leales hijos, amante de la poesía y la libertad, a uno de los fundamentos de su cultura, de su historia, dejando una herida que no se  ha cerrado después de todos estos años.

Roque Dalton García fue asesinado cruel e injustamente el 10 de mayo de 1975 por decisión de la entonces dirección del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), de la cual sobreviven Edgar Alejando Rivas Mira, Joaquín Villalobos Huezo y Jorge Meléndez. Junto a Roque Dalton García fue asesinado otro salvadoreño de nombre Armando Arteaga, conocido como Pancho.

Testimonios recabados por nuestra familia indican que estos tres dirigentes estuvieron de acuerdo con la ejecución de Roque y Armando. Y fue Rivas Mira, jefe máximo del ERP en ese entonces, quien ordenó a sus inmediatos subalternos, también al frente de la organización, Joaquín Villalobos y Jorge Meléndez, ejecutarlos sumariamente. Poco más de un año después del crimen, Villalobos pasó a ocupar la dirección del ERP. Y al constituirse el FMLN, esta naciente organización acoge en sus filas a Villalobos y a Meléndez, como miembros de su Comandancia General –de diez miembros– pasando por alto la vinculación directa de estos dos dirigentes, en los asesinatos. Esta es quizá una de las más tristes paradojas de la historia de la nación salvadoreña.

Pese a estos treinta y cinco años transcurridos de aquel horrendo hecho que dejó nuestras vidas marcadas para siempre con el dolor infinito de una pérdida irreparable; pese a no saber nunca las condiciones en que fue vilmente asesinado nuestro padre; pese a no saber nunca qué sucedió con sus restos; pese a las solicitudes y gestiones realizadas por nuestra familia ante organismos internacionales como ONUSAL, el FMLN nunca ha asumido su responsabilidad, así tampoco nunca hemos recibido de los victimarios directos declaración alguna de perdón ni a título personal ni como organización que fuera el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). El pacto de silencio y la impunidad no ha permitido develar la verdad sobre el crimen, lo cual por ética, honestidad y moral política debe reparar la actual izquierda salvadoreña.

La familia de Roque Dalton García, junto a los miles de salvadoreños que tienen a sus familiares desaparecidos o que fueron asesinados de manera cruel e injusta en los pasados años, se siente ahora doblemente agraviada porque la impunidad sigue prevaleciendo en El Salvador, y se nos continúa negando el derecho a la justicia y al esclarecimiento de los hechos. Por ello consideramos el nombramiento de Jorge Meléndez para un puesto de gran relevancia en el actual Gobierno la ofensa más grande en contra de la memoria de Roque Dalton, así como contra su  familia, desde su asesinato. A unos pocos días de conmemorarse el treinta y cinco aniversario de su muerte, este hecho por el cual hemos venido reclamando desde su nombramiento en junio pasado constituye un agravio a las aspiraciones de justicia y verdad del pueblo salvadoreño.

Sobre Jorge Meléndez conocido en la guerra como “comandante Jonás” pesan los siguientes hechos:

1. Se ha negado a reconocer su participación intelectual y material en el asesinato de Roque Dalton y de Armando Arteaga, poniendo en duda su carácter de civilidad, idoneidad,  justicia, valentía para asumir la verdad.
2. Fue parte de quienes torturaron física y psicológicamente a las víctimas ya indefensas y en cautiverio.
3. Es responsable también junto a Villalobos de secuestrar y desaparecer los cadáveres de las víctimas y de ocultar a la familia y al pueblo salvadoreño la verdad de los hechos.
4. Es responsable, junto a Villalobos, de haber lanzado una campaña de difamación, especialmente contra la figura y la dignidad de Roque Dalton, que esconde la naturaleza vil y alevosa del premeditado crimen.

Estos acontecimientos harto conocidos y públicamente divulgados en El Salvador y el resto del mundo, que ha seguido de cerca el horrendo crimen del poeta, no fueron tomados en cuenta por quienes decidieron que Jorge Meléndez fuese el Director de Protección Civil, cargo bajo la responsabilidad del Ministerio de Gobernación.

El historial como jefe guerrillero de Meléndez deja mucho que desear; basta mencionar sólo dos hechos: el secuestro, asesinato, extorsión y desaparecimiento del cadáver del empresario Roberto Poma, así como las ejecuciones arbitrarias y sumarias de varios alcaldes del Partido Demócrata Cristiano (PDC), hecho este contenido en el Informe de la Verdad, y que constituyen crímenes de lesa humanidad.

La familia Dalton repudia y condena el nombramiento de Jorge Meléndez como alto funcionario del actual Gobierno que, basando su campaña en el lema del cambio, parece desconocer las verdades históricas o pesan sobre él demasiados compromisos de índole político o deudas de tipo electoreras al punto de dar la espalda al espíritu de justicia hasta llegar a mancillar la memoria del poeta. Paradójicamente, nunca antes hemos visto alejarse más la esperanza de rescatar la verdad y la memoria histórica que en estos tiempos del triunfo de la izquierda  en el poder.

Por todo lo anteriormente expuesto la familia Dalton decide:

No participar, apoyar o avalar acto oficial alguno que, dentro o fuera del territorio nacional, realice el actual Gobierno relacionado con la conmemoración del treinta y cinco aniversario del asesinato de Roque Dalton, o de otra naturaleza ligado a su figura y su obra.
Como herederos legítimos y custodios de la obra literaria y política de Roque Dalton anunciamos que no suscribiremos ni un solo contrato para la publicación o reedición de obras de Roque Dalton por cualquiera de las instancias del actual Gobierno.
No  daremos nuestra anuencia para el uso de la imagen de Roque Dalton, en cualquiera de sus formatos, por parte del Gobierno y sus medios de comunicación.
No daremos nuestro aval para que la Sala de Prensa de la Presidencia lleve el nombre de Roque Dalton, tal como había manifestado interés el presidente de la República.
Solicitamos a las más altas autoridades de Gobierno no pronunciar el nombre de Roque Dalton ni hacer alusión a su obra en sus discursos públicos.

De igual manera, la familia Dalton demanda de las actuales autoridades de Gobierno:

1. Una explicación por parte de los involucrados en este nombramiento tanto a la familia como a la sociedad civil salvadoreña.
2. La destitución inmediata de Jorge Meléndez como jefe de Protección Civil.
3. Y que le sea exigido a Jorge Meléndez el esclarecimiento de los hechos que ayuden en la búsqueda de la verdad sobre el asesinato de Roque Dalton.
4. Se dé una disculpa pública a la familia y al pueblo salvadoreño por esta designación, que no ha hecho otra cosa que profundizar una herida que ha tardado ya demasiado en sanar.

Los crímenes emblemáticos de la sociedad salvadoreña antes y durante el pasado conflicto: Roque Dalton, Monseñor Óscar Arnulfo Romero y los Mártires de la UCA deben ser esclarecidos de una vez y para siempre si se quiere construir una sociedad que descanse sobre la verdadera democracia, con pleno Estado de Derecho y una  verdadera conciencia histórica.

Exigimos el respeto absoluto hacia las víctimas en su derecho de conocer la verdad y reclamar justicia por sus familiares asesinados, torturados y desaparecidos. De lo contrario, seguiremos vanamente empeñados en buscar nuestra identidad de espaldas al pasado, ¿y qué es la historia de una nación sin el reconocimiento de su pasado?

Una vez tuvimos la esperanza que este nuevo Gobierno abriría la puerta a la  justicia y la verdad, al calor de los acontecimientos recientes que han tenido lugar en Chile y Argentina para juzgar los crímenes cometidos durante la dictadura; y de otros ejemplos como el de la sociedad española que ha dado una muestra de valiente reconciliación con su pasado al poner en marcha la Ley de la Memoria Histórica aprobada por el Congreso de Diputados en octubre de 2007. Sin embargo, el Gobierno de El Salvador no ha reconocido que resulta imposible establecer un verdadero Estado de Derecho mientras las heridas del pasado permanezcan sin bálsamo y sutura. A pesar de ello, estamos seguros de que la sociedad salvadoreña no se rendirá en su largo y difícil camino en busca de la verdad y la justicia.

Estamos convencidos de que las nuevas y futuras generaciones estarán orgullosas de haber heredado ese ideario de justicia que acabe para siempre el prolongado dolor que emana de su suelo –de este suelo salvadoreño– como  halo de cadáver justiciero.  

Roque Dalton nos previno: “Esos jóvenes… sin más edad que la esperanza… Preguntarán qué fuimos, quiénes con llamas puras les antecedieron, a quiénes maldecir con el recuerdo. Bien. Eso hacemos: custodiamos para ellos el tiempo que nos toca”.
San Salvador, 5 de mayo de 2010.
Juan José Dalton Cañas

Jorge Dalton Cañas





Silvio Rodríguez
Cuba - 1946
Flor para Roque

No sé si le habrá dolido
el tiro que lo mató,
pero sé que su asesino
matándolo se murió.

No sé dónde lo pusieron
a dormir el desamor.
Hoy debo mirar al cielo
si quiero darle una flor.

Aída, Juanjo y Jorgito,
de cinco quedaron tres.
¿Dónde están Roque y Roquito?
¿Cuándo comienza después?

Roque Dalton fue mi amigo.
Él era un poco mayor
y ahora me resulta un hijo
necesitado de amor.

No es venganza lo que quiero,
sino dejar una flor
donde escondieron los huesos
de un héroe de El Salvador.





Walter Mondragón
Colombia
 
Esta mañana
                    la rueda de una cañón
trizó una rosa
unas pisadas torpes
                    destrozaron la yerba
                                                     (del jardín)
Seres oscuros asomaron
   a su puerta
                     y nada preguntaron
y nada se llevaron sino un verso,
                                       la vieja estilográfica
el olor humeante de la bala
                   que atravesó su alegre
corazón bravío...
alguna que otra mancha en sus vestidos
                                                    y en la boca
      el acibar ardiente que provoca
la vista de las víctimas.

Esta mañana
                    la rabia de un santón segó una espiga.

Publicado en el periodico (desaparecido) "El Pueblo", de Cali en 1975






Juan Gelman
Argentina
Roque Dalton

A veces pienso que sos como ese caballero del Ariosto al
que hirieron de muerte en un combate, no se dio cuenta
que lo habían morido y siguió peleando cuando el
asesino tiró, seguro te distrajo una mujer inapagable, un
pliegue del verano, el misterio sin fin del pobrerío.
Siempre escapaste a las fusilaciones, la muerte
equivocada, y escribís en las tripas de la noche.





Rafael Mendoza
México
Roque Dalton García

Siempre quise ponerme el mejor traje,
“el de reír y llorar”, como decimos
aquí los marginados,
para ir a tu despensa de bellezas.

Siempre quise darte algo.
Y, mira,
¡qué inútiles mis manos!
Solo te traen un poema.
Eso que tu has tirado en todas partes…





Rafael Jesús González
Berkeley, Estados Unidos
Después de carnaval
                                                                     a Roque Dalton
Después de carnaval
llega la hora de la ceniza,
tiñe las frentes
del humilde devoto
y del arrogante y el vanidoso.
Cae del cielo gris y solemne
de donde llueven bombas
                            listas y bobas.

Pienso en la alta hora de la noche
que como tú que lees estas líneas
todos amamos la paz
                            y aborrecemos la guerra
(pero también
los que aman la guerra leen
y hasta escribirán versos.)

No lo sé.
Lo que sé es que siguen las guerras,
la matanza, la injusticia, el sufrir
y que no se logra el descanso
del guerrero ni el de la víctima
si no es que la encuentren
en la muerte donde todo es ceniza
gris y fría sin ningún matiz de carnaval.

Roque Dalton
Estudio con algo de tedio

“Clov: —llora…
Hamm: —Luego vive”.

(Diálogo de “Fin de Partida” de Beckett.)

Tengo quince años y lloro por las noches.

Yo sé que ello no es en manera alguna peculiar
y que antes bien hay otras cosas en el mundo
más apropiadas para decíroslas cantando.

Sin embargo hoy he bebido vino por primera vez
y me he quedado desnudo en mis habitaciones para sorber la tarde
hecha minúsculos pedazos
por el reloj.

Pensar a solas duele. No hay nadie a quien golpear. No hay nadie
a quien dejar piadosamente perdonado.
Está uno y su cara. Uno y su cara
de santón farsante.
Surge la cicatriz que nadie ha visto nunca,
el gesto que escondemos todo el día,
el perfil insepulto que nos hará llorar y hundirnos
el día en que lo sepan todo las buenas gentes
y nos retiren el amor y el saludo hasta los pájaros.

