martes, 20 de marzo de 2012

Poema Botticelli, de Guillermo Háskel


En la concha
marina
Simonetta
te hizo suya
para lo eterno
Sandro

de cortezas
de granadas
encendidas
llamarada    
por la brisa
enzarzada
en cabellera
y aún más
que madura
adolescente
tu monte
eclipsa
de Venus
pubescente
que cápsula
de ámbar
atesora
si bien es cierto
que al momento
no prospera

non avere paura
Simonetta
que en el lienzo estás
del pintor
no en mortaja
y no ofende
por tanto
tu hermosura
el hálito pleural
tuberculoso
que a los años
veintidós
de tu existencia
marchitó
tu florida
Primavera
y en un huerto
de papas
y marquesas
tu valva encalló
triste combleza

y habrás de saber
porque lo escribo
si es que aún
toda
vía
no sabías
que a tus pies
al abrigo
en su calzado
de acendrado
y amoroso
terciopelo
yace
y vela
tu sueño
y en su desvelo
espera
Alessandro
di Mariano
Filipepi
non indarno
sí detto
il Botticello



Este poema data del invierno del año 2008. Comencé a escribirlo una noche en el breve trayecto de regreso en un colectivo (autobús) de la línea 64 desde el diario en que trabajo como periodista hasta casa, a unas ocho cuadras del Congreso argentino, en base a información de un fascículo de pintura que venía leyendo. Para mis parámetros, tardé bastante poco en escribirlo. Me llevó quizá dos o tres meses y quizás dos o tres docenas de borradores. No diré, por pudor, los títulos que barajé antes de haber optado finalmente por el que lleva: “Botticelli”. Baste decir que eran ridículos.
Estas que hago aquí son meras anotaciones misceláneas, comentarios que uno suele hacer entre amigos y que mayormente quedan luego relegados al olvido. Y escribo esto, entre otros motivos porque, por lo que a mí respecta, me gustaría tener la mayor cantidad de detalles posibles sobre las circunstancias que rodearon el origen de los poemas de mis poetas preferidos, si más no sea por mera curiosidad.

Hago también algunas aclaraciones que pueden ayudar a “entender” el poema. Respeto la opinión de quienes afirman que la poesía “no debe ser explicada”, que tiene un valor per se. Pero discrepo con ese concepto. Porque si eso fuera así, uno debería poder leerle el poema a un extranjero que no hablase castellano y éste debería estar en condiciones de juzgar de la bondad o maldad de la poesía de marras. Y no me parece que sea así. Algo similar sucedería si quien lee el poema es un analfabeto funcional que puede leer las palabras pero muchas veces no entiende su significado.
Creo que muchos de quienes defienden el concepto de que la poesía “no debe explicarse” no tienen en cuenta que muchas veces se pasa por alto el supuesto básico de que el lector u oyente entiende el idioma. Y todo idioma es un sistema de códigos. En última instancia, lo que hago con estos comentarios es agregar algunos códigos más al sistema.

Qué haría yo si en una de estas ruedas de amigos que menciono uno de ellos me preguntase qué quiere decir “combleza”, palabra que vi una sola vez en mi vida y que tuve que buscar en el diccionario? Acaso respondería: “Lo lamento, no puedo revelártelo. De lo contrario, se rompería la magia. La poesía no se explica”? Claro que no. Le explicaría lo que significa. Lo contrario sería no sólo ya incurrir en una falta de respeto, sino en lisa y llana soberbia. Y es claro que no sólo algún escritor (o pintor, o músico, etc) puede incurrir en la “soberbia del creador” sino que algún lector puede también caer en la “soberbia del re-creador (o co-creador) iluminado”. La soberbia es hija de la ignorancia.

Contrariamente a lo que algunas personas me han cuestionado o recriminado (algunas con mucha altura y respeto, otras no tanto), al escribir estos comentarios no considero haber estado subestimando ni remotamente la inteligencia del lector, quien siempre es dueño no leer el comentario, ni el poema.

Las aclaraciones que hago en rueda de amigos son las que incluyo aquí “anticipadamente”. Y qué diferencia hay entre decirlas en forma verbal o escrita?

