lunes, 16 de julio de 2012

Una historia de terror que no es un cuento


Una historia de terror que no es un cuento
Esta historia de terror no es un cuento, pasó y seguirá pasando si no hacemos todos algo ya. Un grupo integrado en su mayoría por chicas adolescentes y algunas con un poco más de veinte años preparó con gran entusiasmo y diligencia un viaje de una semana para acampar en medio del bosque, cerca de la ciudad de México. Previeron y prepararon lo necesario como lo han hecho otros grupos similares del Movimiento Juvenil Cristiano (MJC) desde hace 50 años. Obtuvieron permiso de los padres de las menores, rentaron autobuses, contrataron un seguro de gastos médicos por si alguna de ellas sufría un accidente, eligieron un lugar para acampar en el municipio de Iztapaluca y obtuvieron el permiso correspondiente, se allegaron de equipo: estufillas, lámparas, lonas, casas de campaña, bordones, cuerdas, comida, bebidas, ropa y otros materiales para permanecer una semana sin padres, ni celulares, ni computadoras, a unos cuantos kilómetros de la carretera. Como únicos vigilantes las acompañarían como otras muchas veces unos cuantos chicos de su misma edad, que permanecerían cerca pero separados de ellas. Sería una semana formidable; se habían programado juegos, retos, pláticas, lunadas, ceremonias especiales alrededor del fuego, y mucha sana alegría.
Y así ocurrió durante los primeros cuatro días. En la noche del cuarto día, el jueves, la violencia y la inseguridad que impera en este país las alcanzó como ellas nunca lo imaginaron. Un grupo de aproximadamente doce personas, entre ellas una mujer, irrumpieron en el campamento, golpearon a los chicos vigilantes que no pudieron hacer nada contra las armas de fuego que los asaltantes empuñaban, permanecieron algunas horas amagando a las chicas, sometiéndolas con disparos al aire, amenazas y golpes, y robando sus pertenencias de valor, incluidos un par de vehículos que se habían llevado para cualquier urgencia. Además, algunas de ellas fueron violadas. Todo esto ocurrió como hoy ocurre en México, sin que nada ni nadie pudiera impedirlo.
Después el grupo de chicas y chicos llegaron hasta la casa más cercana, varios kilómetros del campamento y pidieron ayuda.
La noticia fue difundida por los medios el sábado 14 de julio y probablemente se perderá como otros terribles acontecimientos que todos los días suceden en este país de gran miseria material y ética.
El daño que estas chicas sufrieron es enorme e incalculable, seguramente sus secuelas las perseguirán toda la vida. Algunos dirán que ellas se lo buscaron porque en lugar de aventurarse a ir a un campamento debían haber permanecido con sus padres, encerradas en sus casas, detrás de algunos muros, cámaras de vigilancia, cerraduras dobles y gruesas puertas de acero. Así como muchos vivimos en México.
Las chicas que participaron en este campamento buscaban aprender y divertirse apegándose a valores cristianos y prácticas sanas, realizando una actividad que implicaba algunos riesgos y mucho trabajo, aunque ellas y sus padres consideraron muy lejana la posibilidad de que ocurriera algo como lo sucedido. Seguramente después de estos lamentables hechos tendrán que reconsiderar al menos las condiciones de seguridad en las que se realizan estas prácticas.
En realidad, el único error de estas chicas y el de sus padres fue haberle confiado su seguridad a gobernantes, legisladores, jueces y servidores públicos que no están haciendo su trabajo.
¿Por qué estas chicas no pueden ir a un campamento como lo hicieron sus abuelos, sus padres y sus hermanos mayores? ¿Es porque la inseguridad y la violencia no tienen límite en este país? ¿Qué está pasando? ¿Por qué hay tal violencia e inseguridad? Es claro que los gobernantes, legisladores, jueces y servidores públicos tienen que asumir su responsabilidad y nosotros los ciudadanos debemos exigirles con suficiente energía que la cumplan. Ya es tiempo que digamos basta, hasta aquí, se acabó. En países bien gobernados las noticias de violencia son asuntos extraordinarios y se reducen a los actos de enfermos mentales que en todos lados habitan, pero aquí en México este tipo de noticias se dan a conocer todos los días. Sin conmovernos escuchamos reportes de asesinatos, descabezados, secuestros, torturas, amenazas, mutilaciones, asaltos y violaciones. Nos estamos acostumbrando a vivir en este entorno.
Ya basta, queremos para nuestros hijos y para nosotros otro país. Las autoridades responsables deben hacer su trabajo y si no pueden hacerlo que permitan que los que sí pueden hacerlo lo lleven a cabo. Ya basta de violencia e inseguridad en este país.
El gobernador priísta del Estado de México, Eruviel Ávila, ha prometido dar con los culpables. Esperamos que así sea, y que no se le olvide esta promesa como se les olvidan muchos asuntos a los gobernantes, y que los culpables reciban el mayor castigo que prevea la ley.
No podemos seguir viviendo atemorizados, ocultos en nuestras casas. No es posible que nuestras hijas e hijos tengan que vivir siempre en la zozobra.
Gobernantes, legisladores, jueces y servidores públicos deben hacer su trabajo, para eso fueron elegidos, para eso fueron contratados.
Escribo todo esto como padre de una de las chicas que participan en estas actividades (aunque ella no pudo asistir al campamento), porque estoy enojado y triste por lo ocurrido, porque creo que no debemos seguir aceptando que esto suceda. Ya basta.
Arturo Texcahua