Tengo quince años de cansarme
y lloro por las noches para fingir que vivo.
En ocasiones, cansado de las lágrimas,
hasta sueño que vivo.

Puede ser que vosotros no entendáis lo que son estas cosas.

Os habla, más que yo, mi primer vino mientras la piel que
sufro bebe sombra…






Roque Dalton
El descanso del guerrero

Los muertos están cada día más indóciles.

Antes era fácil con ellos:
les dábamos un cuello duro una flor
loábamos sus nombres en una larga lista:
que los recintos de la patria
que las sombras notables
que el mármol monstruoso.

El cadáver firmaba en pos de la memoria
iba de nuevo a filas
y marchaba al compás de nuestra vieja música.

Pero qué va
los muertos son otros desde entonces.

Hoy se ponen irónicos
preguntan.

Me parece que caen en la cuenta
de ser cada vez más la mayoría!

Antonio M. Sequeira
Florencio Varela – Buenos Aires, Argentina

A Roque Dalton


Yo no te conocí sino hasta después,
cuando el fatal estruendo de un balazo,
el sordo murmullo de la traición,
nos arrebatara tu alegría.

Amaneció lloviendo muerte en Santa Anita,
en un portal llaveado a la espesura.
La voz quebrada, no por el miedo, no,
sino por el grito tenaz de la impotencia.

Un rayo de luna se clava en tu garganta,
el cómplice silencio corre el velo del alba.
¿Quién tiene el poder de todas las palabras,
quién deja detrás una huella en el mar?

Nos toca el tiempo que nos ha tocado,
el que otros mañana juzgarán equívoco.
Jugamos la partida con la total certeza
que lo hicimos para dejar un tiempo mejor, acaso

la incertidumbre de abrir una ventana
hacia una cima, al horizonte brumoso.
Y entonces nos comprendemos solos.
En la soledad vemos un cielo,

un río, la tormenta, nuestra pequeñez.
Creemos que el mundo nos pertenece
hemos sojuzgado los elementos. Somos dioses.
En nuestro endiosamiento nos envanecemos

sin detenernos un instante ante el espejo.
Bosteza la selva en su colchón de niebla,
paridos en el dolor gritan tus hermanos.
Grito y grito. Silencio. Silencio sobre silencio.




Roque Dalton
América Latina

El poeta cara a cara con la luna
fuma su margarita emocionante
bebe su dosis de palabras ajenas
vuela con sus pinceles de rocío
rasca su violincito pederasta.

Hasta que se destroza los hocicos
en el áspero muro de un cuartel.




Carlos Aprea
Justicia para el asesinato de Roque Dalton

Estimado amigo, adhiero a esta investigación calurosamente. Es hora que quienes han hecho de la muerte sumaria, en nombre de principios pisoteados, una metodología para dirimir impotencias, paguen por su culpa y el poeta y sus familiares puedan tener la justicia que hasta hoy se les niega. Ninguna teoría revolucionaria tiene valor como tal si niega la compleja condición humana en nombre de una razón abstracta y absolutista. La corta historia de los verdugos termina dándonos prueba de la infamia.
                                                                                                                                                 
La Plata.Argentina. Escritor.

Francisco Morales Santos
Ciudad Vieja, Sacatepéquez, Guatemala – 1940
Nacimiento del sol
                                                                                      A Roque Dalton, cuya muerte fue doblemente injusta.

                                                                                                                              "Tengo Sol."- Alma América
Nace enhiesto y donde le da la gana.
Si despierto a mi esposa se aparece
sembrado en sus pupilas como si fuera un aster.
Lo sabían los quechuas
y los que se mataban buscando oro en el lejano oeste,
lo han sabido los niños y también los locos.

Por eso está en Teotihuacan su vieja cuna:
alta, con piedras recocidas,
encalada de lunas y poemas tristes.
No nace una sino un montón de veces
y es como los comales en la inmensidad de la cocina,
brujo antiguo que gusta enamorarse
de todas las ventanas,
pasar lagos sin espantar el agua,
envejecer el plumaje de los pájaros,
cambiar la vestimenta de los árboles.


Es como un antojo en la profundidad de los espejos,
un don Juan obsesionado de cristales,
de prendas femeniles que alumbran la soledad
o el miedo.

Es un viejo con hambre,
un dibujante de ilusiones ópticas
cansado de amedrentar la noche
que se filtra con júbilo en los vientres
porque no tuvo edad para ser niño.



Víctor Casaus
Cuba
Conversación
                                                                                              A Félix Guerra, a quien conozco
                                                                                              y con quien hablo
                                                                                              A Roque Dalton, a quien no conozco
                                                                                              y de quien hablo
¿Te acuerdas de los días
de la onda de Roque
cuando pensábamos que el mundo terminaba
detrás de sus poemas
que la vida se encontraba poseída en el turno
que el tomó  tras aquel libro de carátula de siena
donde desnudaba a las mujeres e increpaba a los curas?
Claro que ya hemos aprendido
que todas esas cosas no son exactamente así como creímos
(ejercimos el derecho legítimo de errar)
¿Pero no es cierto que con todo
se recuerdan con cariño sus palabras
sus poemas abruptos  sus cosas de profeta
de testigo corroído  --dice él--  por la pasión?

Me gusta coincidir en estas cosas:
el amor es un bello pasatiempo importante
las malas palabras a veces son mejores que las buenas
la historia no es un viejo animal muerto
y sobre todo vale la pena defender lo que pensamos
decir lo que pensamos  amar lo que pensamos
y odiar (con odio) a los culpables de la muerte
Adriano Corrales
Costa Rica
Si Roque es panfletario yo me declaro decadente oEl turno del ofendido

Me la juego me declaro rockero en una época globalizada por el reguetón y la basura tecnológica Roquero y daltónico ante el trascendentalismo trasnochado o daltoniano frente a la guillotina metafísica vaya usté a saber cómo se define el asunto o el panfleto díganme señores filólogos lingüistas críticos curadores (Del ingl. phanflet libelo difamatorio opúsculo de carácter agresivo eso dice la real academia qué dirá la irreal o la popular y democrática) dígame usté doctor master licenciado bachiller quién lo define ¿el emisor el mensaje o el receptor? señores del tribunal desconozco por qué se le juzga quizás por aquello del eterno retorno o el asunto sacrificial del evangelio según Jesucristo porque todo buen pueblo merece un buen mártir para redimirse en su imaginario y hay que crucificarlo (léase fusilarlo) constantemente como una representación pasionaria para que posea remordimiento colectivo por el desplome pero volviendo al propósito que nos ocupa léanse EL MAR  o LOS HONGOS y verán proposiciones teológicas aireadas por la dialéctica y el talento es decir la duda poética en láminas líquidas olas verdecitas azuladas en el zinc de la memoria como espasmo suave del amor que cae más mal que la primavera en el malecón de La Habana o Santiago de Chile relean LOS TESTIMONIOS en el centro de una TABERNA Y OTROS LUGARES donde está la segura mano de dios mientras le interrogan en la oficina técnica de la CIA o la silla como decía el exquisito poeta nicaragüense y traten de jugar con las manos atadas por un cordelito de nylon o balbucear poemitas y jacarandas mientras reciben tremenda galleta con LA VENTANA EN EL ROSTRO y les birbiquean los cojones o los pechos de la compañera que nos amamantara en noches de amplia ternura y háganse los huevoncitos buscapleitos jugueteando a la guerrincha en las azoteas del gay saber y del confort acompañados por el escocés y los bocadillos importados no señores la vaina es otra no soy sólo el que habla sentencien si quieren pero esgriman razones históricas o artísticas sépase que al poeta no lo matan por enlazar la vanguardia poética con la política o no exactamente por eso sino por militar en la segunda y proponer asuntos no tan ortodoxos como el papel de la pequeña burguesía en la revolución pues a los poetas no se les mata simplemente por el hecho de serlo puede que a García Lorca pero en el fondo por ser marica (mamploro diría Roquito) algo que no soportaba la homofobia franquista sino por su pensamiento y la manera de concretarlo en la acción claro señores magistrados acá son sus propios compañeros los del crimen por allí posiblemente la redención como el Pastor Romero porque no cayó en combate ni en las bartolinas oligarcas lo hicieron las balas compas en un asunto meramente pipil o guanaco si se mira bien que lo digan Salvador Cayetano Carpio o la Comandante María a quienes no se juzga en esta sala es al poeta no al combatiente asunto estético pues pero dentro de la ética mínima de lo posible humano o la concurrencia de lo extraordinario para sobrevivir a la muerte en un paisito que se las trae desde siempre desde 1932 con sus apenas 20.000 km2 pero atestado de intelectuales y luchadores de toda estirpe y gente buena onda hacelotodo vendelotodo comelotodo poetas pues a pesar de las maras y los escuadrones de exterminio y los milicos hijosdeputa no me han respondido señores qué es un panfleto entonces cómo se come esa pupusa o cómo se logra insertar en el corazón de un pulgarcito el amor de un Roque multitudinario sin repetir las rubeniadas de Gavidia el viejitoloco o las maestranzas criollas de Salarrué estudiando su devenir entre copa y fría y pedaleando fuerte por las montañas cuscatlecas de la utopía dejando sangre en la página desnuda o cubriéndola con su propio cuerpo como paraguas inmenso de arlequín con nariz rota travesti de la poesía como en la ópera bufa estudiantil o con Menen Desleal en la Luz Negra decapitado por la sombra entonces señores por qué continúan adjetivándolo sin meterse en su pellejo después de la derrota vean la paradoja derrota político-militar pero no cultural dicho de otra manera la revoluta no fue pero sí su revolución cultural he ahí el epílogo para antologadores y profesorazos porque ahora sí nos acercamos al final y es cuando duele de verdad el LIBRO LEVEMENTE ODIOSO como este poema de amor ahora que todo se repite en farsa como la resurrección de Lázaro y los evangelios apócrifos en una Centroamérica dolarizada y unida al fin pero no por el sueño morazanista sino por el capital transnacional díganme apertréchense del derecho romano civil canónico castrense ustedes que otean en el alba las clarinadas de la caballería y almuerzan en compañía de los señores de la guerra palomitas picasianas posmodernas en el penjaús de la lujuria prestos a no dejarse arrebatar un puesto en la bolsa y en la tradición del retrato en suplemento cultural díganme respondan ¿why not? en todo caso los libros del poeta gozan de buena salud y se venden masivamente de los asesinos sus conciencias







Mensaje de César Lazo

Me adhiero a la petición de que se haga justicia y aclare lo relacionado con el asesinato del poeta salvadoreño ROQUE DALTON; que la mentira que tiene patas cortas sea derrotada por la luz de la verdad; que esta verdad sea la espada que castigue a sus asesinos, que han resultado ser los traidores coludiéndose con los genocidas y asaltantes de pozos petroleros.  César Lazo, escritor y poeta, Honduras.

Roque Dalton
El mar

Hay grandes piedras en tu oscuridad tempestuosa
grandes piedras con sus fechas lavadas por tu sombra
porque hasta el sol de día cómese tu sombra

cruje en el frío despidiéndose del aire
que no se atreve a penetrarte.

Oh! mar donde los desesperados pueden dormir
arrullados por explosiones impasibles
alfabeto del vértigo paisaje diluido que los muros envisten
las gaviotas y la espuma de los peces son tu primavera
la furia es una pirámide verde
una resurrección del fuego más agudo tu clima
tu mejor huella sería un caracol
caminando con pasos de niño el desierto.

Amé siempre esas poblaciones disímiles
al parecer robadas de las manos del mar
pequeñas villas junto a la arena
puertos escandalosos en la ebriedad del salitre
caseríos tiritando entre la niebla llena de corales
grandes ciudades titánicas frente a las tempestades humilladas
aldeas de pescadores ciegos bajo un faro de aceite
factorías acechantes entre los manglares con un largo cuchillo
Valparaíso como una gran cascada en suspenso
Manta Puná puertos del Ecuador que me negaron las hojas
Buenaventura aromática como un gran puerto sucio
Panamá con los ojos punzados por la depravación
Cartagena siempre aguardando a los piratas hambrienta
willemstadt náufraga en los dominios del petróleo
Tenerife y su dulce copa de vino
Barcelona bostezando entre los bancos y los carabineros
Nápoles bellamente tumefacta
Génova Leningrado Sochi La Guaira Buenos Aires
Montevideo como una margarita
Puerto Limón Corinto
Acajutla en una lenta playa de mi patria
todos mirándose en el espejo grave que surcan los delfines
apartando como un sable veloz
las infinitas espigas de esmeralda.







Roque Dalton
XVI Poema

Las leyes son para que las cumplan
los pobres.
Las leyes son hechas por los ricos
para poner un poco de orden a la explotación.
Los pobres son los únicos cumplidores de leyes
de la historia.
Cuando los pobres hagan las leyes
ya no habrá ricos.