Por otro lado, no veo que las explicaciones quiten o añadan encanto o desencanto al poema. San Juan de La Cruz hace extensísimas glosas de sus poesías, glosas que después de leídas no me hicieron tener esos poemas en menos. Por el contrario, en algunas ocasiones me llevaron a tenerlos en más.

Las que escribo, más que explicaciones, son algo así como un complemento o “excusa” para hablar de otros temas que no abordo en el poema, como por ejemplo, aspectos históricos, o, por caso, incluir muy poco conocidos poemas de Miguel Angel aunque reconozco que no faltará quien alegue, y quizás no sin cierta dosis de razón, que eso se podría haber hecho en otro texto aparte. Mucha gente ha apreciado mucho estos comentarios que, por lo demás, tienen una cierta aspiración de tener valor por sí mismos.

Además, suponía (como andando el tiempo me han confirmado muchos) que las “explicaciones” podían ser eventualmente de interés para el lector curioso, y hasta de utilidad para algún poeta novel.

En el fascículo que he mencionado decía que Simonetta Vespucci, pariente de Américo Vespucio, fue la modelo que posó, entre otros cuadros, no sólo para El Nacimiento de Venus sino, además, para la figura principal de La Alegoría de la Primavera, del mismo pintor-poeta, y me parece que aun para otros pintores.

La escueta información daba cuenta de que Simonetta era amante de no recuerdo qué príncipe o aristócrata, y que murió de tuberculosis a los 22 años. Decía también que Botticelli estaba profundamente enamorado de ella y que murió 40 años después, soltero, pidiendo ser sepultado a sus pies. Investigué bastante pero no logré confirmar si, más allá de su pedido, fue efectivamente sepultado a los pies de Simonetta, hasta que decidí parar la pesquisa y escribí el poema como si efectivamente así hubiese sido. Un vecino, profesor de italiano en la Universidad de Buenos Aires, me informó que según Wikipedia en italiano tanto Simonetta como Botticelli están sepultados en la Iglesia de Todos los Santos (Ognissanti) en Florencia. Si él está a los pies de ella, no dice, agrega el profesor.

Este tema lanza a la palestra la interesante cuestión de si hay límites para la licencia poética, sobre todo cuando un poema incluye personajes o hechos históricos, y más aún cuando los hechos poéticos son verosímiles. Porque si la mención es tan fantasiosa que es claramente absurda, las aclaraciones no serían necesarias, como cuando en su “Profecía del Tajo” Fray Luis de León dice que el Río Tajo le habla a Rodrigo, último rey visigodo EN la península ibérica recriminándole luego de que éste violase a la Cava (o Florinda), hija de Julián, conde de Ceuta. Éste, para vengar la afrenta sufrida por su hija, llama en su auxilio a los moros, quienes ponen fin al reino visigodo en la batalla de Guadalete en el año 711. Fray Luis (1527-1591), que escribe su poema más de siete siglos después, habla de “la espaciosa y triste España”, y España recién nacería en 1492.

Tampoco encontré información de que Simonetta estuviera enamorada de Botticelli. Una profesora de historia me dice que recuerda haber leído en más de un sitio que la modelo no correspondía al amor del pintor, y sobre la depresión de éste tras la muerte de ella. Añade, sin embargo, que en uno de los sitios que leyó se especulaba acerca de hasta dónde alcanzaría la amistad entre ambos. A mí no me consta siquiera que hubieran sido amigos. 

Por otra parte, considero a este poema muy argentino. Fundamentalmente por su verso inicial: “En la concha”. 

Más allá de su significación de “caracola”, la palabra “concha” se usa en Argentina, aunque también en otras regiones, para designar las partes pudendas femeninas. Es palabra generalmente tenida por muy vulgar y grosera, aunque en las últimas décadas ya no está rodeada del tabú de antaño. Curiosamente, me he encontrado con gente de otros países, incluso de alto nivel intelectual, que ignoraba esta acepción argentina de la palabra, de modo que la alusión sexual de ese primer verso les pasaría seguramente desapercibida. Dificilísimamente se encontrará en Argentina mujeres que lleven el nombre de “Concha”, tan común en España y México.