3 comentarios:

  1. Estimado Arturo:

    Lamento mucho lo ocurrido, duele lo que ocurre. Ahora les tocó a ustedes, otros han vivido una historia peor (se puede llamar así?), a nosotros nos sucederá. Quizá la literatura no alcanza.
    Yo hago lo que puedo gritando contra la injusticia, escribiendo sin pena. Por supuesto que tenemos derecho a vivir en un México diferente, a tener sueños. En esta guerra que declararon los gobernantes federales contra el narcotráfico flota la corrupción y la mentira.
    Qué dura es la noche; tarda, tarda en llegar el primer rayo del sol, pero estoy seguro que llega, más temprano que tarde. ¿Te acuerdas del principio de esperanza? ¿En qué puedo ayudar?

    REciban un cordial saludo y mi solidaridad.

    Kalu Tatyisavi

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  2. Arturo no encuentro palabras para poder darte consuelo, es muy fuerte lo que aconteció estamos viviendo una violencia incontrolable y como tu dices no pasa nada por que ellos cuentan con seguridad privada, con guaruras, con carros blindados y no están en nuestros zapatos viviendo esta situación.
    Yo he pasado por situaciones muy fuertes y doy gracias a Dios por seguir aquí por que el señor a si lo dispuso, como tu dices estas secuelas nunca se borran a la fecha las sigo sintiendo y me estremezco cuando las recuerdo, por que el que atentar contra tu integridad es muy fuerte.
    El amor y el cariño sacaran adelante esta situación ten fortaleza y mucha fuerza de seguir adelante eres una persona con mucho positivismo y sobre todo el amor a Dios, yo se que todo esto lo vas a trasmitir a tu hermosa familia y juntos saldrán adelante.
    Estoy contigo de todo corazón, Linda.
    EL SALMO 23
    El Señor es mi pastor, nada me falta.
    En prados de hierba fresca me hace reposar,
    me conduce junto a fuentes tranquilas
    y repara mis fuerzas.
    Me guía por el camino justo,
    haciendo honor a su Nombre.
    Aunque pase por un valle tenebroso,
    ningún mal temeré,
    porque Tú estás conmigo.
    Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
    Me preparas un banquete
    en frente de mis enemigos,
    perfumas con ungüento mi cabeza
    y mi copa rebosa.

    Tu amor y tu bondad me acompañan
    todos los días de mi vida;
    y habitaré en la casa del Señor
    por años sin término.

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  3. Espero que tu hija este bien por favor por cualquier cosa en la que te pueda ayudar... por si necesitas que se difunda en los medios de comunicación, recuerda que tengo amigos reporteros.. sólo avisame

    y si ya basta... la polítiica divide y por eso estamos como estamos...

    un abrazo
    y cuentas conmigo para lo que se necesite
    Verónica Nagore

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