Roque Dalton
Invocación

Andábamos amando las viejas oropéndolas,
buscando establecidas mariposas
entre las sederías insondables,
aportando la voz para cubrir el llano originado
en el dolor universal del hombre.

El pueblo ahí, difuso, a las espaldas,
como un presentimiento de inquietudes ingratas,
como una agrupación de estímulos
de los que se podía prescindir
sin ensuciarse.
El pueblo ahí.
Nosotros con los ángeles.
Padre Anastasio Aquino, descorredor de velos;
matador de prejuicios,
padre Anastasio Vida;
padre Anastasio Pueblo,
violador de la noche:
llegastes
desde el centro de la historia,
desde el origen de la historia,
desde las proyecciones de la istoria,
a colocarnos la verdad
entre la garganta y la vocación,
a colocarnos la verdad en la esperanza
como una hostia feroz, roja y gigante,
plena de amor al hombre matinal
que habremos de construir para la dicha.

Padre de la patria.
Comandante de la patria.
Corazón rebelde de la patria.
Honor, decoro, altiva dignidad,
puño gigante de la patria:
que se encarne en nosotros tu figura antigua;
que aparezca de nuevo tu manera silvestre
de reclamar la dicha;
que en cada pan
haya un recuerdo de tu esencia;
que en cada día nuevo los muchachos
entonen la plegaria absoluta de tu nombre;
que se agigante tu voz
en las ciudades estériles;
que se lancen tus flechas milenarias
para marcar la frente de los nuevos traidores
y que tu ejemplo altivo
haga hallar el camino a los poetas cobardes.
Que se incendien los campos y los pueblos
al recordar la altura de tu sangre de izquierda,
y que todos los nuevos,
los campesinos sólidos, los obreros en pie,
los que estudiamos para el pueblo,
nos aunemos ardorosamente
en las jornadas agitadas de la lucha
y terminemos de construir tu gran mañana.





Alfredo Villanueva Collado
Puerto Rico
Liber Scriptus
Liber scriptus proferetur,
In quo totum continetur,
Unde mundus judicetur.

Judex ergo cum sedebit
Quidquid latet, apparebit
Nil inultum remanebit.

Muy distinguido profesor que leéis
estas líneas blasfemas que no concuerdan
con la música leve de vuestras pajas;

con las caricias tantalizantes de vuestros dedos
bajo la bolsa vacía de vuestros sueños,

oídme expresarme en el neto castizo
como lo hiciera el roquero Dalton
tan revolucionario pero tan correcto.

Si creéis que hablaré de la lucha armada,
os equivocáis.

Hablaré de la rosa
blanca y roja, semen de padrote y sangre
de virgen, roto de gamín violado por mendigos
(os refiero a la boca de la ballena).

La rosa roja como un cordón eléctrico,
la rosa blanca como un balde de mierda,
cerrad los ojos, mi querido colega,

esto sucede pero no pasa.

Pronto ha de ser un mal recuerdo
no recogido en antologías.

En buen castellano, no español de las islas,
Dios el cabrón nos libre del futuro.
El día es tan hermoso,
el vino, suculento,
y la muerte, caliente.

Señor profesor dadme un beso de lengua.
Prefiero la francesa, mas también la italiana
para que se me quite este sabor
a carne agusanada,
para que los muertos tan niños renuncien
al amor que desean vivir en mi cuerpo.

Salvadme para siempre del don de la videncia.
Haced que enmudezca con medallas y dólares.

De: La guerrilla fantasma, Nueva York: Editorial Moria, 1990





Roque Dalton
El amor

El amor es mi otra patria
la primera
no la de que me ufano
la que sufro.
Roque Dalton
Acta

En nombre de quienes lavan ropa ajena
(y expulsan de la blancura la mugre ajena).
En nombre de quienes cuidan hijos ajenos
(y venden su fuerza de trabajo
en forma de amor maternal y humillaciones).
En nombre de quienes habitan en vivienda ajena
(que ya no es vientre amable sino una tumba o cárcel).
En nombre de quienes comen mendrugos ajenos
(y aún los mastican con sentimiento de ladrón).
En nombre de quienes viven en un país ajeno
(las casas y las fábricas y los comercios
y las calles y las ciudades y los pueblos
y los ríos y los lagos y los volcanes y los montes
son siempre de otros
y por eso está allí la policía y la guardia
cuidándolos contra nosotros).
En nombre de quienes lo único que tienen
es hambre explotación enfermedades
sed de justicia y de agua
persecuciones condenas
soledad abandono opresión muerte.
Yo acuso a la propiedad privada
de privarnos de todo.


Roque Dalton
A la poesía

Agradecido te saludo poesía
porque hoy al encontrarte
(en la vida y en los libros)
ya no eres sólo para el deslumbramiento
gran aderezo de la melancolía.

Hoy también puedes mejorarme
ayudarme a servir
en esta larga y dura lucha del pueblo.

Ahora estás en tu lugar:
no eres ya la alternativa espléndida
que me apartaba de mi propio lugar.

Y sigues siendo bella
compañera poesía
entre las bellas armas reales que brillan bajo el sol
entre mis manos o sobre mi espalda.

Sigues brillando
junto a mi corazón que no te ha traicionado nunca
en las ciudades y los montes de mi país
de mi país que se levanta
desde la pequeñez y el olvido
para finalizar su vieja pre-historia
de dolor y de sangre.


Roque Dalton
Guerra

Mi verdadero conflicto
hondureño-salvadoreño
fue con una muchacha.

Thelma Nava
México
Unas palabras para Roque

A Roque le conocí en la ciudad de México, en febrero de l964, durante la realización del I Encuentro de Poetas, que organizamos los editores de las revistas “Eco Contemporáneo” de Argentina,  dirigida por Miguel Grinberg, “El Corno Emplumado”, de Margaret Randall y Sergio Mondragón y “Pájaro Cascabel”, que editábamos Luis Mario Schneider y yo.

En esos días tuve poca oportunidad de conversar ampliamente con él, como hubiera sido mi deseo, dado que fueron muchos los poetas que llegaron a México y a quienes había que atender. Por supuesto que conocía y admiraba su poesía, por publicaciones de Cuba, país con el que mantenía un contacto muy cercano. Sí puedo recordar sin embargo su alegría, su entusiasmo y su amor  por el oficio poético,  la lucidez que poseía y el  amor a su país.

Años después lo volví a ver en Cuba, en algunos de los viajes que realizaba con mi compañero de vida, mi esposo el poeta Efraín Huerta. Allí tuvimos la oportunidad de conversar largamente con él, de las labores que realizaba para la Casa de las Américas y tuvimos la oportunidad de conocer a su esposa Aída y a sus hijos Roque y Juan José.

No volví jamás a verlo y en años posteriores, a través de periódicos que yo recibía de Nicaragua nos enteramos Efraín y yo de su cobarde asesinato. Recuerdo que de inmediato me comuniqué a la Casa de las Américas para darles la terrible noticia. Cuando ellos lo comprobaron dieron el parte oficial. Posteriormente publicaron en el No. 94 de la Revista Casa de las Américas, del año 1977,  una sección especial en su memoria, en la que participamos Mario Benedetti, Roberto Fernández Retamar, Julio Cortázar, Regis Debray, René Depestre, Efraín Huerta, Jaime Labastida, Margaret Randall y yo, entre otros escritores.

Años después, en la época de mi solidaridad con el  hermano pueblo de El Salvador, varios mexicanos integramos la Brigada Cultural Roque Dalton, a instancias de Luis Melgar Brizuela. Participaba en la Brigada Modesto López, editor del sello musical “Pentagrama”, quien editó un disco de homenaje a Roque, esfuerzo en el que colaboró con nosotros ampliamente el poeta cubano Fayad Jamis, quien nos proporcionó unas fotos estupendas de Roque, entre ellas la de la portada, que era la memorable foto de Roque saliendo de la Cárcel. El disco contenía un poema de Fayad y fragmentos de poemas de Mario Benedetti y Roberto Fernández Retamar dedicados a Roque. El disco contenía también canciones del nicaragüense Carlos Mejía Godoy y del cubano Noel  Nicola, quien permaneció en México una semana para grabar diversas canciones, con destacados músicos mexicanos. Modesto utilizó la grabación original que había realizado Roque para la Casa de las Américas, quien generosamente se la proporcionó.

Debo señalar por último mi orgullo de haber sido invitada para ser miembro de la Cátedra Libre Roque Dalton, en la que participan destacados intelectuales como Juan Gelman, entre otros.

No solamente en este aniversario, en el que se cumplen 75 años de su natalicio y 35 de su asesinato, Roque estará siempre presente en el corazón de todos los latinoamericanos que admiramos su vida y su obra.
El disco se editó para reunir fondos para la lucha del pueblo salvadoreño y así se hizo constar en el album: “todos los ingresos que produzca este disco serán destinados a la lucha del pueblo salvadoreño, representado en su vanguardia el FDR y el FMLN”.




Ernesto Cardenal
Nicaragua
Roque estaba casado con la revolución

Roque Dalton yo lo recuerdo riendo. Flaco, de un blanco pálido, huesudo, narizón como yo, y siempre riendo. No sé por qué siempre te recuerdo riendo, Roque Dalton. Un revolucionario reidor. No es que los revolucionarios sean especialmente serios ni mucho menos, pero es que él era un revolucionario especialmente reidor. Se reía en primer lugar de él mismo. Se reía de cosas ridículas de El Salvador, y siempre estaba hablando de El Salvador y es que quería muchísimo a su país, Pulgarcito. Se reía de la burguesía salvadoreña naturalmente, y nos hacía reír a todos. Se reía de los jesuitas con los que se había educado y en cuyo colegio había «perdido la fe» (también se reía de esta expresión) para entrar al Partido Comunista y también se reía de cosas de su Partido Comunista (pero de todos modos era su partido). Contaba historias fantásticas de El Salvador que parecían inventadas pero eran ciertas. A un hombre lo tuvieron preso por varios años en una cloaca cubierto de cucarachas. Cuando lo sacaron de allí estaba loco, y las cucarachas ya no le disgustaban en absoluto, se sonreía beatíficamente y para él estar lleno de cucarachas era como estar lleno de mariposas.

Roque Dalton una vez estuvo preso y lo iban a fusilar. Además iban a hacer creer al Partido que él era un informador y un agente de la CIA para que no lo consideraran como mártir. Esa noche, aunque él no tenía fe en Dios, oró, se arrodilló en su celda y oró. La «suerte loca» -decía él- hizo que esa noche hubiera un terremoto y se cayeran las paredes de la cárcel, y él se escapó. Cintio Vitier, Fina y yo nos reíamos de él diciéndole que nosotros dábamos otro nombre a lo que él llamaba «suerte loca», y él también se reía.
Roque Dalton estaba siempre de buen humor a pesar de los horrores que había pasado, y de los horrores que lo esperaban por delante y que él adivinaba. El compromiso de Roque Dalton con la revolución era como un compromiso matrimonial. Su destino fue no sólo cantarla sino también dar la vida por la revolución.
Ahora, en 1980, él está encarnado en muchas vidas, está resucitado en la insurrección de El Salvador. Está siempre riendo, a pesar de las masacres, a pesar del llanto. Está riendo porque está triunfante. Es como si hubiera triunfado ya. Roque Dalton pronto será parques infantiles, escuelas, hospitales, será sus poemas escritos antes y muchos otros poemas por venir. Roque Dalton será un pueblo reidor y feliz de roque daltons.




Jorge Falcone
Argentina
Descargo de Joaquín Villalobos
Ante la calavera de Roque Dalton

“Cuando yo muera,
sólo recordarán mi júbilo matutino palpable,
mi bandera sin derecho a cansarse,
la concreta verdad que repartí desde el fuego,
el puño unánime
con el clamor de piedra que exigió la
esperanza”
                                                                                                                             Roque Dalton
Yo,
que no soy el Generalísimo
Francisco Franco Bahamonte,
confieso
-no obstante-
que hoy
he vuelto a fusilar
a Federico:

Pisaba ya los cuarenta
el bardo más importante
de este país Pulgarcito y
sospechando de su excarcelación,
de los efectos nocivos
de su afán de tabernas
sobre la Revolución,
de la distorsión eventual
que la erótica de sus versos causara
sobre el imprescindible rigor militante,
de lo vulnerable que un combatiente se muestra
si anda cantando al amor,
con un puñado de hombres y mujeres resueltos
a no detenernos hasta forjar
la dictadura del proletariado,
en el día de la fecha resolví
salvar a los pobres del mundo
de Roque Dalton.
                                                                (28/11/04)





Roque Dalton
Sobre dolores de cabeza

Es bello ser comunista,
aunque cause muchos dolores de cabeza.
Y es que el dolor de cabeza de los comunistas
se supone histórico, es decir
que no cede ante las tabletas analgésicas
sino sólo ante la realización del Paraíso en la tierra.
Así es la cosa.
Bajo el capitalismo nos duele la cabeza
y nos arrancan la cabeza.
En la lucha por la Revolución la cabeza es una bomba de retardo.
En la construcción socialista planificamos el dolor de cabeza
lo cual no lo hace escasear, sino todo lo contrario.
El comunismo será, entre otras cosas,
Una aspirina del tamaño del sol.