Esta especificidad de los localismos es muy común y, en el caso de este poema, suscita, adicionalmente, la cuestión de las dificultades para posibles traducciones ya que ya sería arduo traducirlo del “argentino” al castellano corriente en muchas otras naciones.

Adrede dejé el adjetivo “marina” solitario en el segundo verso, para que tanto pueda referirse a la concha o valva de la que la diosa del amor viene navegando, o a la misma Simonetta, en una alusión a su pertenencia a una familia de navegantes.

Le hablo a Simonetta, pero el poema es un homenaje a Botticelli, a quien afectuosa y familiarmente en la primera estrofa llamo por su sobrenombre de “Sandro”, aféresis de Alessandro (igual que “Mingo” lo es de “Domingo”).
Digo que el pintor la “hizo suya”, expresión que se utiliza para la consumación del acto sexual, pero pretendo al mismo tiempo haber sublimado el hecho con la apoteosis de su amor en la eternidad.

El poema se “lee” más fácilmente si se tiene a la vista el cuadro maravilloso en que el pintor parece haber presentido el tristísimo final que le aguardaba a su amada, ya que antes que diosa rozagante nos la muestra con una palidez de muerte, sobrecogedora advertencia de la fugacidad de la vida y la belleza en lo que es casi un retrato post mortem.

Nos pinta su melena de un intenso naranja que se me ocurrió el color de granadas que se consumen en su propia hoguera. Igualmente adrede separé las palabras “llamarada / por la brisa” para que el adjetivo “enzarzada” pueda aludir tanto a la llamarada como a la brisa. Y lo de “enzarzada” es referencia a la “zarza ardiente”, alegoría, para mí, a la vez bíblica, y místico-divina de la femineidad. 

Lo de “aun más / que madura / adolescente” no se notará si se escucha el poema recitado, pero leyéndolo con los ojos se distingue entre “quemadura” y “que madura”.  El extremo del cabello de Simonetta, exquisita y pudorosamente le cubre el Monte de Venus. De allí lo de “eclipsa”, alusión cósmica al planeta. “Pubescente”, una vez más, es una referencia a la temprana edad de Simonetta.

Parece claro que la “cápsula de ámbar” es el útero. Y digo que “al momento / no prospera”, es decir, que en mi poema no está embarazada, si bien Simonetta aparece con el vientre sutilmente abultado. Ignoro si estaba o no embarazada, pero en mi poesía reservo la gloria de la concepción para el día de la resurrección, cuando se una en matrimonio con Sandro.

Luego le digo en italiano “non avere paura” (“no tengas miedo”) que el lienzo sobre el que ahora sos inmortal es el del pintor, una alusión a unas sublimadas sábanas del lecho nupcial. Y sigo diciéndole que por tanto no tema al hálito de la tuberculosis que encarno en el Céfiro que sopla desde la parte izquierda de la pintura. Y le digo también que esa enfermedad marchitó su “Primavera”, con P mayúscula, tendiendo un puente entre este cuadro y el de la "Alegoría".

Después, le digo que tras haber llegado navegado en su frágil embarcación, ésta vino finalmente en encallar en un huerto de papas, en una doble alusión a un cementerio donde ahora — quizás después de su muerte por tuberculosis — crecen papas (patatas) que son, al cabo y fin, tubérculos, y en alusión también a los sumos pontífices, considerando el ambiente social en el que ella se movía. En ese huerto-cementerio es donde vino a encallar su “valva” tras su peripecia marina (nueva referencia a su familia de navegantes), expresión con la que he querido aludir a su vida sexual.  Es notable la poca sustentabilidad que el tamaño de la valva sugiere en comparación con el tamaño de la diosa nacida de la espuma del mar.

Por otra parte, es de destacar que “valva” y “vulva” comparten la raíz etimológica de “envolver” y que “cementerio” significa, en última instancia, “dormitorio”.
“Combleza,” que etimológicamente significa “la que comparte el lecho”, es palabra extrañísima. La leí en la Vida de Pericles, en las Vidas Paralelas, de Plutarco. Y me quedó grabada. Tiene la misma significación que “manceba”, en su acepción de “querida”, “amante”, y de hecho la misma métrica y la misma rima final e-a.  No obstante opté por “combleza”, porque antes que para nadie escribo para mí. Y en mi espíritu resonaba esa palabra y la dejé por más rebuscada que sea y a pesar de tener otra “potable” con que sustituirla.

Seguidamente, “me meto” en el poema y le anuncio a Simonetta, por las dudas de que no lo supiera aún, (toda / vía es un italianismo, por “tutta via”), que Sandro está sepultado a sus pies, velando su sueño, y aguardando el día de la resurrección, para desposarla. 

Hacia el final del poema menciono al pintor por su nombre completo Alessandro / di Mariano / Filipepi y digo “Non indarno sí detto il Botticello”, que significa “No en vano llamado el zapatero”, precisamente, por estar sepultado a los pies de Simonetta y sus zapatos, y en alusión al apodo de “Botticelli” (zapateros) con que se conocía a su familia de oficio zapatera. Tuve en cuenta, en esta estrofa, que los sumos pontífices son sepultados con su atuendo íntegro, incluídos sus zapatos.

Agradezco a un auto-denominado escritor novel el comentario que me hace hoy de que el nombre completo del pintor hacia el final del poema sugiere una lápida. No se me había ocurrido. Sin embargo, esa percepción me parece perfecta. Creo que, sin haberlo percibido yo estaba, efectivamente, escribiendo la lápida de Botticelli. No es la primera vez que un lector me hace sobre mis poemas una salvedad que yo no había advertido. Y sin duda no será la última.

La expresión “indarno” (que hasta hace cosa de un mes y medio yo escribía erróneamente en forma separada “in darno”) la tomé de un breve poema de Miguel Angel que leí hace décadas en una biografía suya escrita por Romain Rolland y que jamás he vuelto a encontrar hasta que  un amigo me lo envió desde España. 

Chi qui morto mi piange indarno spera,
bagnando l’ossa e ’l mie sepulcro, tutto
ritornarmi com’arbor secco al frutto;
c’uom morto non risurge a primavera.

Aquel que muerto me llora en vano espera,
bañando los huesos y mi sepulcro, todo
retornarme como el árbol seco al fruto;
que un muerto no resurge en primavera.

En esa biografía, había algunos otros versos breves de Miguel Angel que me han sido facilitados por mi vecino profesor de italiano:

Oilme, Oilme, ch'i' son tradito
Da giorni mie fugaci e dallo spechio, 

Ay de mí, Ay de mí, que he sido traicionado 
por mis días fugaces y el espejo

Y unos versos que no he podido hallar y que cito seguramente con muchos errores de ortografía porque la memoria es potencia vil: 

Tre pettre nelle resica (tres piedras en los riñones), y en base a los cuales le escribí un poema a Miguel Angel.

Agradecería que si alguien tiene noticia de estos versos, me la hiciera llegar.

Vuelvo a Botticelli. Como ayuda-memoria para mí mismo, digo que estos versos tuvieron su “vernissage” internacional en la plaza que está frente a la antigua iglesia de Purmamarca, allí donde hay un enorme algarrobo, en la quebrada de Humahuaca, en la provincia argentina de Jujuy, no lejos de la frontera con Bolivia, el 28 de marzo del 2010 por la noche. Digo bautismo “internacional” porque había un grupo de turistas europeos. Un mochilero argentino que tocaba la guitarra me acompañó con la música. Antes de empezar a recitar hice un breve resumen del origen del poema tras lo cual algunos de los circunstantes empezaron a aplaudir, hasta que uno de ellos que estaba menos fumado y/o menos ebrio les dijo a los otros: “Todavía no empezó”. 

Buenos Aires,
domingo 18 de marzo del 2012
Guillermo Háskel
Poeta argentino
Derechos reservados
guillermo_haskel@hotmail.com

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