David Escobar Galindo
El Salvador

La roca donde Roque murió


Era a comienzos de 1995. Estaba yo desayunando en el restorán del Hotel Crowne Las Américas, de la ciudad de Guatemala, cuando alguien se acercó a mi mesa. Me abordó por mi nombre, diciéndome que era Jorge Salazar, chileno, y que había trabajado algunos años en la Misión de Observadores de las Naciones Unidas en El Salvador (ONUSAL).
Estaba entonces en la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala (MINUGUA), y lo que me dijo me sorprendió y me conmovió: —Yo fui el encargado de hacer la investigación sobre la muerte de Roque Dalton, en 1993, por parte de la ONUSAL; y quiero transmitirle a usted algunos detalles importantes del caso; muy especialmente a usted. Le dije que Enrique ter Horst, quien fuera jefe de la ONUSAL y muy buen amigo, me había pasado una copia del escalofriante informe.
Y Jorge Salazar me aclaró: —Ese fue un resumen; hay tres o cuatro trabajos resultantes de la investigación; de todo eso me gustaría hablar con usted…

Quedamos en vernos en San Salvador, cuando él viniera; o en Guatemala, cuando yo fuera. Ya al despedirnos, porque yo me regresaba al país aquella misma mañana, me puntualizó: —Quiero, sobre todo, indicarle donde ocurrió la muerte...

Entre aquella fecha y estos días de 1997 hubo comunicación entre nosotros. Yo estaba profundamente interesado en el punto, e hice todo lo posible para que coincidiéramos. Jorge me había prometido unos documentos que no encontró entre sus papeles; pero quedaba pendiente la visita al puesto. Al fin, en algún momento de 1996, una vez que él iba ya de regreso a Guatemala, nos juntamos para visitar el sitio. Llegamos, pero el terreno es escarpado y agreste, y Jorge no llevaba los zapatos adecuados. Apenas vi de lejos el lugar a través de una alta malla ciclón. La cosa quedó para después, y en cierta forma me resigné a sólo tener un señalamiento general de la ubicación.
Pero el pasado 17 de septiembre, Jorge Salazar me llamó para decirme que estaba en San Salvador, ahora en una misión de Amnistía Internacional, y que muy pronto dejaría Guatemala para irse definitivamente al Perú, en otro trabajo internacional. Me sugería que el sábado 20, cuando él fuera hacia Guatemala, hiciéramos el reconocimiento in situ, tantas veces postergado.
Así ocurrió. Jorge Salazar también es compositor, arreglista y cantante, faceta que yo no le conocía. Mientras nos dirigíamos hacia la zona de Quezaltepeque donde Roque Dalton fue muerto y semienterrado, escuché unas bellísimas canciones de Jorge, emparentadas estéticamente con los ritmos y melodías de la Nueva Trova cubana. Me impresionó una en especial, llamada “Angola”, cantada por Jorge, que escribió la música, con palabras del joven letrista cubano Fran Delgado. La letra habla de las experiencias de un combatiente cubano en África, al regreso de todas sus aventuras. Sentí que esta música, en las circunstancias en que la oía, guardaba un simbolismo. A Roque de seguro no le hubiera disgustado aquella canción, de camino a la visita al último paraje que vio sobre la tierra.

Fue el Milagro de la Roca
Sobre la carretera que conduce a Santa Ana, un poco más adelante de las instalaciones militares de ocupara durante el conflicto el Batallón Atlacatl, está a la derecha el desvío del Sitio del Niño, en un ramal hacia Quezaltepeque, Nejapa y Apopa. Son lugares bien conocidos por mí, desde la remota edad (perdón por el neologismo inventado) de la infancia. La adusta y calurosa naturaleza de toda esa zona, que hacia el norte se extiende hasta Guazapa, Aguilares y Potrero Grande, ya en los lindes de Chalatenango, se enfatiza muy cera del Sitio del Niño con el áspero testimonio oscuro y pétreo de la lava del Quezaltepec, expelida en su erupción de 1917, hace justamente ochenta años, apenas. La fuerza de la exuberancia climática, sin embargo, ha ido invadiendo el destierro de piedra con vegetación estoica, y, últimamente, con pequeñísimas viviendas miserables, signo quemante de la penuria popular. En un pequeño espacio, que es una hoya (joya, diríamos los salvadoreños) con grandes árboles, hay un cementerio campesino; y, al verlo, como ante otros semejantes, siempre me he preguntado: ¿reconocerán los muertos esta sencilla quietud, sin mausoleos humillantes?
Seis kilómetros y medio desde el desvío del Sitio del Niño, en esa dirección oriente hacia Quezaltepeque, y unas doscientas varas después de la entrada al autódromo El Jabalí, hay, en el lado izquierdo de la carretera, una entrada de tierra ya en descenso, y de inmediato hay que cruzar la vía del tren, que aún se usa en este tramo. Se llega pronto al Pozo de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA), y el camino sigue hacia la derecha, cruzando por todo este caserío que se llama Milagro de la Roca. Un vecino del lugar me explica después que el camino concluye en una pedrera. En realidad, todo por aquí es el imperio de la piedra, pese a que el invierno haga prosperar los verdes poderosos aun entre las durezas hieráticas del terreno.
Rodeando el Pozo de la ANDA hay un alto cerco de pilastras de cemento provisto de malla ciclón. Las enredaderas silvestres lo han cubierto casi en su totalidad, y, en esta época del año, apenas se distingue lo que hay detrás. Lo que hay es un terreno escaso, franqueado al fondo por un paredón también de piedra. El cerco de malla se cierra en el costado oriental de dicha prominencia, dando la inmediata sensación de lo inaccesible. Nos detenemos sobre la calle, en la esquina del cerco, a unos pocos metros de las instalaciones de la ANDA, y Jorge me indica de nuevo —porque la primera, como dije, estuvimos aquí mismo, pero fue imposible el acceso— que hay que escalar la pendiente, en busca del sitio en que el cerco se cierra sobre la piedra, en la parte más alta. Es cuestión, entonces, de entrar en terreno ajeno, sin permiso. Qué le vamos hacer.
Luego de subir y bajar, entre matorrales tupidos y sobre un lecho de piedra volcánica suelta y rodadora, estamos en el lugar del crimen. Ahí, en medio, hay un promontorio mediano, también de roca. Contra ese promontorio ajusticiaron a balazos a Roque Dalton y al obrero de seudónimo Pancho, aquella madrugada del 10 de mayo de 1975. Los llevaron vivos, y ahí los mataron. Alguien había abierto una fosa en un espacio un poco más bajo, a la izquierda, junto a lo que es hoy un arbolito cuya identidad no descubrí. Hay algo más de tierra en ese espacio, pero aun así no es posible cavar a mucha profundidad. Por eso fue que los dos cadáveres quedaron semienterrados, según las investigaciones de la ONUSAL. Los pies casi a flor de piel atrajeron el instinto devorador de los animales, y eso llamó la atención de algunos lugareños, en aquellos días menos numerosos que hoy.
Según los testimonios disponibles, que Jorge me relata, los cadáveres fueron desenterrados por los lugareños, y puestos de pie, ya en el rigor mortis que presentaban, contra unos árboles. Se avisó a la Guardia Nacional, que llegó con el Juez de Paz. Dentro de las prácticas irregulares de la época, que era la terrible etapa previa al conflicto, simplemente fueron a dejar los restos en una hondonada cerca de ahí, al otro lado de la calle, cubriéndolos con ramas. Allí, según lo que se sabe, los perros hicieron lo que faltaba para sellar aquel tenebroso crimen con la marca de la inverosimilitud macabra.
Desde entonces, en el transcurso de veintidós años, el entorno se ha poblado, pero el sitio exacto del ajusticiamiento —que según sus autores llamaron eufemísticamente fusilamiento— sigue igual.

El trabajo de la ONUSAL
En estos días el pequeño terreno rodeado por el paredón y por la malla está sembrado de maíz. Por el tiempo del año, ya el maíz maduró, y las matas se hallan secas y dobladas en proceso de tapisca. Mientras recorremos palmo a palmo el espacio, le pregunto a Jorge por su trabajo de investigación. Me repite datos que ya me ha referido. Hay un denso velo misterioso alrededor de este crimen. No es para menos. Una de las víctimas está entre las figuras estelares de la poesía latinoamericana de esta segunda mitad del siglo. Pensándolo de pronto, se me hace patente el profundo sentimiento de indefensión ante casi cualquier avatar. La violencia rompe tan fácilmente las membranas materiales del espíritu. No puede tocar la esencia del espíritu —que en un poeta es su propia poesía— pero sí es capaz de segar una conciencia, de liquidar una voz, de cortar un destino…
Los datos sobre el lugar y el momento de la muerte de Roque Dalton no los proveyeron los autores intelectuales. Esos se han escondido en las sombras, tratando de huir del reflector histórico. Fue alguien que estuvo en el grupo de los que condujeron a Roque desde San Salvador hasta este sitio el que dio las primeras pistas. Vive —o vivía en 1993, cuando la investigación— en Suecia. Por él se conoció de la persona que abrió la fosa. Me dice Jorge que es un hombre más bien bajo de estatura y de gruesa constitución, a quien le faltan algunos dedos de una mano, pues era encargado de explosivos en el grupo guerrillero. En 1993, vivía en Ciudad Segundo Montes. Él, sin saberlo de antemano, cavó la fosa de Roque. E identificó el sitio.

Un testimonio
Alguien me pregunta: —¿Usted conoció a Roque Dalton? Le respondo, con la íntima sensación de hablar con una sombra:  —Conocí a un adolescente que hablaba poco, quizás porque lo miraba desde la vaga frontera de la infancia. Después conocí a un poeta joven que sorprendía por la magia de sus agonías verbales, quizás porque lo miraba desde los peldaños de la adolescencia. Más tarde, conocí a un batallador fragoroso contra la soledad de las verdades históricas, quizás porque lo miraba desde la explanada personal de un mundo tímido. Enseguida… Ese alguien me pregunta, me interrumpe: —¿Pero usted conoció de veras a Roque Dalton? Y entonces me quedo callado, y contesto al cabo de muchos años con una leve y silenciosa pregunta: —¿Quién conoce de veras a un poeta?
Doy vueltas por el lugar, conturbado por una sensación que no puedo definir. Hay en este sitio la mezcla de lo inhóspito y lo familiar. El aire fresco de la mañana invernal mueve apenas las resecas estructuras dobladas del maíz. Ahí, adentro, están las mazorcas con su fuerza nutritiva. Y esas mazorcas han crecido pese a la amenaza inminente de la roca volcánica. En los restringidos espacios donde la tierra ha encontrado acomodo ha podido nutrirse también el maíz.

Publicado en La Prensa Gráfica, San Salvador, el 28 de septiembre 1997.
Tomado de: http://catedralibreroquedalton.org/



Eduardo Galeano
Uruguay
 sobre Roque Dalton

Roque Dalton, alumno de Miguel Mármol en las artes de la resurrección, se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto. También se salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que lo corrieron a balazos.
Y se salvó de los hinchas de fútbol que lo corrieron a pedradas, y se salvó de las furias de una chancha recién parida y de numerosos maridos sedientos de venganza. Poeta hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana. No se salva de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo.
Roque Dalton
Credo del Che

El Che Jesucristo
fue hecho prisionero
después de concluir su sermón en la montaña
(con fondo de tableteo de ametralladoras)
por rangers bolivianos y judíos
comandados por jefes yankees-romanos.
Lo condenaron los escribas
y fariseos revisionistas
cuyo portavoz fue Caifás Monje
mientras Poncio Barrientos trataba
de lavarse las manos
hablando en inglés militar
sobre las espaldas del pueblo
que mascaba hojas de coca
sin siquiera tener la alternativa
de un Barrabás
(Judas Iscariote fue de los que desertaron de la guerrilla
y enseñaron el camino a los rangers)
Después le colocaron a Cristo Guevara
una corona de espinas
y una túnica de loco
y le colgaron un rótulo del pescuezo
en son de burla
INRI: Instigador Natural
de la Rebelión de los Infelices.
Luego lo hicieron cargar su cruz encima de su asma
y lo crucificaron
con ráfagas de M-2
y le cortaron la cabeza y las manos
y quemaron todo lo demás
para que la ceniza
desapareciera con el viento
en vista de lo cual
no le ha quedado al Che otro camino
que el de resucitar
y quedarse a la izquierda de los hombres
exigiéndoles que apresuren el paso
por los siglos de los siglos
Amén.






Roque Dalton
No te pongas bravo, poeta

La vida paga sus cuentas con tu sangre
y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor.

Cógele el cuello de una vez, desnúdala,
túmbala y haz en ella tu pelea de fuego,
rellénale la tripa majestuosa, préñala,
ponla a parir cien años por el corazón.

Pero con lindo modo, hermano,
con un gesto
propicio para la melancolía.


Roque Dalton
La culebra

-Ve pué, ahora que miacuerdo,todo esto no es ni mierda; lo verdaderamente serio fue cuandonos manió la culebra al viejo Ramos y a mí. Se trataba de infiltrarse en la nocturnidad entre una cantidad de vigilancia impresionante, dinamitar teóricamente el puente de la carretera central y volver al camión donde nos esperaba el capitán, ROLEX en mano,todo ello en 30 minutos. Distancia de arrastre en zona sin vegetación: cien metros de campo no minado. El viejo sabía arrastrarse como un topo,parecía que iba bajo tierra y yo lo que hacia era pegármele, poniéndole la cabeza en los carcañales.
A medio camino decidimos dejar allí las pistolas y los cuchillos y quedarnos solo con las cargas para mayor comodidad en el arrastre.
-No había luna, pero aquello no era precisamente una boca de lobo y además los camiones y los autos de la carretera pegaban de cuando en cuando unos brochazos de la luz que se te encogía el seretete.
Los centinelas estaban ahí nomás,bien recortados contra el cielo,con sus ametralladoras de mano con bayoneta calada.
-De pronto el viejo se detuvo, yo pensé que él creía que se había dejado ver, pero como vi que se tardaba me le aparée y le soplé: "qué pasa viejo cerote, nos quedan 16 minutos".
Y el viejo como furioso, él que nunca he había faltado al respeto, a pesar de mi eterna jodedera, me dijo: ¿qué no estas viendo pendejo?".

Yo no miraba nada, sólo lo oía respirar cansado, pero cuando fui a tocarlo para puyarle las costillas como se hace con los bueyes para que caminen, me di cuenta: tenía una e-nor-me culebra enrollada en el cuerpo.
Un escalofrío me recorrió todo el mío, aunque pronto oí una voz del cielo:"es masacuata, baboso, Majá de Santa María, no es venenosa ni es capaz de matar a un hombre por constricción".
De tal manera que cuando la culebra me atrapó a mí también por los brazos, no salí dando alaridos y pude reprimir la sensación de asco helado, por el roce y el tufo a saliva de loco.
El viejo me dijo que le pellizcará la cola a la animala, con toda mi alma, pero que va, la masacuata como que si ni tal, tenía dura la nalga puyuda, más bien yo me jodía el dedal.
El viejo se puso en arco... casi de culumbrón tensándose para zafarse, pero la imbécil coyunda seguía firme.
Yo pensaba que por la tal culebra nos iban a alcanzar a ver y se iba a armar la del diablo con la tirazón y las bengalas y se iba a joder todo.
De repente, ella sola, sin que mediara nada por nuestra parte, la masacuata se fue zafando como zoguilla rota y nos dejó libres. Con aquel susto lo demás fue babosada.

Llegamos hasta bajo el puente, colocamos la carga y les dejamos un papel con insultos a los centinelas. Regresamos por el mismo lugar un poco contumeriosos por si aparecía de nuevo la amiga, recogimos las armas y llegamos al camión con dos minutos de retraso. Cuando volvíamos al campamento y el capitán nos dio permiso para fumar, le contamos y él se doblaba de la risa: "por mi madre que ustedes son de a caballo Atila --decía- si a mí me pasa, se jode la operación y la tercera guerra mundial, porque yo salgo gritando despavorido y no paro hasta encontrar un bar".

Y nosotros bien culones de que el capitán dijera eso ,porque sabíamos que era mentira, que el tipo habría cumplido así lo enredara las canillas un dragón echando fuego de azufre, tan es así que una vez se había agarrado a tiros con un tanque y ganó la batalla, embarrancó el tanque, mató a los 3 que iban adentro, desatornilló la 30, se la echó al lomo y se la llevó.
                                                                                                                                     
[Del libro Pobrecito Poeta que era Yo]




Roque Dalton
Yo estudiaba en el extranjero en 1953

Era la época en que yo juraba
que la Coca Cola uruguaya era mejor que la Coca Cola chilena
y que la nacionalidad era una cólera llameante
como cuando una tipa de la calle Bandera
no me quiso vender otra cerveza
porque dijo que estaba ya demasiado borracho
y que la prueba era que yo hablaba harto raro
haciéndome el extranjero
cuando evidentemente era más chileno que los porotos.



Por Juan José Dalton
La despedida de Roque con su familia en un barrio de La Habana. El poeta se iba a la guerra
 


No recuerdo exactamente la fecha, pero tomamos un bus, con mi mamá, que nos llevó a Lawton, un municipio de la Ciudad de La Habana. Corría el año 1973. Era quizá una tarde y lo más probable es que haya sido durante un fin de semana porque estábamos los tres: Roque, Jorge y yo; es decir, que habíamos salido de la escuela en el campo donde estudiábamos.
  Nos bajamos y caminamos, de la calle principal como dos o tres cuadras para adentro. De pronto vimos caminar hacia nosotros a un hombre delgado, de anteojos y con el pelo bastante corto. Al sólo verlo de cerca pudimos “descubrir” que era nuestro padre y nos abrazamos entre todos. Éramos un solo puño.
  Estaba con el pelo corto, bien corto. Le comenzaba a salir bigote y con lentes que no tenían aumento, sino que eran pura pantalla. Su nariz estaba transformada; se la habían enderezado y delineado, nada que ver con la nariz de bruja que tenía. También le habían hecho un trabajo en la dentadura y en la quijada; en las orejas y la frente.
  La verdad, se veía más joven... Se ha especulado que quien le hizo ese trabajo de cirugía plástica o estética, fue el mismo equipo que transformó al Ché antes de ir a Bolivia. Pero quizás ese dato nunca llegue a confirmarse. Lo que sí puedo confirmar es que estaba bastante cambiado y más delgado porque estaba sometido un régimen de ejercicios físicos.
  Una recomendación que nos hizo es que continuáramos diciendo que él estaba en Viet Nam haciendo un trabajo o una investigación larga. Esa era la leyenda que nos habíamos inventado desde hacía varios meses que fueron previos a su ingreso en la guerrilla en El Salvador.
  Teníamos ya algún tiempo de no verlo, pero sabíamos que aún no se había marchado definitivamente. De vez en vez nos llegaban papeles en los que fundamentalmente solicitaba libros, hojas para escribir...
  Aquella sí era la despedida. El tiempo corría velozmente. Nos preguntaba de la escuela y de los amigos. En realidad no recuerdo mucho de qué hablábamos. Lo que sí apreciaba era que estaba de buen humor y riéndose de todo lo que le contábamos.
  Hasta que llegó el momento de despedirnos. Nos hizo jurar que íbamos a portarnos bien, que le íbamos a ayudar a nuestra mamá y que íbamos a estudiar mucho, hasta llegar a la universidad. “Pase lo que pase conmigo, esa es la meta”, nos repetía.
  Nos abrazamos todos otra vez como un puño. Fue un abrazo prolongado, nadie se quería desprender. Lloramos juntos... Hasta que nos separamos y tomamos el camino de retorno a nuestra casa.
  El tiempo pasó y continuamos diciendo que mi padre estaba en Viet Nam. Había gente que iba allá y preguntaba por él, pero nadie daba razón.
  Unos días después de saberse de su asesinato, pero que Cuba no confirmaba oficialmente, llegó el guitarrista cubano, Sergio Vitier; gran amigo de mi padre y de todos nosotros. Gran músico. Entró a la casa y nos abrazó llorando. “No puede ser que lo hayan matado, coño”, repetía Sergio.
  “Aída, si yo lo vi una vez... Era él. Fue en Lawton. Iba caminado delante de mí y le dije: Roque, coño, tengo días de no saber de ti... Luego se dio vuelta y tenía bigote y espejuelos... me dio una palmada y dijo: Joven, creo que se ha equivocado de persona... Y dio la espalda y se fue...”,
contaba Sergio con los grandes lagrimones que le surcaban el rostro.
  Nosotros, que entonces no sabíamos mucho de las circunstancias en que mi padre había sido asesinado, le dijimos a Sergio: “Seguramente te equivocaste, mi padre estaba en Viet Nam”.
  Aquello era quizá tratando de negar lo innegable, cuando ya no había nada que negar.



 
(Texto publicado en Suplemento Cultural ContraPunto. Mayo/08)


Manlio Argueta
El Salvador

El escritor Manlio Argueta describe cómo fue su último encuentro con Roque Dalton.

Vivo en una casa de familia cerca del mercado Cuartel y Esquina de la Muerte. La casa es de un grupo familiar sencillo pero de gran sensibilidad que les permite comprender que deben protegerme, pese a que solo soy un arrendatario de cuarto, comida y lavado de ropa. Es 1964 en San Salvador, estudio tercer año de Derecho.
Apenas me voy acostumbrando a salir a la calle porque hace algunos meses he regresado a El Salvador, luego de un exilio. Al único lugar que salgo, y con el debido cuidado, es a la Facultad de Derecho, Universidad Nacional.
En esos días me cuido mucho porque hace unos meses había sido secuestrado Roque Dalton y por las dudas, dado a la amistad y compañerismo que nos unía desde que comenzamos a escribir en el Círculo Literario Universitario, debía tomar todas las precauciones. Cada noticia de muerto que aparece en los periódicos la familia Dalton acude para ver si se trata del cadáver del poeta. Era una época en que no éramos aun el país más violento de América Latina y de vez en cuando aparecía algún cadáver desconocido.
Un día, al regresar de la facultad para encerrarme en el cuartito de la casa de familia que compartía con Miguel Ángel Parada (varios años después será el rector de la UES), el propietario y su esposa, Alfonso Rivera y Concepción de Rivera ambos ya fallecidos, me dan un recado que me preocupa. A ellos también los veo preocupados.
Don Alfonso me dice que en mi ausencia llegó de visita un hombre extraño que hablaba con acento extranjero y que me había dejado una nota escrita. Me la entrega, y la leo. Dice: “Manlio, necesito verte en el Hotel San Salvador y me decía el numero de la habitación, vengo de Cuba y necesito saber del poeta Dalton, no sé si te acuerdas de mí”. Y firmaba con el nombre de Aníbal.
El hotel San Salvador quedaba en el centro histórico de San Salvador, precisamente frente a la casa donde, aun adolescentes, se reunían Rubén Darío y Francisco Gavidia para hablar del hexámetro griego y del alejandrino francés. En el hotel estaba el Café Scandia, lugar de reunión los poetas jóvenes salvadoreños, ya en tiempos del conflicto bélico; la mayoría de ellos murieron (desaparecidos o mutilados por la guerra sucia) o en enfrentamientos con el ejército. El hotel fue destruido por un terremoto de 1986.
Traté de recordar el nombre de Aníbal. Veía sospechoso que un cubano pudiera ingresar a El Salvador, y menos encontrar la casa de familia donde yo vivía. Consulté con Don Alfonso y con Miguel Parada y ambos me dijeron que si era por el poeta Dalton yo debía asistir a la cita, aunque reconocían que era peligroso, pues don Alfonso vio que el visitante se comportaba de manera extraña.
Les dije que dudaba de esa persona y que había no pensaba ir a la cita. Don Alfonso me dijo que si el tal Aníbal volvía iba a negar que yo estuviera en casa.
No pasó nada. Una semana después mientras espero el bus urbano que me lleve a la universidad, a las 6:30 a.m., hora tranquila para salir sin ningún temor a la calle, y de una línea de bus provincial se bajó un joven estudiante universitario. Nos reconocemos porque ambos llevamos los códigos en la mano, en esa época se editaban en un solo tomo y cada uno se separaba con diferente color.
Me dice que se bajó al verme (me reconoce por que ya soy un poeta universitario ya con algunos premios de poesía), me cuenta que en el bus de Cojutepeque a San Salvador venía también Roque Dalton con camisa y pantalones sucios y desgarrados y con barba, pero debido a un retén policial cerca de Cárcel de Mujeres, se había bajado. Le pidió una moneda porque no tenía nada y que iba a tomar otro bus para el centro de San Salvador. No puse en duda la historia del estudiante. Claro, su sorpresa y su temor fueron grandes pues toda la universidad conocía daba ya por muerto al poeta, secuestrado por razones políticas cuando recién regresaba de uno de sus exilios.
Por supuesto que no me guardé la noticia. Días después recibí otra nota, esta vez firmada por Dalton, me decía que necesitaba verme. Se encontraba escondido en una casa de la Colonia Dolores, un residencial situado en una colina adyacente al Zoológico Nacional.
Alguien hizo contacto conmigo para guiarme con precauciones, y me encontré con él. Fue la última vez que lo vi. Me relató lo de su escape y secuestro, y que lo interrogó un tipo que decía llamarse Aníbal; pero ya tenía la protección de su familia, y que estaría clandestino mientras salía del país con su grupo familiar, pues lo habían amenazado de muerte si no abandonaba El Salvador.
Este relato lo escribirá Dalton años después en su novela Pobrecito poeta que era yo…, novela que anduvo cargando por muchos años, y me la dio a leer cundo aun se titulaba Los Poetas. Ya muerto Dalton, edité esta obra en Costa Rica, como director de la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA). Aunque nunca nos vimos personalmente después de ese 1964, este reencuentro por medio de la obra literaria fueron suficientes. Después edité Poemas Clandestinos y Poesía Completa. Pero esto es otra historia. Así como la aparición de Aníbal veinticuatro años después en Washington D.C., (1989) cuando el poeta Dalton tenía casi catorce años de asesinado.

*Escritor salvadoreño. Texto publicado el diciembre 2 de 2009, en http://manlioargueta.com/?p=998



Ricardo Castrorrivas
El Salvador
sobre Roque Dalton

(...) «Cuando terminó El turno del ofendido, me dijo: "Vamos a enseñárselo a un poeta que es embajador de Chile". Vivíamos en La Habana. El señor se llamaba Antonio de Undurraga, quizás es dueño de los famosos vinos, porque era un embajador de carrera: burguesón, él. Roque le llevó el libro. El viejo, escritor de la generación de Neruda, empezó a hojearlo. Al leer los versos atrevidos de El turno, desaprobó el libro. Entonces, Roque lo recibió y se limitó a darle las gracias y a decirle a Undurraga que era uno de los poetas latinoamericanos de mayor valía y que él confiaba en su juicio. "Vámonos", me dijo.

«Cuando estábamos afuera, porque estaba enojado. "Que coma mierda este viejo cerote, no es poeta", dijo. Si le hace caso a Antonio de Undurraga, no hubiera publicado el libro. Mejor se lo llevó a otros que estaban en la jugada: Retamar y Rene Depestre, que eran grandes aleros.(...)

(*) Tomado de “El ciervo perseguido”, biografía del poeta salvadoreño Roque Dalton (1935-1975), escrita por su paisano, el poeta y ensayista Luis Alvarenga.-  Fte: http://www.rdarchivo.contrapunto.com.sv/
Roque Dalton
Los ultraizquierdistas

Los pipiles
que no comprendieron la cruz y la cultura más adelantada
y no quisieron agachar la cabeza frente a la Corona de España
y se alzaron en la sierra con las armas en la mano
contra el conquistador.

Los que durante los 300 años de la Colonia
mantuvieron la llama de la rebelión indígena
y murieron cazados en el monte o en el garrote vil o en la horca
y se negaron a coexistir pacíficamente con el Encomendero
en el seno de las encomiendas y los repartimientos.

Pedro Pablo Castillo y los comuneros de 1814
que expropiaron los fusiles a las autoridades militares de San Salvador
y los apuntaron contra los opresores del pueblo.

En cambio
Matías Delgado y los próceres terratenientes de 1821
no fueron ultraizquierdistas
(porque hicieron la Independencia por la vía pacífica
aunque la Independencia fuera más que todo para ellos
y los pobres centroamericanos siguieran allá abajo
explotados, humillados, hambreados, engañados y dependientes.

Anastasio Aquino sí lo fue
porque con lanzas de huiscoyol y cañones de palo
sublevó a los nonualcos contra el gobierno central
no tomó el poder porque no supo que había ganado la guerra
después de haber inventado la emboscada
y haber legislado como un marxista de este lado del Lempa
y haber expropiado a los ricos de San Vicente
que habían escondido su oro bajo las enaguas de San José)
Don Chico Morazán también lo fue
y lo fue a nivel centroamericano
Gerardo Barrios
por poco no entra en la colada
si no es que se te ocurre agarrar viaje al frente de las tropas
para ir a Nicaragua a echar plomo contra los filibusteros gringos de Walker.
De ahí hubo un largo período
en que los revolucionarios salvadoreños
dejaron de ser ultraizquierdistas
y se volvieron tan decentes como burgueses
el ultraizquierdismo desapareció
ante el empuje del conservadurismo burgués
del liberalismo burgués y la Constitución burguesa
de la expropiación burguesa de la tierra común
de la entronización del Dios burgués del café
más omnipotente en lo referido a la República,
que su símbolo de palo y colochos
llamado ni más ni menos que Salvador del Mundo.

Todo iba muy bien hasta que se apareció ese ultraizquierdista llamado Farabundo Martí
que encabezó un ultraizquierdista Partido Comunista Salvadoreño
en el que militaban un montón de ultraizquierdistas
entre otros Feliciano Ama, Timoteo Lúe, Chico Sánchez,
Vicente Tadeo, Alfonso Zapata y Mario Luna.

No pudieron ser ultraizquierdistas hasta el final
porque no tenían con qué
y fueron asesinados en número de treinta mil.
En 1944 hubo otra epidemia de ultraizquierdismo
cuando hasta los militares se contagiaron y se alzaron el 2 de abril
contra el tirano Martínez
con el asentimiento ultraizquierdista de todo el pueblo.

Una huelga nacional ultraizquierdista
terminó con el régimen asesino
en lo que éste se dedicaba a fusilar
a los ultraizquierdistas del 2 de abril.

Uno de ellos fue tan ultraizquierdista y tan poco conciliador
que con un ojo de menos y con los testículos y los huesos machacados
le dijo al cura que lo fue a confesar
que no le flaqueba el espíritu sino tan sólo el cuerpo.
Víctor Manuel Marín era su nombre.

Ese año hubo, además, otros dos casos notables
de ultraizquierdismo salvadoreño
uno fue cuando 200 jóvenes armados
entraron por el lado de Ahuachapán provenientes de Guatemala
para tratar de derrocar a Osmín Aguirre
y otro fue cuando el ultraizquierdista Paco Chávez Galeano
se batió a tiros con la policía en el Parque de San Miguelito.

Como la cosa estaba agarrando color de hormiga
los ricos desempolvaron la mejor de las armas
contra el ultraizquierdismo
o sea las elecciones
las elecciones para coexistir en las urnas
donde todos los salvadoreños fueran iguales
o sea donde todos fueran igualmente engañados
con música de fondo de democracia y paz.

Con elecciones y uno que otro golpe de Estado
el ultraizquierdismo fue reducido a la mínima expresión .
a pesar de que Castaneda Castro hubo de darle metralla
cada vez que le pareció prudente
y Osorio persecuciones, muerte, cárceles
(aunque hay que aceptar que hubo ultraizquierdistas
que comprendieron a tiempo las ventajas de coexistir
mediante contundentes argumentos escriturados en cheques
Embajadas, Ministerios, premios de la lotería, becas,
casas en la Colonia Centroamérica, mujeres, guaro).

Pero ya bajo Lemus estaba aquí otra vez
el ultraizquierdismo más necio que una mula
armando la tremolina
y mostrando ultraizquierdistamente
el hambre y la desesperación que inundaban el país
(cada vez que bajan los precios del café
como que todo el mundo se vuelve ultraizquierdista)
hubo manifestaciones ultraizquierdistas y tiros ultraizquierdistas
y bombas ultraizquierdistas y muertos ultra izquierdistas
y, además, por todas partes cundía el ultraizquierdista ejemplo
de Cuba y de Fidel.

Total que Lemus se vino al suelo
y subió una Junta de Gobierno
que hablaba de ultraizquierdismo pero hasta ahí nomás
y no tenía nada en las manos
para pensar siquiera en ser ultraizquierdista de verdad.
Mientras la Junta hablaba
y el pueblo de nuevo ultraizquierdista pedía armas
la Alianza para el Progreso tomó el poder.
Otra vez había habido un susto grande
y hubo de reforzarse el sistema electoral coexistente
la oposición de su Majestad
las frases reformistas y democratizantes
y se declaró terminada
la era de la explotación del hombre por el hombre.
 
Pero de un día para el otro
todo el movimiento obrero organizado de El Salvador
amaneció ultraizquierdista
y organizó una huelga que arrodilló al gobierno de Rivera.

Para colmo de males los maestros se volvieron ultraizquierdistas
y algunos curas también
y hasta algunos opositores
propiedad hasta entonces del gobierno.

En vista de lo cual el nuevo gobierno
(presidido por un enano ladrón de apellidos Sánchez y Hernández)
dio dos serios pasos
que son ejemplares para la lucha contra el ultraizquierdismo.

En primer lugar lanzó al pueblo
a que se quitara la calentura peleando contra Honduras.

En segundo lugar apeló
a la organización que se suponía era el corazón de la ultraizquierda
para que se subordinara al Gobierno de esa gran cruzada nacional

El PC se partió en dos ante la situación
la mayoría que aceptó dejar de ser ultraizquierdista
se quedó con el nombre
la minoría que decidió seguir siendo ultraizquierdista
se salió de la carpa encabezada por un panadero
llamado Salvador Cayetano Carpio.

Después surgieron dos organizaciones ultraizquierdistas
las Fuerzas Populares de Liberación "Farabundo Martí"
y el Ejército Revolucionario del Pueblo "ERP"
con el propósito de que en adelante
los verdaderos ultraizquierdistas salvadoreños
tengan con qué carajos ser ultraizquierdistas hasta el final
o sea hasta tomar el poder
tan ultraizquierdistamente como sea necesario en este país
dominado por la ultraderecha.

O sea que se trata de ser ultraizquierdistas eficaces
y no sólo ejemplares ultraizquierdistas derrotados
como los pipiles y Pedro Pablo Castillo y Anastasio Aquino
y Gerardo Barrios que terminó fusilado por los Dueñas
y los muertos del 32 y los invasores de Ahuachapán
y Paco Chávez y el montón de caídos del pueblo
bajo Castaneda, Osorio, Lemus, El Directorio, Julión Rivera,
Sánchez Hernández y el bandido actual.

En un país como el nuestro
donde todo está cerca y concentrado
donde el amontonamiento histórico es tan denso
el ultraizquierdismo que no se quede en palabras
y tenga con qué ser ultraizquierdista en los hechos
irá siempre más hondo calando en el corazón popular
que sigue estando en la ultraizquierda del pecho.


Roque Dalton
Miedo
 A Julio Cortázar

Un ángel solitario en la punta del alfiler
oye que alguien orina.
Martín Micharvegas
Argentina – desde Madrid
Hoy todo es taberna

EN CUBA NO SERÁ ASÍ!
EN AMÉRICA LATINA NO PODRÁ SER ASÍ!
EN NINGUNA PARTE DEL MUNDO HAY PUMAS
O DA EL SOL SOMBRA ROSADA
O FLAMEA LA CÓLERA COMO UNA BANDERA VERDE,
POR ESO.

( Roque Dalton, de “Taberna”, U Fleku, Praga, 1966 )

puse tus versos como en un atril
y aquí, ya ves, te estoy interpretando
oís la música de tristesa auténtica
que nos arrasa desde tus palabras?
también ya estamos en los güesos
también ya somos senisas aventadas
no nos va nada bien en esta bruma
sí:
tu sol está más malito esta aurora
tan húmedo que parece que yorara
nada cura ya a tu aspirina ideológica
el aire está doliente y muge
las aguas muertas gimen
augados pansa arriba los peses en el río
doblados de rodiyas los árboles selváticos
afónico el guacamayo
amarga la guayaba
mudas las cotorritas verde oliva
caín no encuentra a quién matar
abel? abel? abel? pregunta en vano
todo es muro todo es alambre de púas
todo es lamento de semento
si asomamos la cabeza nos la cortan
si asaltáremos el tren correo
sólo encontraríamos fajos de papel de diarios
más que empeniados
hipotecados están por enterrar la historia
cómo vamos a divorsiarnos de nuestra novia muerta?
y besar y besar y besar
como desesperados desarrapados
sus labios de polvo que ya no son tifones?
estoy hasiendo la larga cola de los sin curro
nos fichan nos sugieren cambiar de ofisio sierran las puertas
delante de mí la frustrasión olvida
detrás huelo el aliento del viejo miedo sin trabajo
el 29? qué 29?
el crác? qué crack?
roque de roca
dalton sin daltonismos:
vos nos enseniastes que un poema se escribe
no para tener razón sino para no perderla
el sistema es la crisis
tu mesmo cómico cosmos es trágico
y bien sabés que tengo corasón
no tendrán que esperar que me infarte para demostrarlo
qué dónde está la esperansa que nos confiaste?
solisitó una larga baja por falta de humor y se la dieron
unos meses después por carensia de amor se dió por despedida
sabés lo que es que un torniyo no atorniye?
una tuerca no tuerque?
un martiyo no tenga clavo en quien golpiar?
una tenasa negra no atenase?
dónde se viera que cuando el faraón se va
se yeve las pirámides?
tu mismo arco iris tiene las cuerdas de color cortadas
todo es de un intenso amariyoasulado japonés
de oleadas de una radiante seguera
tomados de las manos en una humana cadena inmensa
entonces lo cantamos alto tanto como ahora:
no confiar en nadie
no confiar en nada
desconfiar de todos y de todo
especialmente esto:
desconfiar de uno mismo

si te agarraron dormido
no habrás tenido tiempo de espetarles:
van a matar a un hombre!
tranquilo, hermano:
en este nada sorprendente silensio desértico
hoy en coro lo haremos por vos

 Madrid / 3487NE-  ( antiguo 28.IV. 2011 d. C. )


Washington Benavides
Montevideo, Uruguay
Uno que estaba en la Taberna contò…

Que el muchacho intranquilo al que se le caían
Cuadernos manuscritos y libros manoseados,
Que alguien dijo que era un poeta salvadoreño,
Roque Dalton (o algo así), y que  se había escapado
Gracias a un terremoto y un descuido
De que lo fusilaran, primero fue el gobierno militar
De su tierra y luego en la cárcel de Cojutepeque
Por el oportuno terremoto. Lo vió (el testigo)
Anotar lo que dialogaban en humosa y alcohólica
Taberna, estudiantes frenéticos y bellísimas donas,
Extranjeros de pipa y barbas talmúdicas, africanos
Casi inmovilizados como íconos; mozos atareados
Con cervezas y “tintos”. Dicen que circulaban
Sus poemas en forma clandestina, en ediciones piratas
O de manos anónimas. Sus poemas donde se comparaba
con “la siempreviva”:”La flor de mi poesía
El aire
El humus
La savia,
El sol,
De la ternura.”
También era un poeta epigramático
Para burlarse de los ultra
Que hacían revoluciones en los bares;
También un amoroso
Que escribía: “Amo tu desnudez,
Porque desnuda me bebes con los poros,
Como hace el agua
Cuando entre sus paredes me sumerjo…”
Y como dijo Galeano:
“De al lado tenía que venir la bala,
La única capaz de encontrarlo.”

Hay que leerlo, amigos, léanlo
Esa es la larga vida del poeta….
                                                                            ( 2 de mayo del 2011. Montevideo)
Roque Dalton
Epitafio

Apareció un día de tantos
se supone.

Al principio solía beber vino a tragos lentos
en el último bar de aquella playa oscura

pronunciando los nombres de los mariscos
de una manera que llamaba a risa
y cantando confusas baladas que ninguno de los pobres borrachos
entendía.

Después se fue quedando aquí simplemente
sudoroso y rojísimo bajo el sol obstinado
casó con una puta oscura -santa mujer de lástima-
inaugurando una larga vecindad de silencio.

Phillips O’Mannion los ojos y el recuerdo llenos de su Irlanda natal
murió ayer en la calle las manos crispadas junto al pecho
sin pronunciar una palabra
sin alarmar a nadie
como quien paga por la vida poco precio.

Al estarle enterrando se rompieron las cuerdas
y el féretro cayó de golpe saltándose la tosca tapa de pino.

Su compañera -los labios despintados-
le echó el primer puñado de tierra
directamente en el rostro.






Roque Dalton
Y,  sin embargo, amor, a través de las lágrimas...

Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas,
yo sabía que al fin iba a quedarme
desnudo en la ribera de la risa.

Aquí,
hoy,
digo:
siempre recordaré tu desnudez entre mis manos,
tu olor a disfrutada madera de sándalo
clavada junto al sol de la mañana;
tu risa de muchacha,
o de arroyo,
o de pájaro;
tus manos largas y amantes
como un lirio traidor a tus antiguos colores;
tu voz,
tus ojos,
lo de abarcable en ti que entre mis pasos
pensaba sostener con las palabras.
Pero ya no habrá tiempo de llorar.
ha terminado
la hora de la ceniza para mi corazón:

Hace frío sin ti,
pero se vive.


Por Juan José Dalton



Desde entonces no aguanto la tristeza sin que se me salgan las lágrimas como cuando era un adolescente romántico y soñador
Era el año 1975. Había terminado el segundo año de secundaria en la Escuela “Manuel Bisbé”, de Miramar, en La Habana. Estábamos de fiesta porque todo mi grupo había pasado de grado y con buenas notas. Mi grupo era un poco “discriminado”: nosotros éramos “los blanquitos cochinos”, es decir, los “hippys”, a los que les gustaba la música en inglés, por entonces prohibida en las radios cubanas.
Nos habíamos reunido en casa de Smyrna, mi fiel y eterna amiga venezolana. Bailábamos, tomábamos las primeras cervezas y los primeros tragos de ron, más bien, de “Coronilla”, que era el aguardiente que por entonces se vendía en Cuba, así como un vino Vermut y un coñac búlgaro.
Estábamos los de siempre: Moré, el novio de Smyrna, así como sus hermanas Sneyma y Yurinzska. Luisa, la mamá de Smyrna, y un grupo de amigos de ella que eran periodistas de diversos medios cubanos. Luisa trabajaba en Prensa Latina, la agencia internacional y oficial de Cuba, un lugar privilegiado donde llegaban noticias de todo el mundo. Yo hacía chistes y me burlaba de medio mundo. En fin, estábamos en gran jodedera, celebrando el fin de curso. Era finales del mes de junio de aquel 1975.
La fiesta fue terminando y nos quedamos un reducido grupo, casi la pura familia venezolana y yo. En eso, sin ninguna precaución, Luisa me pregunta: “Oíme Juan José, ¿en qué paró por fin esa noticia que llegó hace como un mes de El Salvador, en la que se decía que a Roque lo habían matado?”.
Yo sentí como un escalofrío que me atravesó el cuerpo. “No” –respondí inmediatamente y agregué lo que teníamos indicado decir para cualquier caso- “Mi padre está en Viet Nam, hace poco recibimos carta de él y está bien”. Lo cierto que sí sabíamos que estaba en El Salvador y que estaba integrado a la guerrilla.
Luisa quiso cambiar de conversación pero alguien le preguntó más. “No recuerdo muy bien”, explicó ella, “pero la noticia era rara, algo así como que lo había matado la propia guerrilla”. “Creo además que no era cierto porque de haber sido cierto, ya habría un gran escándalo”, finalizó Luisa.
La inquietud y la incertidumbre se apoderaron de mí; la alegría de la fiesta desapareció más de mi alma que de mi rostro; miré la hora y era de madrugada. Tenía que caminar yo solo como más de 10 cuadras: desde Paseo hasta la Calle J. Iba desesperado por llegar a casa.
Teníamos instrucciones de mi madre de contarle todo lo referido a mi padre, cualquier comentario. Así que llegué a la casa, la desperté y le conté todo lo que Luisa me había dicho.
Yo le vi el rostro a mi madre. Ella trataba de ser fuerte pero su mirada la delató. “Andá a acostarte, tranquilo. Mañana hablamos”. Me fui a llorar a mi cuarto, quién sabe cuánto tiempo. Desde entonces no aguanto la tristeza sin que se me salgan las lágrimas como cuando era un adolescente romántico y soñador.
Muy temprano mi madre y mi hermano mayor Roque, nos reunieron a Jorge y a mí en la mesa del comedor. Nos explicaron que había una enorme confusión y que se estaba investigando todo lo referido a mi padre porque las noticias eran que lo habían asesinado, pero que no había ninguna certeza.
Mi mamá y Roque tenían un mes de saber todo lo que estaba pasando pero no quisieron decirnos nada hasta que termináramos el curso.
Los asesinos de mi padre, es decir, la dirección de entonces del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) –encabezada por Edgar Alejandro Rivas Mira y Joaquín Villalobos-, ordenó el asesinato de mi padre el 10 de mayo de 1975, pero no lo dieron a conocer hasta finales de ese mismo mes en un pequeño comunicado lanzado en la Universidad de El Salvador (UES). Alguien después me contó que no tenían el valor de dar la noticia ni menos justificar el crimen, hasta que tuvieron la "gran idea" de decir que mi padre era “agente de la CIA”.
Ese mismo día que se supo de la noticia mi abuela paterna llamó por teléfono a mi mamá desde San Salvador a La Habana. La sufrida señora fue entrevistada por diarios y medios radiales; ella pedía evidencias, pero los criminales nunca quisieron entregar el cadáver y según una versión, sus restos fueron abandonados en un lugar conocido como “El Playón”; el mismo utilizado por los escuadrones de la muerte de ultraderecha para lanzar a sus víctimas.
Este mes de mayo, como todos los mayos desde 1975, en El Salvador y en varias partes del mundo se conmemora el asesinato de aquel gran intelectual revolucionario que fue Roque Dalton. Su vida fue azarosa: el odio, la envidia, la cárcel y el exilio lo victimizaron, pero su obra es un monumento a la inteligencia.
Su muerte dejó en nosotros una herida que no se cierra pero vivimos orgullosos de nuestro padre, a quien esta sociedad (la salvadoreña) y el mundo ha comenzado a reconocer y a apreciar como un talento incomparable y un pilar fundamental de lo mejor de la cultura latinoamericana.
En contraste, sus asesinos sobrevivientes: Rivas Mira, Villalobos y Jorge Meléndez, podrán vivir en Londres o en Oxford o San Salvador o en cualquier otro lado del mundo, pero cada vez más la historia los coloca como lo que fueron: los miserables asesinos de Roque Dalton, matones impunes y traicioneros.

Publicado en blog de  Juan José Dalton, 3 de mayo de 2007





Roque Dalton
La certeza

Después de cuatro horas de tortura, el Apache y los otros dos cuilios le echaron un balde de agua al reo para despertarlo y le dijeron: «Manda decir el Coronel que te va a dar una chance de salvar la vida. Si adivinás quién de nosotros tiene un ojo de vidrio, te dejaremos de torturar». Después de pasear su mirada sobre los rostros de sus verdugos, el reo señaló a uno de ellos: «El suyo. Su ojo derecho es de vidrio».

Y los cuilios asombrados dijeron: «¡Te salvaste! Pero ¿cómo has podido adivinarlo? Todos tus cheros fallaron, porque el ojo es americano, es decir, perfecto». «Muy sencillo -dijo el reo, sintiendo que le venía otra vez el desmayo- fue el único ojo que no me miró con odio».
Franklin Ledezma Candanedo
Panamá
Dónde estás?
Oda a Roque Dalton, martir de la noble empresa libertaria



¿Dónde estás sol pletórico de llamaradas
idealistas?
¿Qué ignoto estanco oculta
tu terrenal estructura?
Quisieron cortar tu verbo
Hermano
¡Más No…
No pudieron!
Pretendieron sepultar
tu regia palabra
para multiplicar el horror
injusticias
genocidios…
en la epidermis sufrida
de la América Meridional
y en el corazón de nuestro Corinto
idolatrado.

Vano fue el intento
de Judas repetidos
de fabricarte olvido
con el filo de la muerte
Pero…
pero se estrellaron
Hermano-Solidario
porque VIVES
VIVES y estás presente
en el alma
universal
y  viven lozanos
tus ideales
y los frutos
de tu vital siembra
generosa
que ratifica tu probada
estirpe
revolucionaria.

Es clamor universal
que te redime
de las tinieblas
de una muerte prematura
porque  tu ígneo verbo
fustigaba…
era –y es- antorcha  encendida
en la región
y paradigma imparable
en el planeta.

Tu muerte física…
Combatiente Invencible…
es vida repetida
en muchas vidas
en tu planeta ideal
Inconcluso…
Pero será realidad
Te lo aseguro
y una justicia renovada  CASTIGARA
CASTIGARÀ  -sin duda-
a tus pigmeos verdugos
que te convirtieron
en sol que guía
y nos señala a todos
la gran META.

Donde quiera que estés
Hermano mío
Estás aquí
Ahora
presente
y es que tu flamígera palabra
está vigente
sigue la lucha
inyectada en almas y corazones
insobornables
porque
porque en todos los espacios
de tu tierra
nuestra tierra
-América Meridional
y el planeta-
se repiten como ayer
crónicas patologías:
Hambruna
Miseria
Terrorismo de Estado
Persecuciones
e injusticias
Calentamiento global
Destrucción mercantil
de recursos y la propia vida
de pueblos originarios…
guillotina imperialista
hecha a propósito 
para cercenar la vida entera
en  la tierra.

Pero
pero no cristalizará su vorágine
mortal
porque estas vivo y actual
ROQUE DALTON…
porque tu…
ROQUE DALTON
circulas por las arterias
de pueblos irredentos…
porque Tu…
ROQUE DALTON
vives en las venas verticales
de nuestra Indo América
sufrida
porque tu...
ROQUE DALTON
eres latido y motor siempre encendido
que nos transmites  la inagotable ternura
 guevarista
que nos motiva e impulsa a edificar
 el mundo posible
que soñaste
que será erigido en tu honor
en todos los estadios
del planeta.

ESTÁS AQUÍ
Y PARA SIEMPRE…
ROQUE DALTON.
                                                   Panamá, 23 de abril de 2011.


Yeanny González Peña
Cuba
Llegó a Cuba con un pequeño país entre las manos

Hace 73 años nació un escritor salvadoreño cuya poesía se esparce por el continente latinoamericano, enérgica y anunciadora de que a estas tierras, ultrajadas durante más de 500 años, les ha llegado, por fin, el turno del ofendido: Roque Dalton. En un encuentro de artistas celebrado recientemente en El Salvador sobre la figura de Dalton, la poetisa española Aitana Alberti expresó que América Latina vive momentos de libertades y reivindicaciones acordes con el pensamiento de uno de los poetas revolucionarios más auténticos de la literatura en la región.
Nació el 14 de mayo de 1935 en la capital de la nación centroamericana. De madre salvadoreña y padre norteamericano, fue educado en un colegio jesuita hasta que en la universidad se involucró en las primeras acciones insurgentes contra el régimen dictatorial en su país.
Formó parte de una juventud inconforme y soñadora. Hombre de su tiempo que vibró al centro de sus circunstancias: una patria conmovida por la dictadura militar que se instauró allí desde 1931 hasta 1979.
Estudió derecho y antropología en las Universidades de El Salvador, Chile y México, pero desde muy joven se dedicó al periodismo y a la literatura, con la cual obtuvo diversos premios en certámenes nacionales y centroamericanos.
El amor y la política dominaron los hilos de su poesía, cuyas raíces provenían de Pablo Neruda, cantor de la geografía continental y de César Vallejo, conocido radiólogo del alma latinoamericana. “A nada temo sino a la cobardía / nada me hace llorar sino el amor”, decía.
Allí, en lo más recóndito de su obra, conviven también un humor y una ironía abonados con las corrientes surrealistas de Henri Michaux, Saint John Perse y André Breton. Sobre esa cualidad de su poesía el poeta uruguayo Mario Benedetti expresó: “en el caso de Roque Dalton, más que hablar de humor en poesía, habría que hablar de humor poético. Roque elabora poéticamente el humor; lo convierte en poesía antes de soltarlo sobre la página”.
Fue uno de los representantes más genuinos de la poesía conversacional, movimiento literario que alcanzó su auge en este continente al calor de los sucesos del Mayo Francés, Tlatelolco, Vietnam, Argelia, la Revolución Cubana y las dictaduras instauradas en América Latina durante la segunda mitad del siglo XX.
A los 22 años de edad se afilió al Partido Comunista salvadoreño y en 1959 el gobierno militar lo encarceló por su militancia en esa organización.
Dos años después fue liberado y se exilió, primero en Guatemala, después en Cuba y más tarde en Checoslovaquia y la Unión Soviética.

Su paso por Cuba
Llegó a Cuba con un pequeño país entre las manos, del cual había conseguido huir luego de ser apresado por el gobierno salvadoreño en 1964, y fue aquí dónde escribió la mayor parte de su obra ensayística y poética: El mar (1962), El turno del ofendido (1962), Los testimonios (1964) y Taberna y otros lugares (1969).
Mía junto a los pájaros (San Salvador, 1957), La ventana en el rostro (México, 1961), Poemas (San Salvador, 1968) y Los pequeños Infiernos (Barcelona 1970), también forman parte de sus publicaciones.
En 1969, bajo el seudónimo de Farabundo, obtuvo el premio Casa de las Américas de poesía con su ópera-rock Taberna y otros lugares.
“Dos patrias tengo yo: / Cuba / y la mía”; decía el guerrillero arrimado a la lumbre de la atmósfera revolucionaria de la nación cubana de los años 60 y 70.
“Sobre nuestra moral poética” es el poema que quizás mejor describe al Dalton exiliado y convencido de que “la poesía no está hecha sólo de palabras”. “Ser poeta es una conducta moral”, expresaba, en su empeño de cambiar el destino de su pueblo.
“No confundir, somos poetas que escribimos/desde la clandestinidad en que vivimos./No somos, pues, cómodos e impunes anonimistas:/de cara estamos contra el enemigo/y cabalgamos muy cerca de él, en la misma pista.”
Dalton, profundo conocedor de los clásicos comunistas, organizó el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una de las más fuertes organizaciones guerrilleras de El Salvador.
Regresó desde La Habana a su país para integrar las filas del ERP. Allí cayó el 10 de mayo de 1975, cuatro días antes de cumplir 40 años, acribillado a balazos a manos de una facción disidente de esa organización clandestina a la que había ingresado para participar de la lucha armada.
Para entonces ya había expresado: "Usted sabe: me quedan algunos meses de vida. Los elegidos de los dioses seguimos estando a la izquierda del corazón. Debidamente condenados como herejes".
Según la poetisa española Aitana Alberti, Dalton era un ser angélico cuya vida tuvo que ser sacrificada en función de un ideal que es el de muchos en América.
“Pero qué va/los muertos son otros desde entonces./Hoy se ponen irónicos/preguntan./Me parece que caen en la cuenta/de ser cada vez más la mayoría!”, escribió en su poema “El descanso el guerrero”.
Años después, el principal responsable de la fracción del ERP que decidió su eliminación, Joaquín Villalobos, reconoció tarde, muy tarde ya, que su muerte había sido un error, “un trágico error llamado Roque Dalton”.
 
 Tomado de Prensa Latina/ 12 de junio de 2008
Roque Dalton: unos días después de la fuga
Por Juan José Dalton

Roque Dalton aprovechó las paredes rajadas de la celda y ayudado por un pedazo de lámina de acero separó los ladrillos e hizo un hoyo para fugarse.

Los recuerdos retenidos en la memoria son algo borrosos, pero impactantes con el transcurso del tiempo.
Nosotros: mis hermanos, mi mamá y yo, vivíamos en la casita contigua a la Tienda “La Royal”, que era de mi abuela paterna y donde también ella vivía. Allí pasábamos toda la semana, de lunes a viernes porque Roque y yo íbamos al Colegio Centroamérica. Los fines de semana o nos íbamos a Sonsonate o a la casa de mi tía Cholita, en la Escalón. Tía Cholita (Soledad Morales) era hermana de mi abuela materna y una de las grandes costureras de entonces.
Bueno, el caso es que por aquellos días de 1964, yo tendría unos 7 años, mi “mamá María”, que así le decíamos a nuestra abuela, se mostraba nerviosa; a mi mamá no lo recuerdo en la casa, hasta momentos después.
A cada rato mi abuela nos ponía a rezar frente a un altar de la Virgen que ella tenía en una esquina; en otra esquina tenía a otro santo, que quizás era San Antonio.
Mi abuela era muy, muy discreta… Pero la vimos llorar. Quizás la consolamos y nos dijo que teníamos que rezar mucho por mi papá; que los policías lo habían capturado, pero que no podíamos decir nada porque más daño podríamos causar. Así que prometimos no decir nada a nadie.
Todas las tardes después de llegar del colegio, que dirigían unas “señoritas Eyegoyén”, nos salíamos a jugar a la calle, a un costado de la “5 de Noviembre”. Una tarde de esa pasó un camión cargado de policías y yo agarré un puñado de tierra y se los tiré, haciendo con boca un sonido de explosión.
Mi hermano, al darse cuenta, me regañó y yo en mi inocencia decía: “Si no les dije nada…”. Mi abuela también me regañó y nos hincó a rezar.
Después de aquello recuerdo la presencia de mi mamá. Ella nos dijo que nos preparáramos, que nos vistiéramos porque íbamos ir a visitar a la tía Orbe, que también era hermana de mi abuela materna y que vivía a pocas cuadras de nosotros. Su casa estaba a una cuadra de donde hoy está el teatro municipal Roque Dalton, en San Miguelito.
El caso es que llegamos a donde mi tía Orbe, a dónde íbamos también con frecuencia, y todo normal…
Mi tía Orbe cerró la puerta y nos hizo pasar al corredor, que en medio tenía un pequeño jardincito y unas grandes macetas de cemento. De pronto, de un cuarto sale mi padre… Nos quedamos mudos. Tenía bigote y pelos en la barba, poquitos porque era medio lampiño. Pero la cara y los brazos los tenía con decenas de pequeñas cicatrices.
Nos abrazamos todos, mi mamá, mi papá y nosotros, sus hijos… Nos contó que había estado corriendo por entre los montes y que por ello tenía tantas cortadas.
Recuerdo también que mi papá nos enseñó un pedazo de lámina de acero. Era como una pequeña reglita de unos pocos centímetros que había logrado arrancar al catre donde dormía en la celda, en la cárcel de Cojutepeque. En aquella cárcel estaba como desaparecido, es decir, el gobierno de entonces había negado tenerlo preso.
Mi padre aprovechó que las paredes de la cárcel estaban rajadas y ayudado por aquella laminita de acero (que nunca más supe de ella, aunque recuerdo haberla visto después en Praga), logró separar los ladrillos de adobe y por ahí fugarse.
Fue aquella una de las veces que mi padre evadió la muerte y la traición. 
  
*Publicado en ContraPunto





Roque Dalton
Los que en el mejor de los casos...

Los que
en el mejor de los casos
quieren hacer la revolución
para la Historia para la lógica
para la ciencia y la naturaleza
para los libros del próximo año o el futuro
para ganar la discusión e incluso
para salir por fin en los diarios
y no simplemente
para eliminar el hambre
para eliminar la explotación de los explotados.


Gabriel Impaglione
Argentina – Italia

Quien sabe, Roque
en los temblores a veces aparece la llave justa
resulta que en su hora salta ese caballo y todo trema
los muros y los guardias se resquebrajan
y basta cualquier cosa un filo de metáfora
para ganar la calle

a cielo abierto el hombre cuenta con su vida
estan los compañeros
la poesía siempreviva brota entre la hierba

pero algunos hombres, Roque
no entienden
resulta que juegan a ser dioses   cierran el cielo
sospechan de aves y poetas
todo lo que vuele rompe el dogma
desafía las duras estructuras

entonces
les trema el pequeño cascote de la cabeza
suenan como campanas oxidadas
--la ignorancia es un insecto
que va de hueso en hueso bajo el pelo
buscando la salida--

vos te salvaste de temblores y colmillos
de salones de palabra fácil
vos poeta del abajo te salvaste de todo
menos de los limitantes

así sucede con los puristas impuros
los a rajatabla de las anteojeras
confunden la verdad en su miopía
el hombre es un engranaje siempre confuso
el pueblo algo que viene después
la historia un bronce para pocos

sucede Roque en medio de los héroes
un no saber que se resuelve con la muerte

matan el caballo para que temblor
no pueda resquebrajar guardias y muros
echan su bala de romper el canto
por la espalda
y huyen de a pie inflados de gestas
verticales

pero, de todos modos, todo trema después
y el vuelo sigue sigue sigue      invicto, Roque.


Isla Negra
no se vende ni se compra ni se alquila, 
es publicación de poesía y literaturas. Isla Negra es territorio de amantes, porque el amor es poesía. Isla Negra también es arma cargada de futuro, herramienta de auroras repartidas. Breviario periódico de la cultura universal. Estante virtual de biblioteca en Casa de Poesía. 
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“Poesía/ Pérdoname / por haberte ayudado a comprender / que no estás hecha sólo de palabras”- Roque Dalton

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